SOFÍA DEL VALLE, UNA MEXICANA UNIVERSAL

Esta es la historia de una mujer, de su paso por la tierra y por la vida. De una mujer que vivió y a travesó buena parte del peculiar y difícil siglo XX mexicano, convulso en buena parte, esperanzador en otra, pero que tuvo un corazón ensanchado a las medidas del mundo. Su nombre: Sofía del Valle. Su trascendencia: se descubrirá al recorrer las páginas de este libro que pretende darla a conocer.

Para darle forma a este escrito, he tenido como principal fuente la transcripción del relato de su vida que dictó alrededor de 1976. Dado el origen oral de esa fuente, contiene con cierta frecuencia repeticiones o versiones diferentes de algunos sucesos que fueron narrados sin seguir una secuencia cronológica. Más de una vez he ampliado, reducido o combinado su testimonio, tratando de ser fiel a sus palabras y no aventurándome con invenciones.

Por otra parte, su narración privilegia algunos años, de los que, como podrá leerse entre líneas, conservaba además de los datos guardados en la memoria, la fuerza emotiva de lo que habían significado, más que para ella, para la patria a la que pertenecía y que indudablemente amaba: México. A pesar de que vivió y captó la vitalidad de Europa, o quizá por eso, su corazón siempre fue mexicano: latió por México y recibió estímulos de dolor y de gozo conforme las y los mexicanos sufrían o salían de sus sufrimientos, no sin prolongadas luchas.

Entre los años de referencia, destacan aquellos en los que a fin de dar a conocer en Estados Unidos lo que acontecía a las y los católicos mexicanos -perseguidos de diferentes maneras, aun después de que el gobierno se había comprometido en junio de 1929 a concederles libertad para el ejercicio del culto religioso y había aclarado que el registro que se pedía para los sacerdotes era de carácter estadístico-, ella cumplió con creatividad y libertad la encomienda que recibió de Monseñor Leopoldo Ruiz y Flores, arzobispo de Morelia y Delegado Apostólico en México, desterrado en San Antonio, Texas, de 1932 a 1937, de difundir los males que padecían las y los católicos mexicanos, sobre todo en ambientes formadores de la opinión pública católica.

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