LA BÚSQUEDA DE JUAN DIEGO

 

Carta al Arzobispo Giovanni Battista Re

5 de octubre de 1998

 

Excmo. Sr. Giovanni Battista Re

Arzobispo titular de Vescovio

Sostituto per gli Affari Generali

Ciudad del Vaticano

 

Excelentísimo Señor:

Después de un saludo atento y respetuoso, nos permitimos informar a Vuestra Excelencia, otra vez, como un deber de conciencia, de lo acontecido en la ciudad de México en la última semana del mes de julio.

En efecto, llegó de Roma el R. E Fidel González Fernández, M.C.C.I, para organizar una Comisión Histórica que trabajara lo más pronto posible en la causa de canonización de Juan Diego. Lo acompañaron muy de cerca, nombrados por el señor Cardenal Norberto Rivera Carrera, Arzobispo Primado de México, los sacerdotes José Luis Guerrero, consultor para la Causa de Juan Diego, y un joven sacerdote, Eduardo Chávez, doctor en Historia, el cual estará como Prefecto de Estudios en el Colegio Mexicano de Roma.

De inmediato se pusieron en contacto con algunos grupos residentes en esta ciudad, planteándoles la necesidad de precisar datos sobre Juan Diego, con el objeto de poder llegar a la canonización de este tan discutido personaje, cuya constancia de culto inmemorial (o sea, la beatificación "equipolente") fue proclamada en la ciudad de México en la última venida de Su Santidad el Papa Juan Pablo II a nuestra Basílica de Nuestra Señora de Guadalupe.

Queremos decir a Vuestra Excelencia sólo algo de lo que sucedió durante la presencia del padre Fidel González. Desde luego, las personas a las que se les encomendó dicho trabajo son totalmente partidarias de la historicidad de Juan Diego y de las apariciones de Nuestra Señora a este vidente. De esta situación se enteraron casualmente algunos de los muchos conocedores, historiadores y no historiadores, del famoso Acontecimiento Guadalupano, tan ampliamente discutido e impugnado, en un sentido o en otro. A estos últimos les llamo mucho la atención el secreto de tales investigaciones y el que ellos de ninguna manera fueran informados ni convocados; y además, que se prefiriera a personas muy devotas, algunas de ellas dirigidas por el sacerdote Jesuita Javier Escalada, que tiene como obsesión las apariciones, y quiere demostrarlas manejando argumentos con muy poca honestidad intelectual, con una piedad muy rebuscada y de poca solidez.

Al padre Escalada, una persona cuya identidad guarda, le proporcionó un supuesto Códice de 1548, que resuelve de un plumazo todos los problemas guadalupanos, y que, según expresión del padre Fidel González E, es "clave" para la canonización de Juan Diego.

La autenticidad de tal códice es muy discutible bajo todos aspectos, como lo han expresado los peritos en la materia. No podemos analizar en esta carta privada, para Su Excelencia, todo lo referente al códice.

Por otra parte, el padre Fidel González Fernández, autor de un artículo que lo titula "La Traditio Guadalupana' como clave de la lectura de la Historia de la Evangelización en Latinoamérica", en la cual se pronuncia como partidario total, tanto de la existencia del indio Juan Diego como de ser el "vidente privilegiado" de Nuestra Señora bajo la advocación de Guadalupe, nos deja conocer claramente su posición definitiva. Muchos de nosotros hemos leído atentamente dicho artículo, cuya documentación es para nosotros ampliamente conocida, y que de ninguna manera aporta elementos importantes para lo que desea demostrar. En particular nos llama la atención que atribuya a las apariciones de la Virgen de Guadalupe en México el éxito de la evangelización en toda Latinoamérica, ya que la realidad es contraria a dicha afirmación, puesto que los conquistadores y los frailes evangelizadores, muchos de ellos extremeños, traían profundamente arraigada la devoción a Nuestra Señora de Guadalupe de España. El mismo Cristóbal Colón, en el descubrimiento de nuestro continente, llamó a una de las islas Guadalupe; y llevó a bautizar a dos indígenas al monasterio de Santa María de Guadalupe en Extremadura.

Repetimos que una serie de interpretaciones muy propias de su pensamiento para nosotros no son objetivas, y no podemos en esta carta ampliar el fundamento de nuestro juicio. Lo que queremos expresar nuevamente a Su Excelencia es que nuestra preocupación fundamental es la celeridad con la cual a toda costa se quiere llevar adelante la canonización de alguien cuya existencia histórica es muy discutida, y seguirá siéndolo.

Todo este asunto nos ha llevado a examinar el texto integro de la Positio de la Causa del indio Juan Diego, en la cual hemos encontrado afirmaciones no probadas y que además son inexactitudes tendenciosas —perdón por la expresión, pero ésta es la realidad— para tratar de demostrar lo que de ninguna manera se puede demostrar. De esto pondremos alguno que otro sencillo ejemplo:

1) En la página 285 de dicha Relación hablan de "monumentos contemporáneos que aún subsisten". De los nueve puntos expuestos, algunos son discutibles, otros definitivamente inaceptables. Vg., el primero habla del "ayate", o sea, del supuesto material en que está pintada la imagen. No es de agave, es de algodón, y además, por el análisis técnico, se trata de una pintura muy probablemente de mediados del siglo XVI, cuya mano desconocemos.

En el tercer punto se habla de "la tumba y lápida sepulcral de Juan Diego"; y adjuntan una borrosa fotografía de la llamada "Capilla de Indios" poniéndola como "la tumba de Juan Diego" (pág. 299) con un grupo de fieles en oración, convocados por un sacerdote para celebrar una misa los días 9 de cada mes para pedir, en aquella época, la beatificación del indio Juan Diego. La verdad histórica es que no existe tal tumba ni hay ninguna lápida sepulcral. Lo que a este respecto existe es una pequeña tabla de madera, escrita, como lo refiere el doctor Vicente de Paula Andrade, "No en caracteres del siglo XVI sino muy posteriores". La Positio altera dicho texto y afirma: "la tarjeta está con caracteres de fines del s. XVI o posteriores" (pág. 632). Para lo cual hace referencia, sin mencionarlo, a un artículo llamado "Un amplio Estudio Histórico sobre la Leyenda Guadalupana", escrito en 1908 por el doctor Andrade, que fue canónigo de la Basílica de Guadalupe, investigador serio y crítico, extraordinario bibliógrafo y destacado autor de innumerables obras históricas. Dicho estudio está publicado íntegro en un libro muy importante que se llama Testimonios Históricos Guadalupanos, compilados por Ernesto de la Torre Villar y Ramiro Navarro de Anda. Este libro es citado en la página 1312 por la Positio para este fin, sin mencionar que esta cita es del doctor Andrade, decididamente adversario de la historicidad del Hecho Guadalupano.

Sería muy largo impugnar cada uno de esos 9 puntos. Y nos haríamos interminables citando muchas de las afirmaciones del autor de la Positio que no se demuestran. Por otro lado, no encontramos nada nuevo, documental-mente hablando, en las 900 páginas del trabajo realizado por la Congregación para las Causas de los Santos, en el cual es presentado el Acontecimiento Guadalupano. Pero sí mucho nos extraña, como decíamos, el uso que se le ha dado a esa documentación, sobre todo insistiendo en que se trata de un hecho salvífico para la conversión de los indios, pero sin poder probar la autenticidad histórica de tal hecho, cayendo así en un círculo vicioso.

2) Nos gustaría añadir algo de lo que aconteció en la venida del padre Fidel González: una noche fue invitado un grupo de guadalupanos —ya que todos lo somos— a visitar la imagen auténtica de Nuestra Señora, en la Basílica de Guadalupe. La intención era examinar dicha imagen para dar un juicio crítico acerca de la misma. No hubo tal investigación. Sólo fue contemplada por los asistentes a través del cristal que la cubre, sin conocerla tal y como es en el anverso y en el reverso, y, naturalmente, no se valieron del museógrafo de la Basílica, encargado de su cuidado.

El Arcipreste, el cual no había sido informado de dicha visita, se presentó ante la asamblea reunida en el lugar, y habló con toda claridad y con conocimiento de causa del examen minucioso que en su momento se realizó acerca de la imagen, y de la necesidad de conocerla íntegramente para dar un juicio certero acerca de la misma; lo cual es exigido por un verdadero amor a la verdad a la que no debemos temer.

En fin, Excelentísimo Señor, esperamos que estas letras sean realmente leídas por Vuestra Excelencia como algo muy importante para no acelerar el juicio de la Iglesia en la causa de canonización del indio Juan Diego, tan ampliamente discutida en nuestro país, en la cual distinguimos perfectamente entre ser devotos de la Santísima Virgen bajo la advocación de Guadalupe, y estar convencidos o no de sus apariciones a un indio llamado Juan Diego.

Con la viva esperanza de que nuestras palabras sean bien interpretadas, quedamos de Vuestra Excelencia, Afectísimos y atentos servidores en Cristo,

Pbro. Carlos Warnholtz B. Arcipreste de Guadalupe

Can. Esteban Martínez de la S.

Mons. Guillermo Schulenburg Prado

Abad Emérito de Guadalupe

Protonotario Apostólico a. i. p.

R. P. Stafford Poole, C. M.

Mtro. Rafael Tena

Dr. Xavier Noguez