ELECCIONES REALIZADAS, TAREAS PENDIENTES.

(Publicado en La Senda de Fray Junípero de la Diócesis de Tepic)

 Coapan es un poblado pequeño de la parroquia y municipio de Jala. Tiene trescientos habitantes y tal vez un número mayor de sus originarios viven en Atlanta, Georgia. A lo largo de su única calle conté dieciséis carteles a color de buena lona del candidato presidencial del PRI. En Jala alcancé a escuchar a una candidata a diputada por ese mismo partido prometer: “No habrá alza de precios. Habrá generación de empleos. Becas de trasporte para los estudiantes. Los programas sociales van a crecer. El gobierno pagará los medicamentos. Habrá más beneficios para los que menos tienen.” Como justificación anticipada de impunidades conocidas en el estado, apuntó: “el gobierno no tiene la culpa.”

Esas acciones y otras, como las arcaicas presiones orientadoras y con veladas amenazas a los sindicalizados y las más sutiles y modernas a base de bombardeo de encuestas e imágenes televisadas, lograron que el 38% de quienes votaron lo hicieran por el candidato presidencial priísta. Según el sistema mexicano, que no prevé una segunda vuelta para reforzar la legitimidad de los elegidos y la gobernabilidad, con ese porcentaje (y con la suma en contra) gobernará. Está lejos de la realidad el tono triunfalista de quienes proclaman una “victoria contundente” y lo más preocupante es que hay todavía mexicanos que parecen súbditos de un poder superior y no ciudadanos de una república y aceptan la colectivización de las voluntades como algo normal.

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Realizada la elección y dejando a la memoria y no al olvido lo anterior, pensemos en retos y tareas.

El primer reto es estructural: el papel del presidente se ha transformado con la intervención mayor de un congreso plural y una Suprema Corte más independiente aunque no todo lo responsable que podría esperarse. El federalismo está en camino, pero faltan mecanismos eficaces para llamar a cuentas a exgobernadores, que más parecen  monarcas que mandatarios. La sociedad civil está activa y cada vez más organizada y crítica. Por todo ello el “regreso” del viejo partido no significa restauración ni vía libre.

El segundo, que deberá mostrar su eficacia en calles y caminos, es la presencia del poder del narcotráfico con su estela de temor, violencia y muerte. Observadores internacionales que han estudiado con cuidado el tema no son optimistas. Para William Finnegan, en un sólido artículo de “The New Yorker” del 2 de julio, se trata de una “guerra de baja intensidad” y para Ioan Grillo, en un libro aparecido recientemente en París, es una “insurrección criminal.” El asunto, como se califique, no es simple. Quienes critican la estrategia del presidente Calderón de afrontarlo militarmente, no pueden desear negociaciones bajo el agua. Una solución a fondo y duradera requiere un peso extra de moralidad y rectitud que no se encuentra a la vuelta de la esquina. Colombia vive ahora una situación notablemente buena, producto de una auténtica coalición de valores, no de magia.

El tercero, del que muy poco se habla, es el necesario equilibrio entre el cobro de impuestos y la oferta de seguridad social. Es evidente la falta de calidad de los servicios de prevención y cura de la salud, por ejemplo, y el peso del gasto administrativo superior al de los servicios.

El cuarto, es la superación de algunos atavismos “nacionalistas” que no tienen lugar en una democracia moderna: la afiliación partidista de sindicatos y gremios o el cierre de Pemex a la inversión extranjera que puede adelantar una crisis energética. Y, junto con ellos, la prolongación de monopolios privados en áreas estratégicas: las telecomunicaciones, los medios y el sistema bancario. Si se hablara claro, la usura y la rapiña serían términos adecuados.

El quinto, es el área de las relaciones internacionales. La vecindad de Estados Unidos y su política migratoria de puertas cerradas tienen que ser objeto de conversaciones y, por qué no, de negociaciones. La Unión Europea y Latinoamérica son naturales socios para un desarrollo que si ha sido posible en Brasil y va adelante en Colombia y Ecuador, no tiene por qué no tocar a México. En el diario “Le Monde” se expresaron recientemente estos interesantes conceptos: “[…] La Unión Europea puede relanzar su relación con México. En seguridad pública, energía, educación, cobertura social e incluso fiscalidad, Europa tiene experiencia y programas capaces de ayudar a México a reencontrar su lugar como segunda potencia emergente de América Latina, con recursos que no son menores que los de Brasil.”

Las tareas no son sólo del presidente sino de una ciudadanía consciente y activa y conducirán a la consolidación democrática. El Episcopado Mexicano exhortó a los católicos: “[…] Para ello se requiere una reflexión profunda sobre la Paz, la cual no podrá conseguirse sin un verdadero Desarrollo y la Participación ciudadana…generando un compromiso fraterno y solidario entre todos los mexicanos.”