HÉROES BÍBLICOS Y HÉROES DE LA PATRIA MEXICANA.

—Un sermón patriótico de 1823—

 

Manuel Olimón Nolasco.

Universidad Iberoamericana,

Departamento de Historia

Me uno por medio de esta colaboración académica

 al merecido homenaje al Doctor Carlos Junco Garza

en el sexagésimo aniversario de su natalicio.

Difícilmente podría encontrarse alguien

cuya vida cotidiana esté tan impregnada

y orientada del impulso bíblico como la suya.

Con mi integérrima amistad.

 

  1.- La construcción de una cultura cívicorreligiosa.

    A partir de la mentalidad común del siglo XXI, resulta extraño e incluso exótico mezclar a personajes de la “historia sagrada” como son los hombres y mujeres presentados en la Biblia con personajes de la “historia profana”: héroes cívicos, próceres y caudillos.

  No obstante, en una mirada retrospectiva, situándonos en el período histórico que, en México, cubre los primeros años posteriores a la consumación de la independencia, acaecida en 1821, no escaseó esta mezcla que para los entonces contemporáneos ni fue extraña ni mucho menos exótica.

  ¿Por qué?

  En primer lugar, porque en el interior de una cultura cuyos modelos pertenecían en su totalidad al marco referencial judeocristiano (conceptos, símbolos, líneas de pensamiento, lenguajes), las doctrinas, los acontecimientos y las personas se asimilaban, representaban y potenciaban desde el interior de ese marco. Históricamente era lo que se había hecho con las mitologías, rituales e infinidad de aspectos de la vida cotidiana de los pueblos anteriores al arribo del cristianismo. Históricamente también, las fronteras entre lo “profano” y lo “sagrado”, lo “religioso” y lo “cívico” e incluso entre lo privado y lo público eran –si acaso—sumamente delgadas. La convivencia entre el cielo y la tierra, entre los hechos bíblicos y los de la vida diaria era constante, a pesar de que ya desde fines del siglo XVIII entre las élites de las sociedades en países de tradición católica habían asomado barruntos de distinción y distancia.

  En segundo, porque el modelo de vida que sobresalía por encima del común era el del santo, cuyas virtudes, de acuerdo a lo expresado en el Concilio de Trento, asumiendo casi sin crítica uno de los ideales del Renacimiento, debían alcanzar el grado heroico. El héroe apolíneo, idealizado, grandioso y sobrehumano, representado maravillosamente en la  muy difundida imagen de Jesucristo en el centro del “Juicio final” de Miguel Ángel en la Capilla Sixtina, formaba parte del imaginario católico postridentino.

  En tercero, porque durante los primeros años de vida de México como nación independiente la mayoría de los eclesiásticos se entusiasmaron con la construcción de la nueva nacionalidad y la cercanía entre los conceptos católicos y los utilizados para la configuración de la sociedad y la política era muy grande. Entre 1821 y 1833, sobre todo, la naciente cultura cívica se estructuraba dentro de los moldes católicos con un sello doble: la religión católica como fundamento estructural del “Plan de Iguala” que aseguró las “tres garantías” (independencia  y no sólo autonomía de España, unión  entre españoles y americanos y unidad en la religión católica) y la mención en la constitución federal de 1824 de que: “La religión de la nación mexicana es y será perpetuamente la católica, apostólica, romana. La nación la protege por leyes sabias y justas y prohíbe el ejercicio de cualquiera otra.” (Art. 3º). La adjetivación del sustantivo religión, que señala tanto el aspecto comunitario (Iglesia, ecclesia, ekklesía), como el doctrinal (la doctrina y la cultura católicas) es precisa y no casual: católica, apostólica, romana, o sea una instancia universal, de carácter supranacional, dentro de la que cuenta de modo especial el episcopado y Roma, es decir, la instancia central del Papa y las instituciones que lo rodean. Estos puntos no fueron simples líneas escritas, sino que constituyeron un elemento dinámico para la configuración de una cultura cívicorreligiosa que estuvo vigente durante algunos años. La presencia de clérigos en las instancias legislativas y sus intervenciones en discursos, propuestas y discusiones era parte del pan cotidiano.  Sin embargo,  fue una situación que no se sostuvo por muchos años,  pues al paso del tiempo visiones del mundo, líneas de pensamiento y  construcciones discursivas polarizadas distanciaron y enfrentaron a los mexicanos en esta área específica de la cultura.

 

  2.- El “Elogio fúnebre de los primeros héroes y víctimas de la patria.”

  Un folleto de pequeño formato ( in 8º, 14 x 10 cms.) contiene 51 páginas de texto, una de notas, otra con un soneto del Doctor Francisco Uraga , “cura de la villa de San Miguel, diputado por Guanajuato y amigo de los héroes” y tres más de erratas. Un largo título y los datos relativos a su impresión llenan su frontispicio: Elogio fúnebre de los primeros héroes y víctimas de la patria que el 17 de septiembre de 1823 en la Iglesia Metropolitana de México a presencia de una Diputación del Soberano Congreso, del Supremo Poder Ejecutivo, demás Corporaciones y Oficialidad, dijo el Dr. Francisco Argandar, diputado por Michoacán. México 1823. Imprenta del Supremo Gobierno, en Palacio.”[1]

  Como era la costumbre, las primeras páginas se dedican a reproducir las solicitudes de que el sermón no quede inédito y sólo en la memoria de quienes lo escucharon sino que reciba los beneficios de la impresión. En este caso  lo solicitan  el “Excmo. Ayuntamiento de esta Corte”, es decir, de la ciudad de México y “…el Señor Gefe (sic) Político y el actual digno Rector de la Nacional y Pontificia Universidad de esta capital.”[2] La censura civil y eclesiástica se dio sin mayores trámites con la siguiente justificación: “Imprímase sin necesidad de pasarlo a censura respecto a que tuvimos la complacencia de oírlo y de presenciar los elogios con que fue aplaudido cuando se predicó.”[3]

  La introducción temática y motivacional a todo el sermón quedó impresa en una larga cita del segundo libro de los Macabeos en la parte conocida como “Prefacio del autor”. Aquí Argandar justifica, según parece, su dedicación a divulgar lo sucedido en México pocos años atrás: “…(Para nosotros que nos hemos encargado de la fatigosa labor de este resumen, no es fácil la tarea, sino de sudores y desvelos) como tampoco al que prepara un banquete y busca el provecho de los demás le resulta esto cómodo…profundizar, revolver las cuestiones y examinar punto por punto, corresponde al que compone la historia; pero buscar concisión al exponer y renunciar a tratar el asunto de forma exhaustiva, debe concederse al divulgador. (Comencemos, por tanto, desde ahora la narración)…pues sería absurdo abundar en lo que antecede a la historia y ser breve en la historia misma.”[4]

  3.- La estructura bíblica del sermón.

  Salvo una cita de la carta de San Pablo a los Romanos,[5] la estructura bíblica que constituye el trasfondo del sermón es en su totalidad veterotestamentaria. Esto, desde luego, es congruente con la temática que plantea la pieza oratoria: la formación de un pueblo nuevo, diferenciado de los otros pueblos, de una nación que se levanta en una perspectiva de liberación y que, por tanto, tiene que pasar por escenarios de contradicciones y luchas que afectan a la colectividad. Además, ese pueblo nuevo, igualmente, debe estar atento a la elevación por encima de las masas, al sacrificio y la muerte de personajes destacados y heroicos. El pueblo de Israel, su génesis, trayectoria y líneas de identidad peculiar y elegida es el arquetipo, en el presente caso, del pueblo mexicano que no puede ver consolidada su independencia sin acudir a la reflexión sobre los sucedidos trágicos que están en el sitio mismo donde están sus raíces así como de los protagonistas de ellos.[6]

  De este modo, como elementos estructurales del “elogio fúnebre”, se encuentran textos de algunos libros proféticos (Ezequiel, Daniel, Joel y Jeremías). Pero son sobre todo los dos libros de los Macabeos y el Eclesiástico (Sirácide o Libro de Ben-Sirá), los que dan su aportación más definida.

  No faltan tampoco, en apego a la buena tradición de la oratoria sagrada, las alusiones a los comentarios de los Padres de la Iglesia acerca de los hechos y dichos consignados en la Biblia. Apunta, en general, a San Jerónimo, San Isidoro de Sevilla y Orígenes, de acuerdo a un manual utilizado en la época de autor apellidado Calmet,[7] hace unas pocas referencias directas a San Agustín y una, dramática, a la Oratio funebris in obitu fratris (Oración fúnebre en la muerte de su hermano) de San Ambrosio de Milán.[8]

  Las menciones de personajes de la historia clásica grecorromana y de monumentos funerarios y de memoria alusivos a gestas heroicas forjadoras de líneas identitarias dentro de esa tradición, matriz cultural de Occidente, es abundante, como solía ser en este género oratorio que se embebía de erudición. En este último punto resulta fundamental tener en cuenta que la antropología propia de la cultura grecorromana le daba a la alusión y sobre todo a la lectura en voz alta de las inscripciones funerarias que se encontraban sobre todo a la vera de los caminos, la categoría de un diálogo efectivo entre dos almas vivas, la del lector caminante y la del difunto que, en el tiempo fugaz en que se leía la inscripción que lo refería acogía felizmente “…algunos instantes de vida.”[9]

  4.- El recuerdo y la veneración de “nuestros padres.”

  El sermón lleva en su comienzo, como era la costumbre de los oradores, una breve cita bíblica a manera de epígrafe, pronunciada en latín y traducida a la lengua vernácula. Es invitación a la memoria y a la celebración: “Laudemus viros gloriosos et parentes nostros in generatione sua. Celebremos con justas alabanzas la memoria de unos varones que fueron tan gloriosos y al mismo tiempo nuestros padres.”[10]

  Entra en materia con una serie de apóstrofes dotados de la especial solemnidad propia de lo que la cultura del tiempo –influida todavía fuertemente por lo que conocemos como el barroco—consideraba fúnebre, que tratan de captar la atención de los auditores a base del dramatismo sonoro. Podemos pensar analógicamente, teniendo en cuenta la fecha exacta del sermón, en un estado intermedio entre el Réquiem de Mozart y el de Fauret. Son los minutos dedicados, siguiendo las reglas de la retórica clásica, a la captatio benevolentiae del auditorio.

  Argandar apostrofa, en primer término, a la muerte  situándola, a la manera de soberana, en su “trono de ébano”, es decir, negro y sombrío. Señala al poder que ejerce desde el corazón de las guerras y rencillas con el saldo de pérdida y tristeza para quienes sufren y esperan en los hogares. El contraste entre lo masculino y lo femenino, entre el espacio abierto de los conflictos bélicos y políticos y el íntimo de la casa y la familia está aquí fuertemente presente, en línea manifiesta con la expresión trágica que proviene de Grecia y Roma: “¡ Oh muerte, cuán terrible te ostentas a las mentes de los humanos miserables! Tu solo recuerdo nos sobrecoge,  cuando en un trono de ébano con los míseros despojos de lanzas y espadas que has quebrado, bastones que despedazas, insignias y coronas que has deshecho presides cubriendo con tu negro manto las frías cenizas de los héroes. Tu cetro de hierro nos estremece al igual que nos abate, tu tirana complacencia, nuestro llanto (es) infructuoso y lastimero. La fiel esposa invoca inútilmente al amado de su alma, la madre tierna busca en vano la figura de su querido y unos hijos huérfanos por más que se desolen cerca de la tumba, nunca suscitarán la sombra que desearan…”[11]

  Torna el predicador el escenario lúgubre en un lugar distinto, a base de  los elementos de la liturgia funeraria y se dirige a la religión, considerándola más como virtud que como doctrina: “¡Religión amable! Tú compadeces nuestros males  y nos ayudas a sentirlos con el clamor de las campanas, con los cenotafios enlutados, con el fúnebre aparato de los desconsolados cánticos, con el duelo de que se visten sus altares y ministros. Haz de manera que se remonte mi voz sobre los cantares de la prostituida Babilonia para invocar dignamente los manes de los israelitas sacrificados. Pueda yo como el ave nocturna que se queja en su domicilio graznar –por decirlo así –desde este sacro asilo para intimidar por lo menos al que pisa con orgullo los huesos de sus mayores.”[12] Es el templo enlutado en el que se pronuncia la oración fúnebre, lugar privilegiado del ejercicio de la religión, sitio de la memoria, donde se recuerda, en medio de la liturgia, que “no hay que pisar con orgullo los huesos de los mayores.”

  Explica más adelante la acción con la que el Supremo Poder Ejecutivo ha enlistado, a la manera como lo hacía los griegos y los romanos, a los héroes fundadores de la patria. La descripción nos permite imaginar el túmulo con inscripciones y poesías  colocado en el centro del recinto de la Catedral Metropolitana y que enmarcaba la solemnidad: “…En este día un Senado sabio no ha querido se mencionen todos los que (se) ofrendaron por la libertad. Ha designado ciertos héroes con la discreción que los griegos inscribieron solamente sus Fociones y Epaminondas. A imitación de los romanos, ha escogido entre los que se distinguieron por sus proezas a los más sobresalientes y que las acompañaron con virtudes…”[13] Nombra entonces: “…Así es como se procura honrar la memoria de los que la Nación Mexicana reconoció desde un principio por serenísimos señores: Generalísimos de las armas Don Miguel Hidalgo y Costilla, Don Ignacio Allende y Don José María Morelos. La de los Excmos. Sres. Tenientes Generales Don Juan Aldama, los tres Marianos: Abasolo, Jiménez, Matamoros y el Señor General Don Francisco Javier Mina. La de los Señores Mariscales de Campo Don Miguel Bravo y Don Hermenegildo Galeana. De los Señores Brigadieres Don Leonardo Bravo, Don Pedro Moreno y Don Víctor Rosales. ¡Nombres ilustres! Dentro de breve seréis escritos con letras de oro en el santuario mismo de las leyes.”[14]

  Al final de la primera parte del sermón, su autor se pregunta y responde acerca de la validez de elogiar en medio de las solemnidades litúrgicas a los héroes: “..¿Se mancharán las aras del Dios de la redención con las víctimas de unos padres de la patria que han hecho una oblación voluntaria por la protección, alegría y rescate de su pueblo? ¿El Dios de caridad desdeñará el grande holocausto de los que se han entregado como prendas de nuestra suerte y que siendo los Príncipes entre sus hermanos, derramaron toda su sangre porque quisieron ser el apoyo de su gente y el cimiento en que había de consolidarse posteriormente en lugar de la falsa, una paz verdadera y perdurable, como dice la Escritura?”[15]

  Hasta aquí la parte introductoria del sermón, que pone las bases y justifica las menciones y el sentido de las mismas.

 

  5.- Los personajes de la revolución de independencia mexicana dentro del ambiente de las luchas bíblicas.

  El orador abre la parte segunda de su pieza dirigiéndose a las cabezas del gobierno independiente mexicano, a los miembros del Supremo Poder Ejecutivo, delegados colectivos de la soberanía que radica en el pueblo. Su mención está formulada en singular, a la manera que quien se dirige al Soberano: “Serenísimo Señor.”[16]

  Realiza una síntesis de los antecedentes que, en el antiguo Israel condujeron al levantamiento de los macabeos, insistiendo en las condescendencia de algunos israelitas en cuanto a las costumbres de los incircuncisos y en el llamado a la resistencia en nombre de la identidad y de la elección. A modo de enseñanza, alude al ejemplo de San Agustín que “…bajo la higuera, solícito por la verdad,”[17] fue invitado a leer y a comprender en la lectura la hondura de su destino: “Toma, lee.”[18]

  México, en un símil con Israel, debe leer la sagrada Escritura para comprenderse a fondo: “…Ábrese a mi vista el volumen sacrosanto y en él, ¡oh cielos! una llanura cubierta de huesos áridos,[19] retrata con perfección los campos del suelo mexicano…Un pueblo vejado por el abuso del poder, laborioso hasta donde alcanza, tributario y sumergido en la miseria; sumiso pero resentido escucha con placer la voz del caudillo que lo llama inerme y sin otras municiones que la persuasión y el íntimo convencimiento, sale a la palestra y trata lides con los fuertes, armados defensores de un trono que despiadados ministros hicieron tan odioso.”[20] En las líneas anteriores se retrata de cuerpo entero el sentimiento general que juzgó las décadas últimas del virreinato español y el desprestigio de su gobierno a causa sobre todo de la tiranía ejercida por los ministros de la Corona.

  Insiste sobre los héroes de Israel, poniendo en primer lugar a David,”…que aprendió a gobernar la terrible honda con que postraría los gigantes orgullosos y asolaría (a) los filisteos.”[21] Hace, en este contexto y tras aludir a la “columna del desierto (que) era una luz resplandeciente que guiaba (a) los hijos de los patriarcas y para sus enemigos una espesa niebla…,”[22] una especie de “biografía interior”, muy idealizada, del Padre Hidalgo: “El que había de dar la dulce voz de libertad desde sus primeros años, era imperturbable en los peligros, diestro, robusto y noblemente osado. Cuando usaba de su lanza, ninguno le aventajaba en las correrías de los brutos carniceros que derribaba,  burlándose de sus saltos y furores. Un espíritu penetrativo y la infatigabilidad en el estudio, le granjearon el aprecio de los Galimacles de su tiempo. Dedícase a la elocuencia y a la poesía. Poseyó las antigüedades que ponderaba como el origen de la razón y de la política. A imitación del caudillo de los hebreos,[23] aprovechó en los conocimientos de los egipcios que después le fueron tan ventajosos. Sus delicias fueron las escrituras que devoró con ansia como el profeta,[24] deduciendo de ellas lo pasado, presente y lo por venir. Para entenderlas, revolvió los teólogos, los expositores y los Padres, convirtiólos en su propia sustancia y en las funciones literarias que presidía la erudición salía de sus labios cual suele abundar la fuente en el tiempo de la lluvia, cual suele chorrear la miel del panal que se comprime. Sabio sin arrogancia, tenía un exterior humilde y despreciable…Encargado de la cura de almas, dio el lleno (sic) a su ministerio, hízose útil a sus feligreses desterrando de entre ellos la nociva ociosidad y dándoles a conocer la industria sustentadora que tanto los estimula y los agita. Diríase que su pueblo estaba ordenado a fuer de una colmena en que no escuchamos otro que el susurro de las abejas laboriosas, que por recompensa de sus fatigas introducen a las celdillas[25] el alimento para las madres y los hijos.”[26]

  Entre líneas pueden reconocerse los rasgos más distinguidos de la memoria de Hidalgo en su vida como maestro y párroco: sus cualidades de teólogo, su interés por las ciencias y las letras de su tiempo sobre todo las provenientes de Francia (Egipto para Moisés, siguiendo la comparación) y la introducción de cultivos y labores de utilidad en su entorno. No deja el presbítero y diputado michoacano de suscribirse como “discípulo de los discípulos de aqueste insigne” y, por tanto, considera que no se le puede considerar excesivo en elogios, pues (he) “…oído de mis maestros y de otros varones imparciales y científicos elogios aún mayores.”[27]

   Argandar imagina a Hidalgo puesto en meditación con  la Sagrada Escritura en las manos. Menciona, haciendo las correspondientes citas, al prócer considerando a “Moisés…mandado por el Señor para libertar a los judíos,”[28] a “Josué (que) se titula el máximo entre sus hermanos porque los introdujera en la tierra prometida,”[29] “…que el cielo protegió las conquistas de Abraham, de Gedeón, de Jepté y de David…”[30] “Que hombres justos se exhortaban mutuamente a morir por sus hermanos para erigirlos de su abyección.”[31]Y el texto quizá más importante para la justificación de la violencia que se realiza aludiendo a la justicia de la causa:”…Que Joel, imponiendo que las guerras se santifiquen por sus causas y sus modos, quieren se conciten los robustos con la promesa de que si derraman una sangre inmunda, luego quedará purificada y que serán protegidos por el Dios de Sión.”[32]

  Continúa el elogio fúnebre subrayando la similitud que debió haber se dado entre los pensamientos del sacerdote Hidalgo y los de Matatías el Macabeo y sus hijos, de la estirpe sacerdotal de Joarib, a la hora de percatarse de la opresión que sufrían sus respectivos pueblos.[33]

  Es conveniente, me parece, tener en cuenta que la similitud no es fácil de sostener, pues en el caso de Israel se trata de la conciencia de la profanación de sus sitios y objetos sagrados. Dice: “El espíritu que animó al sacerdote de Jerusalén parece haberse trasladado al nuestro. Casi con las mismas palabras dice a sus amigos: mis días son amargos y lo mismo deben ser los vuestros. Bajaremos al sepulcro sin honor si dejamos cubierta de ignominia nuestra región. Ella era libre y ahora se halla esclavizada. Logremos la ocasión que se nos presenta: restituyamos a su magnificencia primitiva o muramos, más bien que mirar con sacrílega frialdad la indigencia y opresión de nuestro pueblo.”[34] Sigue: “La patria voz del Macabeo no fue más penetrante y poderosa con sus hijos. El valiente Allende que no cede a Judas el magnánimo en animosidad y amor a sus compatricios, se impacienta con la tardanza.[35] Aldama, Abasolo y Jiménez, con la misma resolución aguardan con ansia la seña del que los invita. ¡Oh América tan afortunada como Jerusalén!”[36]

  En referencia a las pláticas que sostuvieron los conspiradores en torno a Hidalgo y de la denuncia que precipitó el movimiento, la predicación continúa con las semejanzas y compara al gobierno español con Antíoco Epifanes, el opresor de los israelitas que provocó la rebelión macabea: “…Tíranse las primeras líneas de un plan el más arduo en su ejecución y sin dejarlo progresar una denuncia…Dadle vosotros el epíteto que merece, acelera los comisionados que instruidos en la forma de los del ilustre Antioco, notifiquen a los comprometidos con este otro Matatías o los pasen a cuchillo si resisten.”[37] Alaba el día en que se inició la rebelión y adelanta a esa fecha el hecho que el camino fue precedido por el pendón guadalupano: “…el 16 de septiembre del año de diez, ¡día fausto y memorable!, después de asegurados únicamente los que pudieran contradecir, el pueblo que ha heredado la fe de sus mayores mira enarbolado el estandarte de la religión con el prototipo de la Madre del Eterno que invoca, como la Judea, con pendón tan parecido para restituirse sus derechos imprescriptibles.”[38]

  Pasa revista con rapidez y precisión por las etapas varias de las campañas de Hidalgo, por sus triunfos y fracasos y hace un retrato excesivo de la amplitud de sus cualidades en todos los campos, desde la estrategia militar hasta la teología: “…Hidalgo descollaba cuanto el gallardo ciprés en la floresta. Todos los asuntos parecían de su profesión. Así, la oficialidad quedó asustado oyéndolo discurrir en una vez que se ofreció tratar de fortificación. Así los que le consultaban sobre ordenanza ponderaban su instrucción inesperada. Así los artistas, los matemáticos y geómetras, los mitólogos[39] y poetas, los oradores, los historiadores[40] y políticos, los escolásticos los bíblicos y los ascéticos, lo respetaban como a oráculo.”[41] Hace una comparación entre la actitud de Judas Macabeo señalada en el capítulo 9º del libro correspondiente y la de Allende, durante y después de la batalla del Puente de Calderón, en la que las huestes independentistas fueron derrotadas de manera total por el general Félix María Calleja: “…Sus ardientes deseos (de Hidalgo) por la instalación de un Congreso, acaso se realizaran si se hubiera seguido su consejo en Calderón y no prevaleciera en aquél que podemos llamar en cierto sentido su primogénito, que lo estimó por ignominioso juzgando tan erradamente como Judas en los siglos que pasaron por la imperturbabilidad que animaba al uno y al otro.”[42]

  De pronto y sin explicaciones, el predicador pasa a hablar del protagonismo de Morelos, de su estrategia militar sobre todo en el sitio de Cuautla y de sus cualidades de liderazgo político expresado en su inclinación a la forma de gobierno republicano representativo. No deja de señalar hacia cierto cuidado providencial sobre el movimiento en las palabras “fue conservado”: “…Morelos fue conservado para terminar disensiones que se suscitaran, conciliar a sus hermanos y someterlos a una nueva popular forma de gobierno a la que también se sometió con admiración…Morelos prevé tanta funestidad, procura evitarla, instala el Congreso de Chilpancingo y como el sol en el punto meridiano, disipa las negras sombras, abonanza, ilumina y da nuevo ser a su país, único móvil de sus operaciones.”[43]

  Hace mención de Francisco Javier Mina y de Pedro Moreno, el primero español y el segundo criollo, amigos ambos: “…Figuraos, Señores, un joven español, gallardo en su presencia, de un semblante hermoso y apacible, vivaz, elocuente, previsivo, de un trato cortesano pero sin la simulación y sin el dolo, amante de la humanidad y religioso hasta escrupulizar oír la música profana ni asistir a diversiones los días viernes por la memoria de la pasión del Salvador… Un español convencido de la justicia viene a dar su vida por nuestro remedio. ¡Cuántos los motivos para amarlo! ¡Cuántos para engrandecerlo! Su nuevo amigo lo estima como a la pupila de sus ojos y jamás se le apartará hasta que la muerte los divida.  (A) Mina y Moreno, el mayor elogio que se les puede hacer es que el segundo respetaba al primero y el primero veía con aprecio preferente al segundo. Sus haberes eran unos, se fiaban sus secretos, consultaban entre los dos toda disposición y se sostenían con ardor…”[44]

  Argandar, sin mencionarlos, trae a la memoria dos acontecimientos que tuvieron lugar en la península ibérica: el congreso constituyente y la constitución que en 1812 fue promulgada en Cádiz. En ella se proclamaba sin distinciones geográficas lo que sigue: “Artículo 1º. La Nación española es la reunión de todos los españoles de ambos hemisferios… Artículo 5º. Son españoles—Primero: Todos los hombres libres nacidos y avecindados en los dominios de las Españas y los hijos de éstos.”[45]

  Bien podía pensarse, teniendo en cuenta esos textos, que las contradicciones que se presentaban en Hispanoamérica podrían terminar en armonía. Lo cual no pasó, sobre todo después del término del Congreso de Viena en 1815 que dio pie a una política de mayor dureza en Europa –conocida como la Restauración—tras el fin de la etapa napoleónica.[46] Los participantes en la celebración del 17 de septiembre de 1823 escucharon: “…¡Venturoso Anáhuac! Tu celsitud te venga del pasado abatimiento. La resolución de tus hijos ha impuesto silencio a la tierra y a sus moradores en expectación de tu suerte. Los nuevos que quieren ser de tu heredad vienen de lejos para que consigas tus justificadas pretensiones. El gobierno de tres siglos debilitado a tanto golpe se siente vacilar. La España confiesa tu soberanía si no tu independencia; pero ya no te llama su colonia. Con tales auspicios bien puedes persuadirte que frisarás muy en breve entre las Naciones de la culta Europa. Pero, ¡triste de mí! La primavera se ha pasado y el invierno le ha seguido. El cielo se ha convertido en bronce y en lugar de la lluvia que pedimos, envía las escarchas y las nieves…”[47]

  Regresa al escenario de la prisión y muerte de los primeros libertadores en 1811: “…la ingrata Coahuila ata las manos que habían de libertarla…Todos se someten al destino fatal y los conducen a Chihuahua. ¡Oh Chihuahua, caiga sobre ti la execración del profeta Rey a los Montes de Gelboe!...Allende, Aldama y Jiménez son los primeros que entregan sus gargantas: pero sin cobardía y clamando a su Criador. Hidalgo con la fortaleza de la madre de los Macabeos mira a sus hijos y compañeros expirando en los suplicios y los exhorta con palabras de vida eterna. Él agrava su causa imputándose a sí solo los existimados delitos de otros por libertarlos…En llegada su hora postrimera y prevenido con los sacramentos, sale sin ataduras, pide perdón a su Hacedor de los delitos de su juventud y de sus muchas faltas…Con los ojos desnudos y fijados en la imagen de su Redentor, llega al lugar destinado rezando el salmo cincuenta o Miserere, con el fervor de su autor penitente…”[48]

  El predicador lo apostrofa: “…¡Hidalgo! ¡Hidalgo! ¿Cómo nos dejas? El valeroso, el impertérrito, el sabio, el bienhechor, el magnánimo, el oráculo, el héroe ya no existe; ha muerto como el viejo Eleazar, dejándonos un tan asombroso ejemplo de patriotismo, constancia y amor a su Dios.”[49]

   Pasa con relativa rapidez por hechos en campaña protagonizados por Matamoros y los hermanos Bravo y se detiene en la gesta realizada por Morelos en el sur que lo conduce finalmente, tras fracasos, al sacrificio. Los signos religiosos quedan patentes en el seguimiento que hace la pieza oratoria: “Morelos camina con el paso lento y majestuoso con que la ofrenda viva, en otro tiempo coronada de flores se acercaba mugiendo al altar de los sacrificios.[50] El Victimario ha salido, lo conduce sin resistencia y México fue testigo de la fortaleza de Morelos, de su calma inalterable, de sus recónditos arcanos, por los que a ninguno dejó comprometido. Habíale tocado en suerte un alma buena, y si fue timorato, ahora se descubre todo el hombre interior. Heroico en sus empresas, hoy pretende tomar por asalto el reino de los cielos. Llega sin perturbarse a San Cristóbal[51] y estrechando a su pecho un crucifijo, le hace la misma oración que el santo hijo de Sirac. Le dice confiadamente: he obrado el bien, tú lo sabes, mi Dios. Si no ha sido así, me acojo a tus misericordias. Zelatus sum vanus et non confundar.”[52]

 

  6.- Llamado a la memoria, al reconocimiento y a la intercesión.

  El diputado michoacano, a partir de la página 44 del impreso se dirige hacia el final de su peroración. Llama de nuevo la atención de sus oyentes acerca del deber de tener en cuenta la memoria de los héroes y exaltarla y resuelve en sentido positivo la pregunta religiosa acerca de si sus acciones son gratas y meritorias a los ojos de Dios: “Yo me felicito porque no trato con los bárbaros, feroces y detestables caribes que abominan hasta los cadáveres de sus enemigos y que dominados por Belzebud (sic) los arrastraran si pudieran hasta el infierno. Hablo con racionales y católicos o que se jactan de serlo y a éstos les consulto: ¿la piedad cristiana podrá dudar hayan sido aceptos al Dios de justicia unos hombres que siguiendo sus mandatos cumplieron con los deberes privados y con los públicos? Buenos hijos, buenos casados, buenos padres, amigos fieles, benéficos en cuanto alcanzaron, cristianos y amantes de la divinidad, ¿merecerían su indignación?..¿No merecerán las más dignas alabanzas de su generación? Laudemus. ¿Serán indignos de que los veamos como unos padres? Parentes nostros…El que ha dicho que la sabiduría, la profecía y el don de lenguas nada son a su presencia sin caridad; que ésta cubre toda imperfección y que ninguna otra puede serle más grata porque ninguna es mayor que la de aquél que pone su alma por los suyos, ¿dejaría sin recompensa la eminente de nuestros héroes?”[53]

  Hace referencia al hecho de la exhibición en Guanajuato de las cabezas de los próceres después de su ejecución así como a la humildad de sus primeros espacios funerarios. Los mira como realidades de exaltación y no de ignominia: “No temo equivocarme asegurando que las cabezas de los protomártires de la patria fijadas en escarpias persuadían en Guanajuato las virtudes cívicas y morales con más énfasis que la estatua de Catón inmediata a las ruinas de Cartago. Que los sepulcros de todos despreciados y reducidos a un poco de tierra detenían al caminante y lo doctrinaban con más enérgica expresión  que se ha creído hacerlo el de Pompeyo en las riberas de Alejandría. Su funeral fue privado, pero el llanto lo publicó y un general clamor y sentimiento les levantó el mausoleo más suntuoso. Privatum funus; sed fletus publicus universorum fletus est consecratus. (Su funeral fue privado pero el llanto de todos le dedicó un tributo público.)”[54]

  Percatado quizá de que la exaltación de los próceres mexicanos podría fomentar odio hacia los españoles, el predicador advierte: “…Es verdad, sí…esos huesos humillados se rebullen, búscanse unos a otros y una voz espantosa me amonesta. Cuídate (de) improperar a los que nos persiguieron. Nosotros a muchos de éstos hemos dado una mano amiga y con los brazos abiertos esperamos a los demás para estrecharlos. Tú debes adorar los juicios del Eterno y no vienes a maldecir a sus hijos como Balán ni a dividir como Jeroboam las tribus.”[55]

  Después de invitar a diferentes categorías de mexicanos a venerar los restos de los héroes, convoca a la imitación y advierte de los riesgos del odio nacido del olvido de las hazañas y sacrificios: “…Americanos todos, imitad a estos vuestros padres en sus virtudes y amor patrio hasta morir. Imitadlos cómo yacen para olvidar lo pasado y manteneros en unión indisoluble. Si fiados en vuestra dicha oprimiereis a vuestros semejantes o los hiciereis pasar sus días con ignominia—esto dice el Dios de los ejércitos—yo entonces suscitaré los mayores enemigos que sin compadeceros derramen vuestra sangre, reduzcan a la esclavitud a vuestros hijos y a pavesas vuestro suelo.”[56]

   Las últimas palabras del sermón consisten en una invocación a que, en primer lugar, se conviertan los héroes en intercesores de los mexicanos. Los que considera al efecto ya en la compañía divina. No obstante, “si no la han conseguido”, solicita que se hagan presentes sufragios por su descanso eterno principalmente dentro de la celebración litúrgica: “¡Almas grandes y radiantes de hombres tan excelsos! Si, como me lo espero, ya moráis en el Empíreo, echad una ojeada compasiva y pedid por vuestra heredad. ¡Ministros del Altísimo! Rociad por último esas reliquias de la humana fragilidad de nuestros héroes para que purificados más y más de toda mancha, si no lo han conseguido, alcancéis de las piedades del Señor, les conceda un descanso eterno en recompensa de sus fatigas. Eorum animae per misericordiam Dei, requiescant in pace. Amen.(Que sus almas, por la misericordia de Dios, descansen en paz.)”[57]

 

  7.- La historia idealizada  en un sermón audaz.

  Es indudable que el presbítero y diputado michoacano Francisco Argandar predica un elogio fúnebre audaz en cuanto a la comparación que hace entre los personajes de la entonces reciente historia mexicana y los protagonistas de hazañas bíblicas. Es también indudable que esta audacia tiene lugar en un momento peculiar de la vida de un país que tiene que consolidarse y presentarse ante la comunidad internacional con identidad propia y lejana a las rencillas internas y las contradicciones. Es muy clara, por ejemplo, la tendencia a no manifestar odio a España y a los españoles, teniendo muy en cuenta que una de las Tres Garantías aseguradas en los acuerdos para la independencia era el de la unión sólida entre españoles y “americanos”, la nación común de la que hablaron los constituyentes de Cádiz en 1812.

  La calidad retórica del texto es comparable con los buenos sermones de la época y da a conocer la buena formación retórica de su autor. La configuración de su trama queda situada en un período de transición, pues aunque existe cierta distancia de las formas ultrabarrocas de la última etapa del virreinato novohispano, se encuentra, por así decirlo, en la efímera del “barroco republicano,” que en las artes plásticas tiene algunos pocos ejemplos. La erudición del predicador es notable y está alimentada por los elementos tradicionales: la Biblia y los modos de pensar y decir de los clásicos grecorromanos. La historia, en este ámbito, tiene ingredientes de relatos y memorias populares, pero se reconoce sobre todo en un género cercano y casi confundido con la épica. Algo que conviene subrayar es que, así como no se diferenciaba en la historia lo “sagrado” y lo “profano”, la herencia bíblica y la grecorromana se acogían al modo de un tronco común que comunicaba a los contemporáneos con otras épocas. A pesar de las distancias culturales y geográficas, se consideraban funcionalmente de tal modo que su patrimonio enriquecía la interpretación del pasado y del presente, sobre todo en los acontecimientos que tenían cargas singulares y, por consiguiente, sentido de profundidad.

  Por lo que toca a la interpretación y el paralelismo entre hechos históricos contemporáneos y hechos relatados en la Biblia, hay un uso  muy libre de éstos y se realiza una acción que toma en cuenta más los parecidos en la “letra” que  el contexto. Es evidente la utilización de los instrumentos de integración del pensamiento y de la expresión de acuerdo a la época, sobre todo en materia de exégesis y el apego a la comprensión literal de los textos de la Vulgata. Concretamente, la facilidad con la que se justifica la guerra siguiendo las líneas de la versión latina común no es sostenible con el conocimiento posterior de los textos y de su sentido, más cercano a la proyección primera y originaria.

  La idealización de la vida de los próceres, en especial la de Hidalgo, tiene también como fin limar asperezas y abrir caminos. Sin embargo, desde la mirada de la historia, no puede hacerse a un lado que la asimilación de los hechos de esos personajes (de nuevo, particularmente los de Hidalgo) no fueron aceptados  con unanimidad en el sentido de la predicación que nos ha ocupado. El muy influyente Lucas Alamán, por el contrario, dejó escrito en su Historia de Méjico este punto de vista excesivamente crítico, poniendo por testigo a Don Agustín de Iturbide: “…con relación a los honores que desde que él (Iturbide) tenía el mando supremo, se trató de conceder a los promovedores de la revolución del año de 1810 y que se les decretaron después de su caída, dice: “El congreso de Méjico trató de erigir estatuas a los jefes de la insurrección y hacer honores fúnebres a sus cenizas. A estos mismos jefes había yo perseguido y volvería a perseguir si retrogradásemos a aquellos tiempos: para que pueda decirse quién tiene razón, si el congreso o yo, es necesario no olvidar que la voz de insurrección no significaba independencia, libertad justa ni era el objeto reclamar los derechos de la nación, sino exterminar a todo europeo, destruir las posesiones, prostituirse, despreciar las leyes de la guerra y hasta de la religión. Las partes beligerantes se hicieron la guerra a muerte: el desorden precedía a las operaciones de los americanos y europeos. Pero es preciso confesar que los primeros fueron culpables no sólo por los males que causaron, sino porque dieron margen a los segundos para que practicaran las mismas atrocidades que veían en sus enemigos. Si tales hombres merecen estatuas, ¿qué se reserva para los que no se separaron de las sendas de la virtud?”[58] Iturbide después de haber escrito lo que precede, se llenaría de indignación si viese su nombre escrito en el salón del congreso entre los de aquellos…”[59]

  En pocas palabras, en 1823 se lanzó una propuesta de heroicidad en términos religiosos que no era fácilmente aceptada en 1849, cuando ya el peso de la historia mexicana era bastante y las ilusiones habían sufrido, además de infinitos avatares internos, el gran golpe de la guerra entre México y Estados Unidos de América y sus tristes consecuencias.

  Para nosotros, el hecho de habernos acercado a la posición mostrada en la catedral de México en 1823 en el homenaje rendido a los héroes fundadores de la independencia mexicana es, ante todo, ejercicio de conocimiento y reconocimiento de algo que fue real en los albores de la patria y constituyó una lectura religiosa de la historia. Desde este intento, se aventuró en la tarea del descubrimiento de un nivel más profundo en el interior de lo que, de otro modo, habría sido sólo recuento de sufrimientos, luchas, odios y destrucción, prácticamente sin sentido y  sin orientación salvífica. Estos dos últimos conceptos lo sitúan dentro de la peculiar dimensión religiosa de la mirada histórica.

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  Ojalá que las páginas precedentes hayan contribuido en alguna medida a penetrar en un ámbito casi desconocido de nuestra historia como pueblo, concebido a la manera de un símil  distante en lo geográfico pero cercano en lo humano de la historia del pueblo de Israel.

 Santa Fe. Ciudad de México.

30 de septiembre de 2005.

Festividad de San Jerónimo, “Doctor máximo en la interpretación de las Sagradas Escrituras.”

 


 

[1] En esta fecha, terminado ya el Primer Imperio Mexicano encabezado por Agustín de Iturbide, no estaba todavía proclamada formalmente la República mexicana. Un grupo de personas formaban el “Supremo Poder Ejecutivo.” Muy pronto se convocaría al Congreso Constituyente del que resultaría la Constitución Federal de 1824.

[2] Sin paginación. (IV y V).

[3] Decreto, 25 septiembre 1823. Firmado: Flores. Nicolás de Vega, Notario oficial mayor. (VI).

[4] Aunque quizá no sea necesario, apunto que mi formación no es de biblista sino de historiador y que aludo a la Biblia de una manera más de sentido común que de especialista. Cito de acuerdo a la versión de la Biblia de Jerusalén, hecha siguiendo el original hebreo, 2Mac 2, 26-27a, 28, 30-32. (He citado entre paréntesis algunos trozos del texto que no se encuentran en el libro sobre el que trabajamos, pero que ayudan a la contextualización de la cita). El predicador trascribe el texto de la Vulgata latina de la siguiente forma: “Sicut hi qui praeparant convivium, et quaerunt aliorum voluntati parere, propter multorum gratiam libenter laborem sustinemus…Etenim intellectum colligere, et ordinare sermonem, et curiosius partes singulas quasque disquirere, historiae congruit auctori: brevitatem vero dictionis sectari, et executiones rerum vitare, brevianti concedendum est…Stultum etenim est ante historiam effluere, in ipsa autem historia succingi.” Lib. 2 Machab. c.2. á  v.28. ad 33. (Los textos latinos que aparecen en el sermón los he confrontado con la edición de Colunga y Turrado de la Biblia Sacra iuxta Vulgatam Clementinam. Nova editio, (Biblioteca de Autores Cristianos, 208), Madrid (3)1959, cuya puntuación he utilizado pues facilita la comprensión de las líneas que se citan).

[5] “Non enim habemus spiritum servitutis; sed spiritum adoptionis in quo clamamus Abba pater.” Rom 8,13. P. 43, nota 25.

[6] En el caso mexicano, la noción de pueblo elegido acompañó la oratoria de casi todo el siglo XVIII, sobre todo apoyándose en la elección que la Madre de Dios había hecho a través de la imagen y narrativa en torno a Guadalupe. Cf. Manuel Olimón, Círculo de tradiciones. Historia y destino en un sermón guadalupano de 1748, EfMex 20 / 60 (2002), 323-338. David Brading, Mexican Phoenix, Cambridge University Press, Cambridge 2001.

[7] A propósito de Dan 10,13. Cf. P. 52, nota 10.

[8] Cf. Pp. 47 y 52, nota 29.

[9] “…quelques instants de vie.” Considérense estas luminosas líneas: “Au coeur de tout Romain, le souci premier était de se survivre. Homme d’exception, on étendait, par ses travaux, sa gloire au-delà des âges. Homme sans genie, on se donnait cette immortalité grace aux lignes gravées qui ornaient la pierre de la tombe. Comme l’exprime admirablement l’épitaphe qui se composa Saint Augustin: “Ta bouche lit ces mots, mais c’est moi qui les pense, et ta voix, maintenent, devienne un peu ma voix.” (Antologia Latina, 721). Le passant avais, lui, un devoir à remplir envers les disparus dont plus rien ne restait que ces lignes: leur offrir, en lisant l’inscription, quelques instants de vie. Faite à voix haut, comme toute lecture antique, la lecture appelait du fond du néant les ombres vaines et les ressuscitait. Héritage de très vielles croyances, dont ont trouve écho dans le XIe chant de l’Odysée, où Ulysse abreuve de sang les fantômes des siens pour les attirer à la lumière et les interroger, l’inscription latine établit un dialogue entre la terre et les Enfers…Le S.T.T.L. (Sit tibi terra levis.Que la terre te sois legère), qu’on demande à celui qui passe de bien vouloir prononcer, a toute l’efficacité d’une formule magique. Le verbe avais, à Rome, tous les pouvoirs. Il les exerce aussi pour ceux qui ne sont plus.” (Danielle Porte, Préface, en: Tombeaux romains. Antologie d’épitaphes latines, Le promeneur, Paris 1998, 8.)

[10] Ecl 44, 1. Traducción en el original. Un libro que presentó el México viejo al mundo en el siglo XIX, El libro de mis recuerdos. Narraciones históricas, anecdóticas y de costumbres mexicanas anteriores al actual estado social de Antonio García Cubas (1832-1912), en su primera edición de 1904 tenía el siguiente epígrafe tomado del libro del Eclesiástico: “Interroga generationem pristinam et diligenter investiga patrum memoria.” (“Pregunta a la generación primera e investiga con diligencia la memoria de los padres.”)(En una edición más reciente, Editorial Patria, México (7)1978, no se encuentra la cita.)

[11] Elogio fúnebre, 1s. (En adelante, cuando cite únicamente el número de página, estaré haciendo referencia al Elogio). (He modificado levemente la ortografía, para facilitar la comprensión del lector contemporáneo). “…(el) amado de su alma.” Alusión a la expresión bíblica del  Cantar (Cantar de los Cantares) atribuido a Salomón: “…Hazme saber, amado de mi alma, dónde apacientas el rebaño,/ dónde lo llevas a sestear a mediodía, / para que no ande yo como vagabunda / tras los rebaños de tus compañeros.” (Cant 1, 7) (Alusión a que Dios, pastor de su pueblo, aquí anhelado por la esposa, lo recuperará del Destierro en el mediodía –símbolo de la felicidad plena--, y lo alejará de su estancia errática entre extranjeros (los “compañeros”). (Comentario a partir de la nota de la Biblia de Jerusalén, ad loc.) Suscitarán. Considerado errata por los editores del sermón quienes proponen succitarán. (Del verbo latino succedere, hacer salir, hacer surgir, emitir o incluso revivir). Proponemos: “…por más que se lamenten en soledad…nunca podrán hacer surgir la sombra…”

[12] 4. Cantares de la prostituida Babilonia. Alusión al cautiverio del pueblo en Babilionia y a las tentaciones contra la fidelidad que ahí tuvo. Los manes. Término de la religión romana que hace referencia a las divinidades tutelares de una familia, tribu o pueblo.

[13] 5s. Foción. General y hombre político ateniense nacido alrededor del 397 a. C. Formado con los platónicos poseía un pensamiento radicalmente antidemocrático  aunque ejerció una conducta ambigua en materia política. “A causa de su austeridad es el más noble representante de esa tendencia.” Manifestó el ideal de la vida individual con una finalidad ética: la elevación material y espiritual de los ciudadanos. (Enciclopedia italiana di scienze, lettere ed arti, vol. XV, Roma 1949). Epaminondas. Personaje espartano nacido alrededor de 420 a.C, formado en la escuela de los pitagóricos. Dotado de un sentido de humanidad superior a los de la gente de su tiempo. Se unió a los intentos por la independencia de Esparta. “Capitán genialísimo, ciudadano probo y amante de la patria.” (Enciclopedia Italiana,  vol. XIV.) Puede profundizarse el tema en: W.S. Ferguson, Sparta and the Peloponnese en: The Cambridge Ancient History, vol V, Cambridge/ London / New Cork / Melbourne (reimpr.) 1979, 254-281.

[14] 7. El predicador guarda el orden descendente dentro de la jerarquía militar de los Generales. En primer lugar los Generalísimos, después los Tenientes Generales, enseguida los Mariscales de Campo y al fin los Brigadieres.

[15] 8s. Es costumbre muy extendida la de no dar la cita bíblica exacta sino sólo señalar: “como dice la Escritura.” En el presente punto podemos pensar que el autor del sermón remite a la “paz mesiánica,” la verdadera paz anhelada por Israel. Por ejemplo: “…Serán vecinos el lobo y el cordero y el leopardo se echará con el cabrito, el novillo y el cachorro pacerán juntos y un niño pequeño los conducirá…Hurgará el niño en el agujero del áspid y en la hura de la víbora el recién destetado meterá la mano. Nadie hará daño, nadie hará mal en todo mi santo Monte, porque la tierra estará llena de conocimiento de Yahvéh, como llenan las aguas el mar.” (Is 11, 6.8s) Dice a propósito la nota de la Biblia de Jerusalén: “La rebelión del hombre contra Dios (Gén 3), había roto la armonía entre el hombre y la naturaleza, entre el hombre y el hombre. Los profetas anuncian guerras e invasiones como castigo de las infidelidades de Israel. A la inversa, la era mesiánica, trayendo el perdón de los pecados y la reconciliación con Dios y el reino de la justicia, establece la paz que es su consecuencia: fertilidad del suelo, desarme general, paz perpetua.” Cf. también Os 2, 20-25.

[17]  Ibíd. Esta escena de la vida de San Agustín hace referencia a dos escenas bíblicas, de ambos Testamentos: Jonás 5, 4-7: “…Salió Jonás de la ciudad (de Nínive) y se sentó al oriente de la misma; allí se hizo una cabaña bajo la cual se sentó a la sombra hasta ver qué sucedía en la ciudad. Entonces Yahvéh Dios dispuso que una planta de ricino creciese por encima de Jonás para dar sombra a su cabeza y librarle así de su mal. Jonás se puso muy contento por aquel ricino. Pero al día siguiente, al rayar el alba, Yahvéh mandó a un gusano, y el gusano picó al ricino, que se secó…” Y Jn 1, 47-50: “…Vio Jesús que se acercaba Natanael y dijo de él: “Ahí tenéis a un israelita de verdad, en quien no hay engaño.” Le respondió Jesús: “Antes de que Felipe te llamara, cuando estabas debajo de la higuera te vi.” Le respondió Natanael: “Rabbí, tú eres el hijo de Dios, tú eres el Rey de Israel.” Jesús le contestó: “ ¿Por haberte dicho que te vi debajo de la higuera, crees? Has de ver cosas mayores.” Y le añadió: “Yo os aseguro: veréis el cielo abierto y a los ángeles de Dios subir y bajar sobre el Hijo del hombre.” Esto último apunta a Gén 28, 10-19: el sueño de Jacob y la consagración posterior del santuario de Bet’El. (La casa de Dios.)

[18] 10.

[19] Alusión a Ez 37,1-14: los huesos secos que recibirán la vida con el soplo del Espíritu.

[20] 10.

[21] 15. Referencia a la lucha de David contra Goliat, en la que la astucia del primero vence a la fuerza bruta del segundo. Cf. Samuel 17, 40-54.

[22]  A propósito de la partida de los israelitas del país de Egipto lidereados por Moisés, Ex 13,21: “Yahvéh iba al frente de ellos, de día en columna de nube para guiarlos por el camino y de noche en columna de fuego para alumbrarlos, de modo que pudiesen marchar de día y de noche.”

[23] Moisés. Cf. Ex, 2, 1-15.

[24] Alusión a la vocación del profeta Ezequiel, cf. Ez 3, 1-3: “…(el Señor Yahvéh) me dijo: “Hijo de hombre, come lo que se te ofrece; come este rollo y ve luego a hablar a la casa de Israel.” Yo abrí mi boca y él me hizo comer el rollo y me dijo: “Hijo de hombre, aliméntate y sáciate de este rollo que te doy.” Lo comí y fue en mi boca dulce como la miel.”

[25] Dice cidillas. 17.

[26] 16s.

[27] 17.

[28]  18. Exod. Cap. 3. (Cita del sermón).

[29] Id. Eccli. 46, v. 2. (Así citado en el sermón).

[30] Id. Véanse los libros de Génesis, Jueces y Reyes.

[31] 18s. Lib. 1 Machab c.5, v.32: “…et dixit exercitui suo: Pugnate hodie pro fratribus vestris.”(Vulgata) “…Judas dijo a los hombres de su ejército: Combatid hoy por vuestros hermanos.” (Biblia de Jerusalén). El predicador indica otros lugares bíblicos que apoyan lo que podría decirse la “guerra justa” o la defensa de la resistencia. Al citar a Dan 10,13, en su visión de la lucha entre el ángel de los persas y el arcángel Miguel: “Princeps autem Regni Persarum resistit mihi viginti et uno diebus; et ecce Michael, unus de principibus primis, venit in adiutorium deum: et ego remansi ibi iuxta regem Persarum.” “El Príncipe del reino de Persia me ha hecho resistencia durante veintiún días, pero Miguel, uno de los Primeros Príncipes, ha venido en mi ayuda.” Expresa la nota de la Biblia de Jerusalén, ad loc.: “El Príncipe de Persia aparece como uno de los ángeles protectores de las naciones. Este misterioso conflicto entre los ángeles subraya que el destino de las naciones es un secreto que, aun para los ángeles, depende de una revelación de Dios.”

[32] 19. Joel cap. 5, v. 9. (Así dice la nota del sermón). Ha de ser: Joel 3,9: “Clamate hoc in gentibus, sanctificate bellum, suscitate robustos; accedant, ascendant omnes viri bellatores.” La Biblia de Jerusalén propone en Joel 4,9, corrigiendo las palabras sanctificate bellum y dándole al texto un sentido mucho más mitigado : “Publicad esto entre las naciones: ¡Proclamad la guerra, incitad a los bravos!¡Que avancen y suban todos los hombres de guerra!”

[33] Cf. 1 Mac 2, 1-5. Nota ad loc. de la Biblia de Jerusalén.

[34] 19s. Argandar cita 1Mac 2,7-13. La amplío: “…Matatías…al ver las impiedades que en Judá y en Jerusalén se cometían, exclamó: “¡Ay de mí, que he nacido para ver la ruina de mi pueblo y la ruina de la ciudad santa! ¿Voy a vivir en ella cuando está en manos de enemigos y su santuario en poder de extraños? Ha quedado su Templo como hombre sin honor, los objetos que eran su gloria, llevados como botín, muertos en las plazas sus niños, y sus jóvenes por espada enemiga. ¿Qué pueblo no ha venido a heredar su reino y a entrar en posesión de sus despojos? Todos sus adornos le han sido arrancados y de libre que era, ha pasado a ser esclava. Mirad nuestro santuario, nuestra hermosura y nuestra gloria, convertido en desierto, miradlo profanado de los gentiles. ¿Para qué vivir más?” Matatías y sus hijos rasgaron sus vestidos, se vistieron de saco y se entregaron a un profundo dolor.” (1 Mac 2,1.6-14).

[35] Después de la muerte de Matatías, lo sucedió en la guerra el exitoso Judas Macabeo: “Le sucedió su hijo Judas, llamado Macabeo. Todos sus hermanos y los que habían seguido a su padre le ofrecieron apoyo y sostuvieron con entusiasmo la guerra de Israel. Él dilató la gloria de su pueblo; como gigante revistió la coraza y se ciñó sus armas de guerra. Empeñó batallas, protegiendo al ejército con su espada, semejante al león en las hazañas, como cachorro que ruge sobre su presa. Persiguió a los impíos hasta sus rincones, dio a las llamas a los perturbadores de su pueblo…” (1 Mac 3, 1-5).

[36] 20.

[37] Ibíd.

[38] 21.

[39] Dice mitológicos, 24.

[40] Dice históricos, íd. Conviene, a fin de tener a la mano la relación de los hechos de la revolución de independencia el libro de Lucas Alamán publicado en 1849. Aunque su opinión sobre los próceres de la independencia no es favorable a ellos, contiene una buena relación de los hechos y la opinión que había madurado treinta años después de los acontecimientos: Historia de Méjico desde los primeros movimientos que prepararon su independencia en el año de 1808 hasta la época presente, 4 vols., Imprenta de J. M. Lara, Méjico 1849-1850. (Edición facsimilar: Clásicos de la Historia de México, Instituto Cultural Helénico / Fondo de Cultura Económica, México 1985.)

[41] 24.

[42] 24s. Dice 1 Mac 9, 14-18: “Vio Judas que Báquides y sus mejores tropas se encontraban en a parte derecha; se unieron a él los más esforzados y derrotaron al ala derecha y los persiguieron hasta los montes de Azara. Pero el ala izquierda, al ver derrotada al ala derecha, se volvió sobre los pasos de Judas y los suyos, por detrás. La lucha se encarnizó y cayeron muchos de uno y otro bando. Judas también cayó y los demás huyeron.” Léase a Alamán sobre la derrota de los insurgentes en Calderón: “Presentábanse los realistas. Rompían sobre ellos los insurgentes un fuego que era casi siempre desacertado…y mientras los realistas casi no perdían tiro asestándolos a una gran muchedumbre cuyo estrago aumentaba el terror, los fuegos de los insurgentes eran poco más que puras salvas, sin causar daño al enemigo…Los generales insurgentes, en la fuga siempre los primeros, no se presentaban en ninguna parte en el calor de la acción; no sabían precipitar con oportunidad sus masas informes sobre un enemigo ya en desorden para acabar de desbaratarlo a fuerza de número y retirándose de batería en batería, las perdían todas esperando a ser atacados en cada una. Para ellos todo ataque era derrota y no había nunca retirada, porque toda retirada era siempre huida.” Historia de Méjico, vol. 2, 131.132. Las rencillas entre Hidalgo y Allende y la destitución del primero como Generalísimo por el segundo: 108s.149s.

[43] 30.31.

[44] 33.34.

[45] Cito de acuerdo a la versión facsimilar de: Las constituciones de México.1814-1991, H. Congreso de la Unión. H. Cámara de Diputados, LIV Legislatura. Comité de Asuntos Editoriales, México 1991, 561. Hombres libres. Pues hay que tener en cuenta que la esclavitud permaneció vigente en algunos territorios españoles como la isla de Cuba hasta comienzos del siglo XX.

[46] Para una mayor comprensión de esta etapa de la política en Europa y sus repercusiones en Hispanoamérica son fundamentales algunas obras del obispo Dominique de Pradt (conocido como Abate de Pradt, de hecho antiguo obispo de Malinas): Les trois âges des colonies, ou leur état pasée, présent et à venir, Paris 1802, Du Congrès de Vienne, Paris (2) 1816, Des colonies et de la révolution actuelle de l’Amérique, Paris 1817. (trad. Esp., Burdeos 1817). Son fundamentales para el ambiente general: Manuel Aguirre Elorriaga, El abate de Pradt en la emancipación hispanoamericana. (1800-1830),  (Analecta Gregoriana, 25), Apud Aedes Universitatis Gregorianae, Roma 1941 y Henry A. Kissinger, Un mundo restaurado. La política del conservadurismo en una época revolucionaria (Colección popular, 122) Fondo de Cultura Económica, México 1973.

[47] 34s.

[48] 36. 37s. La fortaleza de la madre de los macabeos: 2 Mac 7, 1-42. “…Admirable de todo punto y digna de glorioso recuerdo fue aquella madre que, al ver morir a sus siete hijos en el espacio de un solo día, sufría con valor porque tenía la esperanza puesta en el Señor.” (2 Mac 7, 20).

[49] 38. Eleazar. Puede tratarse del hijo de Aarón: 1 Cro, 6-35. La referencia a lo que pasó después de su muerte la hace solamente la versión griega de los LXX seguida desde luego en la versión de la Vulgata: “Entonces los israelitas se fueron cada cual a su morada y cada cual a su ciudad. Los israelitas dieron culto a Astarté, a Astarot y a los dioses de las naciones que les rodeaban. Por lo mismo, el Señor los entregó al poder de Eglón, rey de Moab, que les oprimió durante dieciocho años.”(Josué 24,34). Este texto permite suponer que Eleazar sostuvo la fidelidad de los israelitas al Dios de la alianza. Sin embargo, lo más seguro es que Argandar se refiera a Eleazar, “…uno de los principales escribas, varón de ya avanzada edad y de muy noble aspecto (al que) forzaban a abrir la boca y a comer carne de puerco. Pero él, prefiriendo una muerte honrosa a una vida infame, marchaba voluntariamente al suplicio del apaleamiento, después de escupir todo, que es como deben proceder los que tienen valentía para rechazar los alimentos que no es lícito probar ni por amor ala vida.” (2Mac 6, 18-20.)

[50] Alude a los toros engalanados para ser sacrificados en las aras de la religión griega y romana.

[51] San Cristóbal Ecatepec en los márgenes entonces del lago de Texcoco.

[52] 41s. Cita la oración de Jesús-ben –Sirac: Eccl 51,24. (Texto de la Vulgata). La Biblia de Jerusalén dice en Ecl. 51, 19: “…decidí ponerla en práctica (la sabiduría), tuve celo por el bien y no quedaré confundido.”Una leyenda que se difundió a lo largo del siglo XIX y aun en el XX en la enseñanza escolar mexicana decía que las aguas del lago habían subido de su nivel para limpiar la sangre del prócer sacrificado.

[53] 44-46. En las líneas finales cita el autor tres textos del Nuevo Testamento: 1 Cor 13, 1-3.13; 1Pe 4,8 y Jn 15,13.

[54]  46s. La cita latina es de la Oratio funebris in obitu fratris (Oración fúnebre en la muerte de su hermano) de San Ambrosio de Milán.

[55] 48. La referencia a Balaam: “Balaq, hijo de Sippor era rey de Moab por aquel tiempo. Envió, pues, mensajeros a buscar a Ballam, hijo de Beor a Petor del Río, en tierra de los hijos de Amman para decirle: ‘He aquí que un pueblo ha salido de Egipto, ha cubierto la superficie de la tierra y se ha establecido frente a mí. Ven, pues, por favor, maldíceme a este pueblo, pues es más fuerte que yo, a ver si puedo vencerle y lo arrojo del país. Pues el que tú bendices queda bendito y el que maldices maldito.’  ” (Núm. 22, 4b-6) La referencia a Jeroboam, causante del cisma político y religioso de Israel: 1Re 12, 2-33.

[56] 49. Concluye este trozo de la prédica con la referencia al capítulo 49 de Jeremías: (el “oráculo contra Ammón “–o “los ammonitas” y contra Edom, las ciudades sirias, las tribus árabes y contra Elam—situados en la parte dedicada a los “oráculos contra las naciones.”)

[57] 49s.

[58] (Nota 60 de Alamán: Manifiesto de Iturbide escrito en Italia e impreso en Méjico en 1827).

[59] Vol. 2, 221.