LA INDEPENDENCIA COMO CASO DE CONCIENCIA.

 

Manuel Olimón Nolasco.

Universidad Iberoamericana.- Departamento de Historia.

 

Texto de lectura previa a las sesiones del 27 y 29 de abril.

Curso: Introducción a la Historia de la Iglesia en México.

INSTITUTO PANAMERICANO DE ALTA DIRECCIÓN DE EMPRESA.

Ciudad de México

 

  La conmemoración bicentenaria a la que México junto a otras naciones hermanas de Hispanoamérica ha sido convocado, ha de ser, por encima de todo, ocasión de reflexión, de reconocimiento agradecido y, a la vez, de búsqueda de reconciliación con un pasado que es nuestro y, por tanto, está llamado a apuntar al futuro.

  El recuerdo de los años de la independencia es, en 2010, estrictamente histórico. Es decir, el más longevo de nuestros compatriotas no lo lleva en su memoria. Por ello, si realidad, sus detalles y sobre todo su trascendencia, tienen que contar con los instrumentos de la ciencia de la historia y con el ejercicio de honestidad intelectual que cabe esperar de sus profesionales. Nada más negativo no sólo para el presente de un pueblo, sino para el de una familia, comunidad o institución, que la persistencia acrítica de ignorancias, interrogantes abiertos, malentendidos y rencores que obstaculizan y hasta impiden los pasos firmes hacia adelante.

  El método psicoanalítico, con todo y sus limitaciones, ha atinado sin duda en algo fundamental: rastrear las huellas que las experiencias de la infancia con su sencillez y complejidad, han dejado en lo más escondido del alma humana y punzan el hoy y el mañana de la persona adulta.

  Creo que, analógicamente, rastrear en la infancia de los pueblos y en el sentido que adquieren sus experiencias, es ocupación y tarea de la que puede obtenerse utilidad y aliento, no sólo erudición y acumulación de datos, nombres y fechas.

  Las aportaciones obtenidas de las sesiones que han antecedido a ésta, de labios de personas tan calificadas como las Doctoras Torales Pacheco y Jiménez Codinach y el Padre Rubén Rodríguez, han ayudado a comprender las hondas raíces de nuestra nación y, por decirlo así, los matices luminosos y sombríos de un tiempo fuerte para el mundo entero. A ese tiempo (final del siglo XVIII y arranque del XIX), de forma simplificada se le ha reconocido como el del ocaso de un viejo régimen y el alba de otro nuevo.

  Hechos, ilustración, empresas y empresarios, religiosidad, ideologías, descontentos y agravios fueron, además de acontecimientos que cimbraron una época y quebraron la solidez de no pocos pilares sustentantes de la sociedad, llamadas de atención a la conciencia, tanto en su dimensión de comprensión interiorizada de la realidad externa como, sobre todo, de espacio de responsabilidad moral.

  A la distancia temporal en que nos encontramos, y acostumbrados a ver la historia de esos años  como un conjunto de escenas bélicas, triunfos y derrotas, cambios políticos, constituciones y más, cuesta trabajo caer en la cuenta de que todo eso planteó a los contemporáneos preguntas éticas profundas. Entre otros puntos, la manera como se entremezclaron las cuestiones religiosas y espirituales con las armas y sus mortales efectos así como los azares de la muerte y la vida, hicieron que el bien y el mal mostraran su rostro y cuestionaran su significación a los ojos de los habitantes de estas tierras en este tiempo que corrió, por lo menos, de 1808 a 1824.

  Son las preguntas de este género, las que nos ocuparán en esta sesión.

  Escribo algunas a modo de ejemplo:

  ¿Es justa la rebelión contra la autoridad tiránica?

  ¿Es lícito tomar las armas contra la autoridad? ¿Contra el rey católico?

  ¿Es lícito tomarlas para defender la autoridad legítima de la usurpación?

  ¿A quién puedo considerar mi enemigo?

  ¿Puede la Virgen María ser cabeza de una rebelión?

  ¿Puede un sacerdote tomar las armas?

  ¿Cómo puede continuar la vida cristiana y sacramental en territorio en guerra?

  ¿Se puede seguir siendo católico en una nación independiente?

  ¿Se puede ser republicano y católico?

  Dos dilemas: ¿monarquía o república? ¿régimen absolutista o constitucional?

  El reto del México naciente: cómo llevar a la vida las “tres garantías”: independencia de España y de otras potencias, religión católica, apostólica y romana y unión entre españoles y americanos.