ESTADOS UNIDOS: ¿EL PAÍS DE LA LIBERTAD?

(Publicado en La Senda de Fray Junípero de la Diócesis de Tepic) 

 Hace tres años realicé una investigación con documentos de la Conferencia Episcopal de Estados Unidos que me llevaron a conocer y admirar la importancia que tuvieron los católicos estadounidenses y su inserción en la democracia de su país en apoyo a la Iglesia en México durante las persecuciones del siglo XX. Apoyo diplomático, de oración y económico; nunca para armas: el mejor fruto fue el Seminario de Montezuma. Su convicción y la de su gobierno sobre la libertad religiosa, que va de la conciencia libre al ámbito público, ayudó muchísimo a que se superaran los conflictos entre el régimen revolucionario mexicano y los católicos.

  Esa libertad fundamental, eje de todas las demás, está amenazada ahora en la sociedad estadounidense. Así lo ha hecho público un documento reciente de los obispos de ese país que expone casos concretos: “[…] Un mandato del Departamento de Salud pretende que las instituciones de salud regenteadas por las iglesias paguen anticonceptivos, esterilización y drogas abortivas.” “[…] Algunos estados han pasado leyes que prohíben lo que el gobierno considera ‘amparo’ a inmigrantes indocumentados y que la Iglesia considera caridad cristiana y cuidado pastoral…En Alabama los obispos católicos junto con los episcopalianos y metodistas demandaron contra esa ley: ‘defendemos el libre ejercicio de la religión.’” En Connecticut se intentó definir desde el gobierno quién es “ministro religioso” y quién “empleador religioso.” En Boston, San Francisco, el Distrito Columbia e Illinois se han rescindido permisos y contratos a instituciones católicas y judías que se han negado a dar en adopción niños a parejas homosexuales. El Departamento de Inmigración quiere obligar a que las víctimas de tráfico humano atendidas por instituciones religiosas sean remitidas a “servicios de anticoncepción y aborto.”

  Esos ejemplos contradicen las convicciones más limpias de la estructura plural de Estados Unidos. Washington, el libertador, dijo: “establecer la libertad civil y religiosa es lo que me llevó al campo de batalla.” James Madison, creyente en la democracia expresó: “La religión de cada uno debe salir de la creencia y conciencia y es el derecho de cualquiera hacer uso de los dictados de la religión.”

  Los obispos se preguntan: “Si los ciudadanos no son libres desde sus conciencias, ¿cómo podrán serlo con los demás o con el Estado?” Y responden recordando la lucha por los derechos civiles de las décadas de 1950 y 1960 y el liderazgo de Martin Luther King. Éste, en su carta desde la cárcel de Birmingham en 1963 expuso: “Estoy de acuerdo con San Agustín cuando dijo: ‘una ley injusta no es una ley’…Una ley justa es un código hecho por el hombre que encuadra con la ley moral o la ley de Dios.”

  Y van adelante: “Da mucho qué pensar que nuestro gobierno promulgue una ley injusta. Una ley injusta no se puede obedecer. Si hoy nos enfrentamos con leyes injustas, los católicos, solidariamente con nuestros conciudadanos, deberíamos tener el valor de no obedecerlas…Una ley injusta no es ley y no se debe obedecer. No se busca su mitigación sino su revocación…El Reverendo King explicó que la Iglesia no es ama ni esclava del Estado sino su CONCIENCIA, SU GUÍA Y SU CRÍTICA.”

  Es el evangelio la fuente de esa posición: “El Señor Jesús vino a liberarnos del pecado. Las libertades políticas son parte de esa liberación y la libertad religiosa es la primera. Junto a nuestros conciudadanos cristianos, con nuestros hermanos judíos y en  alianza con estadounidenses de otras tradiciones religiosas, afirmamos que nuestra fe nos conmina a defender la libertad otorgada por Dios y protegida en nuestra constitución.”

  Se preguntaron, conscientes del papel de su patria, sobre los ataques a esta libertad en el mundo: ¿cómo podrá ahora Estados Unidos defenderla en los foros internacionales como lo hizo antes? De 1926 a 1938 la defendieron frente a los gobiernos mexicanos violatorios; ahora, por desgracia, parece que se ausentará este faro de libertades.

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  En México rara vez reflexionamos sobre el deterioro moral, jurídico y social de Estados Unidos o pensamos sólo en la suerte amarga de muchos paisanos nuestros. Quizá hemos visto allá en muchos edificios públicos el lema: “Una nación bajo Dios.” Hay quienes actualmente luchan por desterrarlo contradiciendo a los fundadores del país y al derecho natural. No obstante, hay quienes también se oponen desde sus convicciones y hacen brillar la luz.

   El presidente Obama, en particular, tiene una biografía sombría, de oportunismos y acomodos, de pisoteo de personas y pocas o nulas convicciones religiosas. Puede rastrearse su personalidad ambigua y su vacío moral. Sus engañosos discursos de campaña y primeros días han resultado palabras huecas. Está ya a la vista su alianza con grupos amorales que tienen una miope visión de la dignidad humana.

  Ojalá también hacia el norte se dirija nuestra mirada y oración.