LA BÚSQUEDA DE JUAN DIEGO

 

Observaciones acerca de la historicidad y beatificación de Juan Diego

Stafford Poole

Septiembre de 2000

La Congregación para las Causas de los Santos recibió una gran cantidad de documentos incluidos en la Positio, en que se sustentó la causa. Estos documentos y fuentes no fueron, sin embargo, analizados totalmente, ni se vio sus defectos. Algunos de estos documentos ni siquiera se refieren a Juan Diego o las apariciones, mientras que otros tienen poco valor o actualmente contradicen la tradición de las apariciones. Los consultores en historia que empleó la Congregación no incluyeron a ninguna de las autoridades reconocidas sobre la historia colonial de México. Muchos historiadores en México, Estados Unidos y Gran Bretaña pudieron brindar ayuda valiosa a la Congregación para las Causas de los Santos para evaluar la evidencia sobre la existencia o no de Juan Diego. Se puede decir que la mayoría de los historiadores reputados no acepta la existencia histórica de Juan Diego ni de las apariciones de Guadalupe. Desafortunadamente, el proceso de beatificación fue apresurado y parcial.

Aquí presentamos algunos de los principales documentos citados en la Positio y en las apologías de las apariciones; en cada caso, apuntaré brevemente las dificultades involucradas. Esto no pretende ser un examen exhaustivo de las fuentes, sino una demostración de cuan problemáticas y desconfiables son éstas.

La ermita

La ermita o iglesia en el Tepeyac, ahora llamada de Guadalupe, existe desde mediados del siglo XVI, aunque no fue sino hasta 1648 que la historia de la aparición de la Virgen a Juan Diego se asoció con ese templo. Hay evidencia del siglo XVI que indica claramente que la ermita o santuario del Tepeyac fue fundada no en 1531, sino por 1555-1556, por Alonso de Montúfar, el segundo arzobispo de México. En 1556 el provincial franciscano Francisco de Bustamante condenó a esta devoción como "nueva". En 1570 el capellán de la ermita, Antonio Freiré, declaró que el arzobispo Montúfar construyó la iglesia quince años antes, esto es, por 1555. Por la misma época Juan de Velasco, "cosmógrafo mayor" de las Indias escribió que Montúfar la fundó por 1556. El 23 de septiembre de 1575, el virrey de la Nueva España, Martín Enríquez, escribió al Consejo de Indias que la ermita databa de 1555 o 1556. Este testimonio fue confirmado al año siguiente por el tercer arzobispo de México, Pedro Moya de Contreras, quien dijo que fue el arzobispo Montúfar, y no el obispo Zumárraga, quien fundó la ermita con una dote destinada a la manutención de niñas huérfanas pobres.

Debe señalarse que la ermita no fue destinada originalmente al culto de la Virgen de Guadalupe, sino a la Natividad de la Bendita Virgen María (8 de septiembre). Se le dio el nombre de Guadalupe por el parecido entre su imagen y la estatua en el coro de la iglesia de Guadalupe en Extremadura.

Anales y documentos en náhuatl

Si bien los documentos nativos tienen gran énfasis en la Positio, ninguna ofrece pruebas de las apariciones.

Cantares Mexicanos. Hay una canción en la colección de cantares de la Biblioteca Nacional, de la Ciudad de México, a la que han atribuido significado guadalupano, que es el que engañosamente se da al "Pregón del atabal". De hecho. Se trata de un extremadamente oscuro poema, cuyo significado preciso es casi imposible reconstruir. El historiador jesuita Mariano Cuevas pudo darle un significado guadalupano sólo a partir de alterar el texto. Actualmente ningún estudiante serio atribuye al cantar significado guadalupano.

Inin huey tlamahuiloltzin (Positio, 254-57). También se encuentra en la Biblioteca Nacional, en la Ciudad de México, en una colección de sermones llamada Santoral en mexicano. El padre Cuevas creía que era un sermón destinado a esparcir fuera de México las noticias de las apariciones; mientras que Ángel María Garibay creía que se trataba de un recuento estenográfico de las apariciones hecha por el intérprete del obispo Zumárraga. La Positio data de 1541-1545; actualmente ninguna de esas aseveraciones es sustentable. Se trata obviamente de un sermón, pero que data del siglo XVIII, como los demás del Santoral; y no menciona a Juan Diego por su nombre.

Testamento de Juan Diego (Positio, 89-90). Si la última voluntad y testamento de Juan Diego alguna vez existieron, ahora ya no. El único testimonio de su existencia es un inventario de documentos recolectados por Boturini Benaduci, que Patricio Antonio López hizo en 1745; no hay copia, ni fue publicado nunca; por tanto, no puede probar ni refutar las apariciones.

Testamentos de Juana Martín y Gregoria María (Positio, 219-23). Estos documentos están deteriorados. Tienen muchas inconsistencias y errores gramaticales y no siguen el estilo de los testamentos nahuas del siglo XVI. Lo mejor que puede decirse de ellos es que fueron probablemente falsificados para levantar una demanda acerca de la imagen, por el pueblo de Cuautitlán.

Testamento de Francisco Verdugo Quetzalmamalitzin (Positio, 223-24). En este documento, fechado el 2 de abril de 1563, Verdugo Quetzalmamalitzin lega dinero al santuario de Guadalupe; no dice nada acerca de las apariciones y la donación es una entre muchas. Sólo testifica la devoción a la Virgen del Tepeyac, pero en ninguna forma apoya la historia de las apariciones o la existencia de Juan Diego, ninguno de los cuales es mencionado en el testamento.

Los Anales de Tlatelolco, el Códice de Tlatelolco y los Anales de Cuauhtitlán. Todos éstos se refieren al periodo anterior a la Conquista; y los materiales de la Conquista no dicen nada acerca de Guadalupe.

Otros códices. La Positio cita el Códice Tetlapalco (llamado también Códice Brooklyn), el Códice Aztactepetl Citlaltepetl, la Tira de Tepechpan y el Lienzo de Cuauhquechollan. El Códice Tetlapalco (Positio, 228), que habla de la historia antes de la Conquista, contiene la imagen de una cruz, un santo, una Madonna y una campana frente a los símbolos de los años 1531 a 1535. La Madonna es obviamente la Virgen de la Inmaculada Concepción, pero no hay representación de Juan Diego. La asociación de este códice con las apariciones de Guadalupe proviene completamente de la imaginación del padre Cuevas. Igualmente no hay nada en los otros códices que pueda ser asociado inequívocamente con Juan Diego. La atribución de algún significado guadalupano a la Tira de Tepechpan (Positio, 234) es totalmente fantasiosa.

Anales de Juan Bautista (Positio, 233). Estos hacen una referencia vaga a una aparición (monenxititzino) de la Virgen, pero data de 1555. El contexto es la instalación, por el arzobispo Montúfar, de una estatua de plata en la ermita. Hay razones para pensar que el término "aparece" no se refiere a una aparición, sino a la develación de la estatua. Esto también podría aplicarse a los Anales de Chimalpahin (Positio, 237).

El llamado Códice 1548. Este códice recién descubierto ha recibido mucha publicidad, pero no es posible ahora emitir un juicio definitivo acerca de su autenticidad. Se necesita más tiempo para evaluar y someterlo a los exámenes necesarios. Sin embargo, parece que el documento presenta algunos anacronismos e inconsistencias:

1) El códice parece demasiado bueno para ser cierto. El anuncio fue hecho por el padre Xavier Escalada, S.J., en agosto de 1995, cerca de dos meses antes de la publicación de la Enciclopedia Guadalupana, cuyo editor es el padre Escalada.

2) La fecha de 1548 está en escritura posterior, y no sólo al siglo XVI.

3) El nombre-glifo de Antonio Valeriano, copiado probablemente del Códice Aubin de París, y el tratamiento indican que él era juez, cargo que no recibió sino hasta1573.

4) Juan Diego no es identificado por su nombre español, sino por el nativo Cuauhtlahtoatzin, el cual tiene una ortografía inconsistente con el siglo XVI.

5) La frase náhuatl zanno ipan ilhuitl era usada comúnmente por los indígenas para indicar un evento dentro de una serie de ellos, esto es, "del mismo modo, de la misma forma, en ese año". La persona que escribió esto aparentemente ignoraba esta diferencia.

6) La pintura es una copia del frontispicio del libro de Luis Becerra Tanco Felicidad de México, publicado en Sevilla, España, en 1685. Como el libro se publicó en España, el artista del frontispicio aparentemente ignoraba que la imagen de la Virgen tenía una corona. Este es el único caso antes del siglo XIX en que la imagen de Guadalupe no tiene corona. El artista del códice aparentemente ignoraba esto y copió directamente el frontispicio.

EI Nican Mopohua. A pesar de toda la importancia atribuida a este documento actualmente, fue sólo en este siglo que se consideró a este texto como el original de las apariciones. En contra de la creencia popular, no lo escribió Antonio Valeriano. La aseveración de Sigüenza y Góngora, frecuentemente citada, respecto de que Valeriano fue el autor de un recuento náhuatl de las apariciones, no se refiere al Nican Mopohua, sino a otro documento, perdido ahora. Es muy dudoso que fuera escrito antes de 1649, año en que Luis Laso de la Vega lo publicó. En un estudio próximo que será publicado conjuntamente por las universidades de California en Los Ángeles y de Stanford, dos colegas y yo concluimos, a partir de evidencias internas, que probablemente Laso de la Vega sea el único autor, aun con la ayuda indígena.

Documentos en español

Tres conquistadores (Andrés de Tapia). De los tres conquistadores, sólo el testimonio de Andrés de Tapia se refiere a las apariciones de Guadalupe. Este testimonio está citado en la Positio, como del siglo XVI. Sin embargo, el testimonio no es original ni data del siglo XVI; está fechado el 2 de marzo de 1667, casi veinte años después de que se supo por primera vez de las apariciones.

Informaciones de 1556. El texto de estos testimonios no dice nada acerca de las apariciones ni de Juan Diego. Joel Romero cree que son falsificaciones (Juan Diego: su peregrinar a los altares, 453). Aparentemente se basa en la firma del arzobispo Montúfar, la cual es distinta de sus otras firmas. Se necesita estudiar este asunto posteriormente. Sin embargo, Romero se equivoca cuando dice que las Informaciones eran desconocidas hasta su publicación en 1884; fueron descubiertas primeramente en los archivos de la arquidiócesis de México en 1846. Creo que hay una dificultad mayor en las Informaciones: el que un episodio de escándalo, como el sermón de fray Francisco de Bustamante, no sea mencionado por ningún cronista o autor del periodo colonial. Por otro lado, ¿qué propósito tendría falsificar un documento tan largo y complicado, que permanecería oculto hasta 1846 y que no se publicaría sino hasta 1884?

El Censo de Martín de Aranguren (Positio, 271-74). No dice nada de las apariciones o de Juan Diego. Además atribuye al arzobispo Montúfar la fundación de la ermita.

Bernal Díaz del Castillo. En sus dos referencias a Guadalupe, no menciona nada de las apariciones ni de Juan Diego.

Miles Philips. De igual forma, en su descripción de la ermita, él no dice nada de las apariciones ni de Juan Diego. También se refiere a una estatua de oro o plata (o cobre) que era objeto de culto.

Las informaciones jurídicas de 1666. A primera vista parecen muy persuasivas. Sin embargo, hay razones para tener cuidado de aceptar acríticamente estos testimonios: (1) Aparecen de 115 a 116 años después de la fecha tradicional de las apariciones. La fuerza de la tradición oral se debilita por la carencia de cualquier evidencia de alguna tradición oral entre 1531 y 1666. (2) La copia existente de las Informaciones no es original. Difiere en la paginación de la que usó Francisco de Florencia en su libro Estrella del norte y puede datar del siglo XVIII. (3) Todos, excepto uno, de los testimonios se rindieron en náhuatl a través de un intérprete, pero no hay trazo de gramática, sintaxis o idea náhuatl en la versión en español. Queda claro que las traducciones fueron convertidas en formas testimoniales estándar en español. Como evidencia de las apariciones, estos testimonios son seriamente defectuosos.

Conclusiones

Se puede resumir la información acerca de la tradición de la aparición y de Juan Diego como sigue:

1) La ermita en el Tepeyac no fue fundada en 1531por el obispo Zumárraga, sino por el arzobispo Montúfar alrededor de 1555-1556. Estuvo dedicada originalmente a la Natividad de la Bendita Virgen María, lo que continuó hasta el siglo XVIII. Recibió el nombre de Nuestra Señora de Guadalupe, por el parecido con la estatua que está en el coro de la iglesia de Guadalupe en Extremadura.

2) Es importante tener en mente la distinción real entre la ermita y la historia de las apariciones asociadas a ella después de cientos de años. Una mención del santuario y de su imagen en el periodo 1555-1648 no es una prueba de la historia de las apariciones.

3) En el siglo XVI, había una vaga tradición de una aparición de la Virgen en el Tepeyac; aunque el término "aparece" puede referirse a la instalación de la imagen en el santuario. Sin embargo nada se dijo acerca de la naturaleza de esta "aparición", y no se menciona a Juan Diego. De acuerdo con el virrey Martín Enríquez, el santuario debe su popularidad al testimonio de un ganadero, que fue curado por el año de 1555.

4) Entre 1555 y 1648, no hay menciones de Juan Diego o de las apariciones, tal y como conocemos la historia. Esta apareció por primera vez en el libro de Miguel Sánchez Imagen de la Virgen María, que fue la primera evidencia de una historia de aparición en el Tepeyac y de la existencia de Juan Diego. La historia fue una completa sorpresa para la gente y los clérigos de la Ciudad de México, como lo muestra la carta de introducción de Laso de la Vega y el testimonio de otras personas, como Antonio de Robles. Se llegó a decir que la gente de la Ciudad de México había "olvidado" la historia a lo largo de más de un siglo.

5) El Nican Mopohua no fue escrito por Antonio Valeriano en el siglo XVI, sino por Luis Laso de la Vega, probablemente con la ayuda de indígenas, en 1648-1649.

6) La información acerca de Juan Diego proveniente de fuentes posteriores a 1648 es inconsistente; por ejemplo, su edad en la época de las apariciones, si era soltero o tenía descendientes, o si su esposa estaba viva en la época de las apariciones. La Positio parece aceptar que tenía un hijo (vi: 320; vii: 344; viii: 397), a pesar de la aseveración del Nican Mopohua respecto de que había sido virgen toda su vida, "él nunca conoció una mujer (aic quiximatiihuatl)”. La Positio establece que Juan Diego era descendiente de chichimecas (ix: 10) y miembro de una familia gobernante, o por lo menos un principal, o el más viejo, en su pueblo (ix, xxxvi: 12). Todo esto es inconsistente con toda la documentación del periodo colonial, según la cual era un macehualli, o comunero, además de ser pobre y humilde.

7) El nombre indígena de Cuauhtlatoatzin fue señalado por Carlos de Sigüenza y Góngora en 1689 en su libro Piedad heroyca de don Femando Cortes (p. 63), y no aparece en ninguna fuente anterior.

8) Debe notarse que muchas interpretaciones históricas en la Positio cuenta con los trabajos del padre Mariano Cuevas, S.J. Desafortunadamente su testimonio no es confiable. El alteró la redacción de los documentos, tergiversó su significado y dio sentidos imaginarios a sus fuentes.

9) A excepción de las Informaciones de 1666, no hay evidencia de un culto dirigido a Juan Diego en el periodo colonial. Las Informaciones mismas tienen un valor cuestionable. No puede sustentarse la afirmación de que había un culto "inmemorial".

10) A veces se afirma que Juan Diego y la Virgen de Guadalupe fueron herramientas de la evangelización en los primeros años de la empresa misionera, un medio por el cual los misioneros pudieron evangelizar a los indígenas en su lenguaje y con sus términos. Esto no es cierto.

Si se busca por todos los escritos de los misioneros tanto en español como en náhuatl —sermones, confesionarios, dramas, catecismos, cartas, reportes— en el periodo de 1531 a 1648, no hay una sola mención o referencia a Juan Diego ni a las visiones del Tepeyac. Sólo hasta la segunda mitad del siglo XVIII, la historia de las apariciones empezó a predicarse entre los indígenas.

En conclusión, hay serios cuestionamientos acerca de la existencia de Juan Diego. Estas cuestiones deben resolverse antes de cualquier intento de canonizarlo. En este asunto lo mejor es proceder lenta, prudente y cautelosamente. Nada se perderá por demora, mientras que mucho puede perderse por prisa.