1912. PRESAGIOS DE TORMENTA SOBRE MÉXICO

Para la revista Acción femenina

  1.- Una vieja fotografía que hace pensar.[1]

  Esta fotografía, que no falta mucho para que tenga cien años de haber sido impresa  dejó huella de duración a un instante que sin ella se hubiera fugado. Varias veces me ha dado materia para reflexionar sobre el paso de la vida en las personas y en esa entidad que es nuestro espacio comunitario a la que llamamos México.

  Fue tomada por un fotógrafo que se escondía detrás de un velo negro con una gran cámara soportada en un trípode una mañana a la vez soleada y fría: el 8 de diciembre de 1912.

  En el centro, fácilmente reconocible por su bien arreglada barba, está el presidente Francisco I. Madero. En la adustez de su rostro, acentuada por el picor del sol, me ha parecido notar una fuerte preocupación y quizá un presagio: faltaban dos meses para que fuera asesinado de manera artera. Y si bien estaba ahí sentado en un ambiente amigable, el peso de la carga y la fragilidad de su carácter le impedían sonreír.

  A su lado está el Padre Guillermo Piani, en esos años Inspector Provincial de los salesianos, pues el sitio donde se tomó la fotografía era el Oratorio de Santa Julia en la ciudad de México, lugar de preservación y formación de jóvenes que tendrían un oficio útil. No podía entonces el salesiano conocer el papel que le tocaría cumplir en bien de la normalización del puesto de la comunidad católica en los destinos del país: en 1936 haría una visita de parte del Papa Pío XI, conocida sólo para el presidente Cárdenas, a fin de informar sobre la realidad de la Iglesia y más tarde, en 1949, vendría ya públicamente como Delegado Apostólico.

  En la parte de arriba se ven dos salesianos italianos, uno maduro y otro joven, los Padres Antonio Gardini y Marcelino Scagliola y por todas partes un buen grupo de muchachos, internos del Oratorio, de distintas estaturas y edades. De estos sacerdotes podemos saber la ruta que siguieron en los años subsiguientes sobre todo por América del Sur. De los muchachos sólo quedan interrogantes abiertos: ¿qué sería de ellos al desbordarse las pasiones revolucionarias? ¿Llegarían a viejos? ¿Formarían una familia, llegarían a ser hombres productivos?

  En ese momento, 8 de diciembre de 1912, sin embargo, a todos los unió la fe: pues si llevamos nuestros ojos a la observación cuidadosa, vemos en los hombros de los niños moños blancos indicativos del día de su primera comunión y esa insignia blanca, más pequeña, en la solapa del presidente y en la sotana de Piani. No es aventurado afirmar que Madero fue ese día el padrino de estos mexicanos.

 2.- Asechanzas y semillas perdurables.

  Este signo me ha hecho pensar en la importancia del catolicismo en esa coyuntura histórica de México. Y a la vez, en cómo los agravios contenidos y la barbarie desatada a poco tiempo de que se imprimiera esta instantánea, hundieron los mejores ideales y las mejores posibilidades de paz y armonía.

  No puede dudarse que Madero era auténticamente demócrata y creía en los valores de la convivencia. Su libro acerca de la “Sucesión presidencial”, moderado e idealista en sus postulados, lo probó. Pero también ese idealismo suyo no estuvo compensado, a la hora de ejercer el poder, con dosis de realismo, necesarias en un buen político: el ejército, cuyos jefes habían sido formados más en la fidelidad a Don Porfirio que a la nación, acechaba con poca paciencia; la economía aparentemente sólida en sus aspectos externos, había aumentado en forma patética las diferencias sociales; el problema de la tierra, extremado como consecuencia del liberalismo selvático que había quebrado los sistemas comunitarios no era fácil de comprender para un terrateniente norteño. Corrientes de diversos orígenes y con fines de signos contrarios pronto se entrecruzaron e hicieron de la revolución un monstruo que devoró todo lo que pudo, haciendo páramos de vergeles.

  Sin embargo, 1912 sembró semillas perdurables, esperanzas a largo plazo.

  El Padre Méndez Medina, que llevaba tiempo pensando y actuando, con el impulso de la doctrina social católica, dialogó con Madero y le dio a conocer sus planes acerca de los salarios justos, el ahorro, el sindicalismo, el fraccionamiento de la tierra con productividad y otros temas. En junio del año citado falleció en Guadalajara el arzobispo José de Jesús Ortiz, conocido como “el apóstol de los obreros”, que había comenzado en Chihuahua a fines del siglo XIX su labor social; ésta, a pesar de los destrozos que sufrió con el avance carrancista, dejó huellas nítidas que recientemente han sido rescatadas a base de serios trabajos históricos.

  1912 fue el año en que, sobre todo, se fundó, con esperanzas que se han mostrado realidades, la Unión de Damas Católicas. El 7 de noviembre, bajo la presidencia del arzobispo de México Don José Mora y del Río y con la presencia perseverante sobre todo el jesuita Padre José María de Heredia, quedó establecida esa instancia de oración, acción y compromiso que, sin hacer más ruido que el de las manos activas, sentó las bases sólidas para la inspiración cristiana femenina que llegó y sigue llegando hasta a remotos rincones de la patria a través de la UFCM.

  No cabe duda que los presagios de tormenta no sólo anuncian calamidades sino también bienes duraderos como el que hoy conmemoramos en acción de gracias.

  La Providencia divina guía sin forzar las libertades humanas y humedece la tierra para que fructifique la semilla.


 

[1] Escribí un artículo acerca de esta fotografía y su interpretación: Instantánea en una pausa revolucionaria – Madero en Santa Julia, 8 de diciembre de 1912, Libro Anual de la Sociedad Mexicana de Historia Eclesiástica IV (2010), pp. 201-214.