PARROQUIA DE NUESTRA SEÑORA DE LA ASUNCIÓN

JALA, NAYARIT

 

Avisos parroquiales 22 de agosto de 2010

 

    A una semana de la fiesta titular de la Asunción de Nuestra Señora, me permito hacer algunas reflexiones de importancia para los miembros de esta comunidad parroquial. El tono negativo que usaré se debe a circunstancias que se presentaron y que reflejan males, pero el balance de los días de fiesta tiene también aspectos positivos que expresan que se ha tratado evidentemente de un tiempo de gracia y de aliento espiritual.

  El día 15, alrededor de las nueve de la noche, dos hombres, uno de ellos con aliento alcohólico, que no me dieron su nombre ni lo conozco, aunque a uno lo reconocí, me expusieron que según “la tradición” hoy debía permanecer la basílica abierta y todas las luces exteriores e interiores encendidas hasta que pasara la quema del “castillo”; que el “pueblo” estaba afuera molesto; que yo debía encender las luces. Fui con ellos a la puerta de la iglesia para encontrarme con el “pueblo”. Sólo encontré, además de gente que circulaba por el atrio, a 4 ó 5 personas que pretendieron discutir conmigo. Evité la discusión, les dije que encendieran ellos las luces y me retiré de inmediato dejándolos –como se dice—“con la palabra en la boca.” A las once de la noche entré a la basílica, apagué poco a poco las luces y les indiqué a unas quince personas que estaban dentro que iba a cerrar, que rezáramos un “Ave María” y que hicieran el favor de salir. Salieron en orden y sin ninguna protesta.

  A la mañana siguiente hice un recorrido por el interior, los alrededores de la iglesia y el atrio así como por el sitio venerable de la que fue antigua capilla de la Inmaculada (la “iglesia viejita”). Las fotografías que he colocado a la entrada expresan mejor que las palabras lo que encontré. Si pudiera imprimirse el olor, la fetidez de los desechos humanos que contaminaron sobre todo el corredor del lado izquierdo de la basílica (viéndola de frente) y las macetas convertidas en mingitorio, sería menor a la falta de respeto a sí mismos y la vergüenza ante los demás que suponen esos hechos. Sucedieron sobre todo –como pude comprobarlo—entre las 8 y las 11 de la noche, cuando ya, por ejemplo, los peregrinos que vienen de la costa de Nayarit y de Sinaloa habían regresado a sus lugares de origen. Pero lo que llega al colmo de la vergüenza para todos nosotros es el estado en que se encuentra la “iglesia viejita”, sitio marcado por la huella de la primera evangelización en nuestro pueblo llevada adelante por los religiosos franciscanos y único vestigio en el estado de Nayarit de las construcciones del siglo XVI. Por mi parte, la tolerancia en este asunto llegó a su punto máximo y procederé al remedio pues se trata de un espacio de jurisdicción federal que debe estar bajo la custodia de la diócesis de Tepic en cuanto Asociación Religiosa debidamente constituida. El pueril pretexto de que “los jóvenes no tienen dónde jugar” no merece ni siquiera ser tomado en cuenta.

  Comento, sin embargo, que la carencia de suficientes servicios sanitarios que, me parece, deben ser proporcionados por las autoridades municipales que reciben impuestos de los comerciantes instalados en estas fechas y de las empresas cerveceras y productoras de licores que recogen mucho y no he visto que dejen algo en beneficio de la comunidad, favorece esta escandalosa conducta. Por parte de la parroquia anuncio que es la última ocasión en que se proporcionan algunos servicios sanitarios y se permite la circulación por el corredor izquierdo de la iglesia, sobre todo después del final de la misa de 6 de la tarde del 15 de agosto. No es digno para la verdadera devoción a la Virgen María y para la propia dignidad de esta villa de Jala tal difusión de suciedad.

 

  Uno de los individuos que me interpeló la noche del 15, me dijo además que “no le parecía al pueblo” que yo hubiera mandado retirar los manteles que “por tradición” se colocaban en el altar de los Santos Médicos  y las sillas de plástico que se amontonaban dentro de la basílica.

  Aunque no creo tener necesidad de dar razón de esas decisiones –y sin duda de otras, como el destierro de las flores artificiales—expreso públicamente que el retiro de los manteles se debió ante todo a que algunas veladoras, sobre todo de las que se contienen en recipientes de plástico, se habían consumido y dejado huellas de quemadura en los manteles. Ante la posibilidad de incendio, dispuse que se retiraran los manteles y no permitiré que se vuelvan a colocar, excepto, tal vez, el día de la festividad propia de los santos Cosme y Damián.

  Respecto de las sillas de plástico, la decisión obedece a lo siguiente: como pude comprobar en los pocos días en que el número de fieles supera los lugares disponibles en las bancas, se obtiene más espacio si algunos quedan de pie que si se colocan las sillas. Además, como observé en las dos primeras semanas de mi estancia en Jala, muchos colocaban las sillas en la parte de la entrada o en los pasillos laterales y quedaban vacíos lugares en las bancas de adelante, tendencia que se nota, con o sin sillas, en casi todas las celebraciones.

  Las sillas de plástico, muy fáciles de ensuciarse, están en reserva y destinadas a actos no litúrgicos (reuniones de catequesis, cursos, etc.) en la “Academia”, pero no volverán al interior de la iglesia. A Don Samuel Carrillo, quien por escrito me pidió que las facilitara para la misa de los “hijos ausentes” del día 14, le respondí también por escrito lo siguiente: “[…] Estoy de acuerdo en que se introduzcan POR ÚNICA Y ÚLTIMA VEZ, retirándolas en cuanto termine la celebración…Me permito solicitar a la organización de “Hijos Ausentes” me ayuden a conseguir 50 sillas artesanales de las fabricadas en Jala para que sean utilizadas en las celebraciones que tengan más afluencia EXCLUSIVAMENTE por personas de la tercera edad.”

  Me parece fundamental que reflexionemos este asunto de la “tercera edad”, pues las razones que he escuchado hablan de los enfermos, ancianos, impedidos de caminar bien, etc. (igual que en el caso de la apertura o cierre de los canceles laterales del atrio). Sin embargo, quienes se han quejado –casi nunca conmigo sino de manera indirecta—son sobre todo hombres robustos en plenitud de sus fuerzas. Este tipo de personas, también, suelen ocupar las bancas y he visto que no ceden sus lugares ni a ancianas ni a mujeres con niños en brazos o embarazadas. No me parece, pues, que el caso sea de necesidad sino de buena o mala educación, pues vi con satisfacción el día 8 de agosto, durante la peregrinación de la gente de Coapan, que varios peregrinos cedieron cortésmente sus lugares a personas mayores. Es muy estimulante que miembros de esa comunidad, más pequeña que la de Jala, hayan dado este buen ejemplo.

 

  Continuando esta conversación, digo que yo no me atrevería a hablar en nombre del “pueblo” ni de una tradición, a no ser de la que la Iglesia católica ha sostenido y sostiene como base de la fe y de la cual hice profesión pública al comenzar  mi ministerio el 6 de junio. Quienes se consideran representantes “del pueblo” y de la “tradición” deben pensar en serio lo que dicen y la responsabilidad que asumen, pues lo serán si acaso de un pequeño grupo con muy poca representatividad y no estoy obligado ni lo están los demás miembros de esta comunidad parroquial a tomarlos en cuenta de modo distinto a cualquier otra asociación de fieles que tal vez puede tener, por distintas razones, representatividad mayor.

   En poco más de dos meses en que he estado al frente de esta parroquia, he tratado de observar los estilos propios del lugar, entenderlos y separar lo que considero que debe permanecer y lo que no. Esta tarea forma parte de la misión que he recibido de cooperar en el crecimiento de la vida cristiana de toda la comunidad de fieles e, indirectamente, en el mejoramiento de las condiciones de convivencia en Jala. He descubierto valores extraordinarios que son fruto de fe auténtica, pero he visto también que casi todos los que se quejan y se consideran guardianes de las tradiciones no participan en la vida comunitaria, en los sacramentos y en algunos casos ni siquiera en la misa dominical. La parte del pueblo de Dios que me ha sido encomendado y a la que me corresponde atender y escuchar en primer lugar es la comunidad que se alimenta de la palabra de Dios y de los sacramentos, aunque los “alejados” e “indiferentes” no dejan de estar bajo el cuidado pastoral como hijos de Dios que son. Sería digno de alabanza si el celo que demuestran los vigilantes de la “tradición” en tantos detalles, lo demostraran, por ejemplo, en velar ellos mismo y conseguir quiénes velen al Santísimo Sacramento en el jubileo eucarístico previo al novenario o en asistir e invitar a que asistan al rosario de alba y a la misa de las cinco de la mañana durante el novenario, pues la participación en esos actos es raquítica.

 

  Por último, voy a aludir a mi hermana, la Señora Imelda Olimón y a mi sobrina, Silvia Castillo Olimón, quienes sin ninguna necesidad, sobre todo económica, han tenido la generosidad de acompañarme y me han apoyado en una serie de asuntos domésticos que requerían atención urgente. Ellas han recibido, incluso de personas de cierta relevancia en Jala, insultos y amenazas. Han tenido que soportar ser llamadas “víboras” por gente cobarde y de poca valía que no se ha atrevido a hablar directamente conmigo. De parte de ellas y de la mía propia, perdonamos esas actitudes que no puedo considerar sino efectos de mala educación, de falta de valor civil y de hombría en el caso de los varones y de apego a pequeños espacios de poder en que se les había tolerado actuar.

  Quien desee exponerle al Señor Obispo sus quejas puede hacerlo con entera libertad y sin preocupación de mi parte. Piense, no obstante, que las quejas sean fundamentadas y sensatas, pues dudo que asuntos como el modo de vestir a la imagen peregrina de la Asunción, servicios sanitarios, flores de plástico o de papel, la silla para el celebrante, las sillas de plástico, manteles, cortinas, luces, velas y otros detalles de esa índole puedan pesar en su ánimo para que se decida el envío de otro párroco aunque, desde luego, pueden intentarlo sobre todo quienes consideran que acreditan la  representación del “pueblo.”

  Agradezco su atención y les ofrezco de corazón el servicio que pueda darles mientras Nuestro Señor me dé salud y fuerzas para acompañarlos.

    

  ….+La bendición de Dios todopoderoso…