LA BÚSQUEDA DE JUAN DIEGO

 

Carta del Dr. Carlos Warnholtz B. al Cardenal Norberto Rivera Carrera

 

15 de diciembre de 1999

 

Emmo. Sr. Card. Norberto Rivera Carrera

Digmo. Arzobispo de México

Presente

 

Eminentísimo Señor:

Después de un saludo atento me dirijo a Su Eminencia, acatando el deseo que me expresó en días pasados, de que "pida perdón al pueblo de México, ofendido y lastimado" por mis declaraciones.

De inmediato, por las presentes, manifiesto que si en ALGUNA DE MIS PALABRAS (VERDADERAMENTE MÍAS Y NO ATRIBUIDAS A MÍ POR LA PRENSA) HAY ALGUNA AGRESIÓN, FALTA DE RESPETO, IRREVERENCIA U OFENSA ALGUNA AL SANTO PADRE, A SU EMINENCIA, A CUALQUIER OTRO JERARCA O AL PUEBLO DE DlOS EN MÉXICO, PIDO PERDÓN.

Y si la indignación y ofensa del pueblo es porque Monseñor Schulenburg y yo "negamos las apariciones y a la Virgen, y vivimos de la Basílica", se debe al malentendido, tergiversación y/o manipulación hecha por los medios de comunicación al haber hecho pública la noticia de la carta firmada por Monseñor Schulenburg, por el señor Canónigo Esteban Martínez y por mí, dirigida a la Sede Apostólica bajo la tutela y garantía del secreto prescrito por el Derecho Canónico en todos los procesos (cf. can.1455, §§2 y 3).

La finalidad de dicha carta fue ante todo expresar nuestra inquietud acerca de la proximidad de la canonización de un personaje cuya existencia histórica desde hace tiempo ha sido controvertida y la duda no se ha disipado plenamente todavía. Decíamos: "¿puede valorarse por la fe lo que no se ha podido resolver por el camino de la historia?" Pensábamos, además, que dicha canonización, en esas circunstancias, pondría en tela de juicio la credibilidad y el prestigio de nuestra Iglesia, a la que pertenecemos y amamos como católicos.

También quisimos denunciar hechos que pensábamos que de otra manera no llegarían a la Sede Apostólica en su contexto real y verdadero, como es el hecho de que, a pesar de que en el libro El encuentro de la Virgen de Guadalupe y Juan Diego, mandado a hacer por la Congregación para las Causas de los Santos y presentado en México el 24 de agosto pasado, se menciona "la tilma de Juan Diego como documento", se habla ampliamente de la imagen (pp. 193-214), y sin embargo no se examinó la imagen en forma técnica y científica, ni antes ni después de publicado el libro, sino solamente se vio a través del cristal.

Repito, Eminentísimo Señor, si no se hubiera publicado la noticia de nuestra carta, el pueblo no se hubiera ofendido ni indignado. Nosotros jamás tuvimos la intención DE PROVOCAR NINGÚN ESCÁNDALO.

En los medios de comunicación, en las declaraciones condenatorias hechas por parte de las personas entrevistadas, en las apreciaciones hechas por los que conducen y manipulan los programas de noticias y las entrevistas, se ha hecho una confusión muy grave que desorienta a la gente: se ha confundido el Acontecimiento (Hecho, Fenómeno) Guadalupano con la existencia histórica y la santidad del indio Juan Diego. Se ha confundido el CULTO a la Virgen de Guadalupe, con las APARICIONES. Se ha confundido la FE con la historia.

El Acontecimiento Guadalupano está nítidamente expresado en la oración Colecta de la Misa en honor a Santa María de Guadalupe: "Padre de misericordia, QUE HAS PUESTO A ESTE PUEBLO TUVO BAJO LA ESPECIAL PROTECCIÓN DE LA SIEMPRE VIRGEN MARÍA DE GUADALUPE MADRE DE TU HIJO..." Es decir, la Providencia de Dios misericordioso hizo que de alguna manera la Virgen María se hiciera presente o "apareciera" y ejerciera su protección especial sobre todos y cada uno de los mexicanos, y sobre todos los que la invocan.

Esa presencia misteriosa y esa protección especial se expresó por escrito en forma de una narración (Nican Mopohua) acerca de cuatro apariciones a un indio llamado Juan Diego en el cerro del Tepeyac; de un mensaje de la Virgen al Obispo, certificado con las rosas milagrosas, pidiéndole un templo ("casita"); de la curación milagrosa del tío Bernardino, y de la impresión milagrosa de la imagen en la tilma de Juan Diego. Esta narración se ha convertido, a partir de mediados del siglo XVII, como en un credo que ya la antigua comunidad cristiana colonial de Nueva España profesaba acerca del Acontecimiento Guadalupano, y hasta la fecha es como el "Evangelio Mexicano".

Ahora bien, es imposible negar tanto el culto a la Virgen de Guadalupe, como su imagen misteriosa, expuesta al culto en la Basílica y que es como un imán que atrae los corazones de todos los mexicanos de todas las clases sociales y de todas las condiciones, y que les inspira devoción. Es innegable que el culto y la imagen existen desde mediados del siglo XVI, así lo avalan cantidad de documentos.

Por esa Virgen hecha presente en su imagen, que inspira tanta devoción y tanto culto, hemos trabajado con toda nuestra capacidad durante tantos años en este Santuario. A Monseñor Schulenburg lo ofreció su madre a la Virgen desde pequeño. JuanXXIII lo nombró Abad a instancias del Cardenal Miranda (q.e.p.d.), y desde entonces se dedicó a mejorar todo lo que se refiere al culto y a la devoción guadalupanas. Construyó la nueva Basílica, saldó la deuda de 300 proveedores, y dejó un patrimonio substancioso en dólares y en moneda nacional, que produce réditos considerables, como le puede constar a cualquiera. Siempre predicó la Teología Mariana más pura, jamás habló de algo que pudiera ofender al pueblo, fue a varias partes a predicar y a dar conferencias, o a entronizar imágenes guadalupanas o a celebrar fiestas en honor de la Virgen.

El señor Canónigo Esteban Martínez es Misionero de Guadalupe. Su vocación nació y creció bajo el amparo de la Virgen de Guadalupe. El Seminario de Misiones Extranjeras y la Sociedad de los Misioneros de Guadalupe nacieron a las plantas de María en esta Basílica. Fue Superior General de los Misioneros, estuvo 5 años en Japón, después de haber hecho su profesión ante la imagen de la guadalupana.

Yo desde que llegué también me dediqué a trabajar al servicio de los peregrinos y de la Señora Morenita, que me fue conquistando cada vez más. Los tres primeros años fui Penitenciario, y me pude dar cuenta de los milagros morales de conversión que hace la Virgen aquí en su templo. Después he sido Arcipreste, y conforme a los Estatutos he colaborado con el Abad en todo lo que se refiere al régimen de la Basílica, en favor del culto guadalupano. Si todos los clérigos tienen derecho a vivir del templo en donde trabajan, ¿por qué se escandalizan de que nosotros vivamos de la Basílica?

Sin embargo, existe la duda —y desde hace siglos ha existido— de si la narración llamada Nican Mopohua es histórica o legendaria, de si es una forma literaria escrita para catequizar a los indios y quitarles su idea de la Tonantzin, o si es verdaderamente histórica, es decir, si son las palabras de Juan Diego dictadas a Antonio Valeriano, y publicadas en imprenta por Lasso de la Vega en 1649.

El Hecho Guadalupano, es decir, el culto y la devoción a la Virgen misteriosamente presente, por providencia de Dios, en el pueblo de México y especialmente protectora de él, no exige necesariamente que la forma como se narra sea histórica: puede ser muy bien legendaria, es decir, puede ser una leyenda elaborada en forma alegórica o de "parábola". De hecho, la devoción mariana a muchas advocaciones, sólidamente arraigada en el pueblo español, y otras no marianas (v. gr. a Santiago), tienen su origen en una leyenda. La narración del Nican Mopohua tiene una semejanza sorprendente con la leyenda de la Virgen de Extremadura y la lengua en que está escrita tiene paralelismos con los "Cantares Mexicanos", que son contemporáneos a la narración, como lo demuestra Nebel en su libro.

El valor teológico, antropológico y lingüístico del Nican Mopohua, que es extraordinario, así como su utilidad para la evangelización y la pastoral, es el mismo, tanto si es leyenda como si es historia. El autor o los autores de esta narración pudieron haber sido instrumentos providenciales del Señor para darnos a conocer a su Madre Santísima, de la misma manera que Juan Diego y Valeriano.

Dígase lo mismo de la imagen, que evidentemente es misteriosa y milagrosa en su conservación: pudo haber sido pintada por mano humana bajo la guía de Dios, para hacer de ella un instrumento excelente en favor de la evangelización de los indígenas.

En esta hipótesis (que ha sido hasta la fecha mi convicción, por varias razones que ahora no es tiempo de alegar) Juan Diego es simplemente un personaje, muy importante por cierto (es el "estelar") en la "representación alegórica" del Acontecimiento Guadalupano: hace el papel de mensajero de la Virgen ante el Obispo, que es la única persona verdaderamente histórica. Es un interlocutor que hace las veces del pueblo.

La devoción a la Virgen de Guadalupe no está dependiendo de la existencia histórica de Juan Diego, sino de la Teología Mariana inculcada adecuadamente a los indígenas (y de paso a nosotros) en una inculturación admirable y única, que no se cuestiona.

Por otra parte, la existencia histórica de Juan Diego y la impresión milagrosa de la imagen de la Virgen en su tilma no son un dogma de fe, por lo menos mientras el Santo Padre no pronuncie su palabra infalible y definitiva al canonizarlo.

Claro que si se comprueba la otra hipótesis, es decir, que el Nican Mopohua es una narración histórica, es obvio que Juan Diego existió y que es o fue el mensajero de la Virgen, digno de toda nuestra veneración.

Eminentísimo Señor, de nuevo pido perdón por lo que haya tenido de culpa en mi actuación, que —lo juro ante Dios— no tuvo otra intención que la de servir.

Suyo afectísimo y atento seguro servidor en el Señor y en María Santísima de Guadalupe,

Pbro. Dr. Carlos Warnholtz B.

Arcipreste de Guadalupe