PARROQUIA DE NUESTRA SEÑORA DE LA ASUNCIÓN

JALA, NAYARIT

 

Avisos Importantes a la comunidad

Domingo 7 de octubre de 2012

 

  Es mi deber en este día reflexionar con ustedes acerca de dos acontecimientos que afectan la vida de nuestra comunidad y ante los que no es posible callar.

  Primeramente, con tristeza, anuncio que el día de ayer tuvieron que suspenderse los trabajos de la restauración integral de la basílica y de la capilla de la Inmaculada (“iglesia viejita”) que con tanto éxito se estaban realizando de acuerdo a un programa debidamente autorizado y hecho por profesionales. La “iglesia viejita”, como pueden ver, está techada completamente y presenta un aspecto que ni los más viejos de esta población pudieron apreciar cuando eran niños. Los trabajos en la basílica encontraron muchas más dificultades de las que se esperaban, pero avanzaron sustancialmente.

  ¿Por qué se ha suspendido la obra?

  Como ustedes saben, de acuerdo a la legislación mexicana, los templos construidos antes de 1991 son bienes de la Nación bajo jurisdicción federal y las diócesis y las parroquias los administran con seguridad jurídica, es decir, sin que se puedan destinar sus edificios a uso distinto del religioso. El derecho del gobierno federal trae consigo, como todo derecho, la obligación de atender el buen estado y el mantenimiento de esos edificios. Esta obligación no se cumple como debería pero tanto los gobiernos estatales como los municipios y, desde luego, los sacerdotes y fieles hemos estado dispuestos a ayudar y lo hemos realizado en la medida de nuestras fuerzas.

  En el caso de estos dos templos de Jala, hace tres años se hizo el proyecto integral de restauración y poco después se firmó el convenio vinculante entre el gobierno federal a través de FOREMOBA, el del estado, el municipal y el Patronato constituido para tal fin entre nosotros. Como saben, tuvieron que superarse muchos obstáculos para comenzar la obra pero en mayo de este año se inició. El gobierno federal, el Municipio y el Patronato hemos cumplido con lo acordado, pero el gobierno del estado, encabezado por el gobernador Roberto Sandoval  no ha aportado hasta el día de hoy lo que le corresponde y por esta razón no puede seguirse adelante. Esta situación, además de abrir la posibilidad que para las siguientes etapas la Federación resista ayudar a causa de ese incumplimiento, me hace pensar que existe un desajuste entre lo que de palabra anuncia el actual gobierno y lo que realiza, pues he visto y oído –y ustedes seguramente también--que: “Por primera vez en la historia de Nayarit se habían invertido 2,000’000,000 de pesos en obra pública” y una cantidad 2,000 veces menor no ha llegado a Jala.

  La directora de FOREMOBA, Licenciada Cristina Artigas de Latapí, a quien ayer tuve que darle la noticia, el Patronato y un servidor, no dejaremos de insistir de manera amable pero a la vez digna y exigente en que se cumplan los acuerdos firmados, cuyos efectos redundarán en el bienestar de un pueblo que ama su patrimonio y aprecia los valores que surgen de su fe, como son los templos, testimonio del amor a Dios y de la dignidad humana, imagen de Dios.

En segundo lugar, tampoco conviene callar respecto a lo que sucedió la noche del viernes 4 de octubre, día de San Francisco de Asís, “instrumento de la paz.”

  En el ánimo popular, la presencia de siete vehículos con gente armada en su interior, el tiroteo que se escuchó, la persecución de parte de miembros del Ejército y el encuentro de vehículos robados, armas, municiones, pertrechos de batalla y otros implementos causó preocupación, miedo e incertidumbre pero también, por desgracia, silencio y algo parecido a resignación.

  La versión expuesta en la página electrónica “Nayarit en línea” y en dos diarios de la ciudad de Tepic, apuntó al éxito que un operativo del Ejército había tenido en dar “un severo golpe al narcotráfico.” Y presentó a tres individuos que tanto por su fisonomía como por su manera de vestir pertenecen, en todo caso, a grados muy inferiores dentro del crimen organizado. Se trata, desde luego, de una versión parcial que distrae de lo que en el fondo sucede: la infiltración del poder del narcotráfico.

  Hay quienes prefieren olvidar lo que pasó y esperar pasivamente a que “no vuelva a suceder.”

  No me parece que esa sea la actitud adecuada y que el tamaño del reto no debe paralizarnos. Es cierto que los ciudadanos solos no podremos resolver la situación ni enfrentarnos a un poder tan grande, pero sí podemos poner algunos signos a nuestro alcance.

  Primeramente, hemos permitido que en las cercanías de nuestra población estén asentados grupos delictivos. Algunos de nuestros jóvenes –hombres y mujeres--se sienten atraídos por ellos. No han faltado amenazas, secuestros temporales conocidos como “levantadas” y muertes. Miembros de la Procuraduría, de las Policías federal, estatal y desde luego municipal lo saben y su actuación es tibia cuando no inexistente. ¿Hemos de esperar operativos, a veces tardíos, del Ejército?

  Existe distribución de droga en Jala y Jomulco. El día del llamado “rompimiento” (4 de agosto) y el día de la Asunción, 15 de agosto, hubo distribución y venta abierta de droga en varias calles. Muchos conocen quiénes son los que la distribuyen y envenenan a nuestra gente y no los denuncian. ¿Será que piensan que la denuncia es inútil, a pesar de que más de una vez elementos de la Zona Militar han explicado por lo menos a los directores de las escuelas el procedimiento para la denuncia anónima?

  No basta quejarnos o aumentar la confusión por medio de rumores y “chismes”, por desgracia tan arraigados entre nosotros. Hace falta comenzar con algo.

  El ambiente general de Jala se ha transformado y no en bien. La multiplicación de los “depósitos” de cerveza y licores raya en el escándalo. El consumo de alcohol en la vía pública es parte ya de la vida cotidiana, así como la falta de restricción en la venta y el consumo por menores de edad. La plaza municipal, como me constó por algunas visitas que hice a distintas horas durante la llamada “feria del elote”, presenta un espectáculo deprimente al convertirse en cantina; casi a cualquier hora de la noche en vehículos generalmente con música a alto volumen se consume por lo menos cerveza; en bailes de las escuelas secundarias y preparatorias también se vende alcohol ¿cuántos alumnos tendrán más de 18 años, la edad reglamentaria?

  El orden público de todos los días, como sabemos, no le corresponde al Ejército sino a la autoridad local. Las escasas pláticas sobre “adicciones” en las escuelas son contradichas con actos a veces de sus mismos directivos; la labor meritoria y digna de elogio de “Alcohólicos Anónimos” e instituciones similares como “Volver a empezar”, tiene poco apoyo y difusión.

  No falta quién dice que una cosa es el alcohol y otra la droga. Desde luego que sí, tanto en el orden científico como en el legal. Pero en la práctica, el primero es camino para la segunda, como lo demuestran muchos casos que ustedes conocen y que tal vez han sucedido en su familia. El alcoholismo es un mal que está arraigado en esta comunidad, que ha causado y causa ausentismo en el trabajo, disolución en la familia, deterioro económico, enfermedades físicas y psicológicas y muerte. La drogadicción es todavía peor.

  Urge trasparentar cómo se cuida entre nosotros el orden público, cómo se encuentra la reglamentación sobre alcoholes, sobre otros consumos riesgosos e incluso sobre los videojuegos y la venta de material audiovisual de bandas musicales que difunden “narcocorridos” o de índole pornográfica. La difusión sin freno de esos elementos va minando la distinción necesaria entre el bien y el mal que permite llegar a ser personas maduras y responsables y entre lo que ayuda y lo que perjudica la salud física, mental y espiritual.

  Somos personas de fe y la fe es una brújula segura para orientar nuestra vida. Sé que entre nosotros hay quienes se reúnen semanalmente para rezar el rosario por la paz. Sigan adelante. Y llamen a más a que los acompañen.

  Los cristianos, si queremos serlo no sólo de nombre sino de verdad, hemos de ser “hijos de la Luz” y no pactar con las tinieblas. Nuestro Señor Jesucristo nos alienta. Él, a quienes se le acercaron con miedo, tristeza o duda les dijo: “No tengas miedo” y “La paz esté contigo.” Que esas palabras sean las que nos den ánimo frente a las adversidades que nos sobrevienen y nos hagan salir de la pasividad y el temor que paraliza.