EN TORNO A LOS 100 AÑOS DE LA UFCM

 MUJERES, FE Y CULTURA

 

1912: AÑO DE ESPERANZAS FRÁGILES

 

  1912 fue para México un año de esperanzas frágiles.

  En el anterior –1911-- tal parecía que los mexicanos habían pasado por una fugaz pesadilla manifestada por un movimiento telúrico cuyas consecuencias, sin embargo, no podían ni siquiera vislumbrarse. El General Porfirio Díaz, figura legendaria que había sido comparado poco antes con los estadistas de mayor altura en el mundo, dejó el país para no regresar. Con él se fue un modelo de nación que se había sustentado en lo que se conoce como “política de conciliación”: equilibrio de solidez aparente entre corrientes diversas de pensamiento y entre intereses diferenciados, entre la fragmentación  de posiciones liberales y conservadoras y de concepciones religiosas y laicas en costosa confrontación acerca de lo que debía ser la sociedad y su funcionamiento.

  Ese modelo, de paz superficial aunque percibida como profunda, sin embargo, no logró que el distanciamiento entre ricos y pobres no sólo en materia económica sino en oportunidades y cultura disminuyera; al contrario, la distancia aumentó en proporción notable y la fragilidad de las instituciones al momento de la toma de posesión de Don Francisco I. Madero de la presidencia de la república era evidente. Y no por culpa ni del nuevo ni del viejo presidente, sino de un cansancio generalizado que afloró de pronto. Cada día que pasaba aparecía con mayor claridad que las elecciones limpias no bastaban para que  la nave de la nación tomara un rumbo definido y para que el derramamiento de sangre motivado por el levantamiento de noviembre de 1910, más bien moderado en víctimas, se transformara en una hecatombe larga y de alto costo.

  En medio de estas situaciones, la voz de los católicos se dejó oír. Las reuniones eclesiales que habían puesto sobre la mesa la doctrina social tan fuertemente anunciada por el Papa León XIII que según decires el pontífice se había vuelto “socialista”, pudieron presentar al público reformas realistas a favor de los obreros y de los campesinos esbozadas en esa doctrina que invitaba a la caridad operante.

  Madero durante su campaña presidencial invitó a todos a unirse en un proyecto común de democracia y participación. Concretamente, en la ciudad de Saltillo habló de la caducidad de las leyes de reforma y de la importancia de encontrar elementos básicos compartidos con los católicos, a quienes no había por qué identificar con el viejo Partido Conservador. Escuchó al Padre Méndez Medina, pregonero incansable de los lineamientos de la Rerum Novarum, quien lo puso al corriente de las conclusiones a que habían llegado los congresos católicos celebrados en distintos lugares del país para mejorar la condición obrera y dar vida a una reforma agraria bien pensada y autofinanciada que no tuviera como núcleo la lucha de clases ni el odio o el ataque incendiario. Sin duda el presidente oyó hablar de la “Dieta de Zamora” que habría de coincidir dramáticamente en el tiempo con su injusta prisión y vil asesinato. De manera personal tuvo también algunos contactos con las obras que los católicos tenían para la educación de las clases pobres y para transformar la tentación de la delincuencia y la vagancia en preparación para oficios útiles. Fue memorable su visita el 8 de diciembre de 1912, a dos meses de su sacrificio, al “oratorio” salesiano de Santa Julia.

   En este ambiente surgió la Unión de Damas Católicas, antecedente de la UFCM, cuya fundación y primer congreso, presidido por el arzobispo de México Don José Mora y del Río tuvo lugar el 17 de noviembre de 1912. La idea motriz, de acuerdo a la época, era la de formar una especie de retaguardia sólida que apoyara y sostuviera con la particular perseverancia femenina, las tareas diversificadas que harían realidad la acción social católica. El Padre Joaquín Márquez Montiel SJ en su estudio histórico sobre los católicos y la cuestión social escribió: “[…] desde 1910 en adelante los trabajos sociales de los católicos subieron de punto no obstante las violencias gubernamentales. Uno de los que más empeño tomaron en promover esas obras fue el P. Carlos María de Heredia S.J. Entre sus muchas obras sociales merecen recordarse su escuela para papeleros, un taller escuela para los mismos; la escuela dominical San José para obreros; la UNIÓN DE DAMAS CATÓLICAS, que hizo benéfica labor social y sostuvo escuelas nocturnas para obreros.”

  Además del hecho de constituirse en asociación cuyos miembros –mujeres adultas de piedad activa-- se apoyaban en una espiritualidad y en una labor común, desde esa unidad partía y se solidificaba la atención  a las necesidades sobre todo de los pobres no sólo en el campo asistencial sino en el educativo y espiritual. Conforme las Damas Católicas fundaron centros a lo largo y ancho del país, su apostolado abarcó también la catequesis, el apoyo a los seminarios diocesanos, la prensa, actividades en pro de la moralidad y el trabajo y, desde luego, campañas de entronización en los hogares de imágenes del Sagrado Corazón de Jesús, cuyo amor misericordioso habría de inundar a México.

  La presencia laical femenina, pues, materna y fraterna, suave y firme ha acompañado forma organizada un camino que llegará este año a ser centenario.