LA BÚSQUEDA DE JUAN DIEGO

 

Carta al Arzobispo Giovanni Battista Re

4 de febrero de 1998

Excelentísimo Señor Giovanni Battista Re

Arzobispo titular de Vescovio

Sustituto para los Asuntos Generales

Secretaría de Estado Ciudad del Vaticano

 

Excelencia Reverendísima:

Después de un atento y respetuoso saludo, deseándole todo bien en el Señor, he creído indispensable, como un deber de conciencia, enviar a Su Excelencia una copia tanto del breve resumen que el padre Stafford Poole, C.M., sacerdote norteamericano, ha hecho de su importante libro Our Lady of Guadalupe. The Origins and Sources of a Mexican National Symbol, 1531-1797, publicado por la Universidad de Arizona en 1995, como de un artículo que apareció en una revista española, del señor Arturo Álvarez Álvarez, y que tuvo a bien enviarme de España un doctor ingeniero Industrial que visitó nuestro Santuario de Guadalupe en México.

Creo que es de sumo interés que la Congregación para las Causas de los Santos conozca y tenga presentes las reflexiones tanto del padre Poole como del señor Arturo Álvarez Álvarez.

Con toda razón, para los que conocemos la amplia literatura guadalupana, el padre Poole advierte que habría sido muy importante, por su valiosa ayuda para la Congregación para las Causas de los Santos, el que se hubiera tenido en cuenta a algunos de los muchos historiadores de reconocida autoridad en la Historia colonial de México. En efecto, hay muchos historiadores en la República mexicana, en Estados Unidos de Norteamérica, en Gran Bretaña, en España, en Alemania, etcétera, que podrían haber aportado el fruto de su investigación a dicha Congregación, para valorar la evidencia de la existencia o no existencia de Juan Diego.

Se puede decir con toda seguridad que la mayoría de los historiadores de cierta reputación en esos países no aceptan la existencia histórica de Juan Diego o de las apariciones de Guadalupe; y, como dice el padre Poole, "desafortunadamente el proceso de beatificación parece haber sido apresurado y de manera unilateral".

Repito, yo, que serví al Santuario de Guadalupe de México como Abad durante 33 años de mi vida sacerdotal, y que mucho me interesó y estudié, como es lógico, el Acontecimiento Guadalupano, me siento angustiado por todo lo que ha pasado en torno a dicho acontecimiento, allá en Roma. Conozco los elementos fundamentales de la Positio en el reconocimiento al culto a Juan Diego, culto que realmente nunca ha existido, pero que desde hace algunos años ha sido provocado artificialmente por algunos eclesiásticos. A muchos nos espanta que quiera ahora apresurarse la canonización de Juan Diego después de su beatificación "equivalente"; y por ello estamos de acuerdo en que, antes de proceder a dicha canonización, habría que esperar, como lo ha hecho siempre la Iglesia, a que madurara plenamente todo este asunto, ya que hay dudas muy serias acerca de la existencia misma de Juan Diego, a pesar de que se ha publicado en la prensa que "para la Congregación, el tema de la existencia de Juan Diego está completamente cerrado".

Ojalá que Su Excelencia, con la alta responsabilidad que tiene en el servicio de la Iglesia, pueda leer estas letras y tomar las decisiones que le parezcan convenientes.

De Su Excelencia Reverendísima, afectísimo servidor en Cristo,

Pbro. Dr. Carlos Warnholtz B. Arcipreste de Guadalupe

Mons. Guillermo Schulenburg Prado

Abad Emérito de Guadalupe

Protonotario Apostólico a.i.p.

Pbro. Esteban Martínez de la Serna