BENEDICTO XVI Y AMÉRICA LATINA

  Si bien la atención de Su Santidad Benedicto XVI ha sido continua hacia Latinoamérica, la impresión que han dado los medios de comunicación internacionales es que la mirada del Papa ha estado fija en Europa y en otras zonas de “Primer mundo.” Y, desde luego, teniendo en cuenta la importancia de ciertos fenómenos culturales que en esos lugares han marginado a la religión y su papel en la vida pública, su atención no ha de extrañar. Basta señalar el discurso que pronunció en el Parlamento inglés de septiembre del año pasado. En esa ocasión insólita y única en la historia, pues no era ni siquiera pensable la presencia de un Papa en el lugar donde se consumó el cisma de Enrique VIII, expuso la postura de la Iglesia católica acerca de cómo la religión puede ser comprendida por la razón civilizada y la razón civilizada puede moderar los posibles excesos de una religión fundamentalista o sectaria.

  En conversaciones con Monseñor Carlos Aguiar, Presidente de la CEM y del CELAM, él me dijo que en todas sus entrevistas con el Santo Padre en compañía de obispos latinoamericanos, ellos le han insistido en que realizara una visita a “un país de habla española” pues su presencia en Aparecida, Brasil en 2007 fue desde luego un encuentro con América Latina pero en una nación de lengua portuguesa.

  En la audiencia de presentación de la directiva del CELAM en octubre, Don Carlos le dio la palabra al arzobispo de Santa Fe de Bogotá para que redoblara la insistencia. Como era natural, el arzobispo abogó por su ciudad y país. El Santo Padre, no obstante, dijo: “—la prioridad es México.”

  Y en la celebración de la fiesta de Nuestra Señora de Guadalupe en Roma el 12 de diciembre presentó los retos de la Iglesia latinoamericana: “…salvaguardar su rico tesoro de fe y su dinamismo históricocultural…tutelar la familia en su genuina naturaleza y misión…fomentar iniciativas acertadas que propicien la reconciliación y la fraternidad” y anunció con la cautela propia de quien reconoce el peso de la edad y la salud: “—sostenido por el auxilio de la gracia divina, tengo la intención de emprender un viaje apostólico antes de la Santa Pascua a México y Cuba, para proclamar allí la Palabra de Cristo y que se afiance la convicción de que este es un tiempo precioso para evangelizar con una fe recia, una esperanza viva y una caridad ardiente.”

  El objetivo de este viaje consuena con la misión propia de quien ha recibido el envío que Cristo hizo al apóstol Pedro: “—confirma en la fe a mis hermanos”. ¡No lo entendamos como muchos en tiempos de Juan Pablo II bajo el sentimentalismo y la emoción tipo “Teletón”!

  En Cuba y en México, naciones de historias distintas sobre todo en los últimos tiempos, el apoyo del Papa se dirige a la misión evangelizadora de todos los miembros de las Iglesias locales en dirección al fortalecimiento de las virtudes teologales, recibidas a la hora del bautismo y vivificadas a lo largo de la vida por los sacramentos y la palabra.

  Preguntémonos, en preparación a esta visita: ¿cómo podremos pasar de una fe superficial y quebradiza a una fe profunda y a toda prueba? ¿Cómo de esperanzas de corto plazo sustentadas en promesas interesadas, de una oración de petición nerviosa a una esperanza que arraiga y pasa por la vida dejando huella? ¿Cómo podremos envolvernos en el ardor de la caridad, más allá de la dádiva de lo que sobra o de la compasión pasajera?

  Sobre la fe dijo el Papa en su carta “Porta fidei”: “Sólo creyendo la fe crece y se refuerza…Para tener la certeza sobre la propia vida hay que abandonarse en la experiencia del amor divino.” Dedicó una encíclica completa a la esperanza, virtud fundamental, “Spe salvi”. De su riqueza destaco estas palabras: “El que reza ha de aprender que no puede pedir cosas banales que desea en ese momento, la esperanza equivocada que lo aleja de Dios…Debe liberarse de las mentiras ocultas con las que se engaña a sí mismo”. Y acerca de la caridad que va más allá de la compasión emotiva, le escribió al Director de la FAO a propósito de la hambruna en el Cuerno de África: “No basta analizar los problemas y ni siquiera la disposición para intervenir. Muchas veces los problemas quedan sin respuesta porque se encierran en la esfera de las emociones y no llegan a impactar la conciencia ni la búsqueda de la verdad y el bien. Son recurrentes los intentos de justificar comportamientos y omisiones dictados por el egoísmo o intereses particulares.”

  Conviene meditar de modo personal o comunitario estas reflexiones salidas de la voz del Papa. Será ocupación fructuosa para esperarlo. ¡Adelante!