PROPUESTA DE MODELO EDUCATIVO

UNIVERSIDAD MOTOLINÍA DEL PEDREGAL

 

Manuel Olimón Nolasco.

Consejo Universitario Universidad Motolinía del Pedregal.

 

  La primera pregunta que alguien se hace al llegar a un lugar que le resulta nuevo es: ¿dónde estoy? Y casi enseguida se agrega otra: ¿Qué es este lugar donde estoy?

  La respuesta a la primera pregunta tiene como contenido unos simples datos de ubicación. La segunda, en cambio, requiere un esfuerzo de mayor dificultad, pues tiene que integrarse con elementos que definan una identidad, a la manera como cada una de las personas tiene que hablar, para darse a conocer, de sus raíces, de su vida presente y de sus anhelos.

  Responder a la segunda pregunta es el propósito de este libro. Pues no sólo se trata de que quienes cruzan el umbral de las puertas de la UMP se sientan en un lugar acogedor, en un sitio de armonía arquitectónica  sino que logren, al seguir la ruta de sus páginas, penetrarse del ser de una institución.

  La UMP es, desde luego, una institución y una institución educativa. Los años que han pasado sobre ella son testigos de centenares de graduados en sus aulas que ocupan hoy puestos de compromiso y responsabilidad.

  Ese paso de los años y los resultados de sus exalumnos, sin embargo, merecen una evaluación cuidadosa y proyectiva y no sólo una festiva conmemoración.

  ¿Por qué? Porque educar y sobre todo educar universitariamente requiere mucho más que repetir lo que ha salido bien. Requiere observar con detenimiento los ideales fundacionales y los pasos que la institución dio para llegar a donde s encuentra. Y necesita aún más que lo anterior, asomarse, con ojo crítico y generosidad  a los cambios que han tenido lugar en el ámbito cultural donde la universidad desarrolla sus tareas y dentro del que concibe su misión.

  Los años que corren no piden solamente darnos cuenta de que la educación superior necesita nuevos métodos o atender a objetivos más complejos. Piden darnos cuenta con la mayor claridad que sea posible y respondiendo con creatividad, de que el mundo que nos rodea está viviendo un proceso profundo de cambio, que el ser humano está sometido a una serie de influencias que cuestionan visiones tradicionales y actitudes basadas en costumbres y modos de ser  repetidos.

  Frente a estos cambios tiene que pronunciarse la universidad. Tiene que tomar una posición y asumir un compromiso. Pues encontrarse en  el corazón de un mundo globalizado e intercomunicado, en un mundo donde las distancias entre ricos y pobres se acrecientan y los saberes y la misma  verdad se consideran valores relativos,  intercambiables y cuando mucho arraigados individualmente, exige una actitud auténticamente universitaria, es decir, crítica y dispuesta a aceptar  la complejidad de la realidad.  Ser críticos significa no aceptar las ideas y las realidades nuevas simplemente porque son nuevas. Significa tener la suficiente lucidez para tomar distancia de los poderes dominantes tanto políticos como económicos y llevar adelante la tarea de buscar la verdad y anunciarla no sólo con la palabra sino trasformándola en un bien  difusivo en sí mismo y trasformador de la persona y la comunidad. Aceptar la complejidad de la realidad quiere decir que la enseñanza, la investigación y la difusión universitarias no pueden consistir en un acercamiento superficial al mundo circundante, al interior de los seres humanos y a las necesidades que se perciben, sino en un cuidadoso y detenido análisis acompañado de una toma de decisiones iluminada que busca no sólo lo bueno sino lo mejor.

   Ese es el camino que se recorre a lo largo de estas páginas.

  Resulta fundamental conocer la trayectoria histórica de las universidades a lo largo del tiempo. Este no es un ejercicio erudito, sino la búsqueda de aquello que ha de permanecer y separarlo de lo que puede –y tal vez debe—cambiar.

  En nuestro caso no basta mirar a lo hecho en Europa y en México por otras instituciones. Hace falta enterarse a fondo del proyecto educativo que acompañó los pasos de la fundadora de las Misioneras de Jesús Sacerdote, Dolores Echeverría que contiene una peculiar forma de respuesta a los retos de su tiempo. En esta respuesta, desde luego, se encuentran elementos permanentes, válidos hoy e incluso más necesarios y elementos que pertenecen a una época que no tiene validez total. Ahí está el reto y sus dimensiones.

  Por eso hay que ir muy al fondo de ese proyecto y traerlo a la vida en la UMP. Encontrar, en esa figura parecida a un árbol, la dimensión teológica primordial, el tronco sólido que contiene esa vinculación íntima entre lo divino y lo humano en el sacerdocio de  Jesucristo que se participa diversamente entre los miembros del pueblo de Dios peregrino. Descubrir los lineamientos filosóficos y más adelante los que corresponden a un determinado estilo pedagógico, es decir, de acompañamiento a quienes confían en recibir la educación en este plantel.

   Más adelante, basados en los principios recios que se han reconocido en el recorrido realizado, tendrá que formularse –y aquí las líneas del libro se hacen más abiertas a la participación y a la discusión—qué es lo que la UMP requiere para estar a la altura de los tiempos y aportar no sólo lo que pueden aportar otras instituciones, sino ésta y sólo ésta. Pues nuestra universidad no puede confundirse con otras o diluirse en un sistema anónimo donde lo único que pudiera interesar sería producir profesionistas autómatas que sólo miraran su propio beneficio y que se insertaran en una línea dominada por la “ley de la selva” donde la  imposición de los más fuertes eclipsara el valor de quienes, aparentemente débiles, merecen la mayor dedicación y la entrega generosa.

    Por  todo lo expresado anteriormente, puedo afirmar que éste no es un libro rígido sino  abierto, que es un surco sobre el que se han ya depositado algunas semillas pero que todavía tendrán que depositarse muchas más, a fin de que la humedad y el calor de la participación de todos los miembros de la comunidad pueda hacer esperar un fruto lleno de salud y vida.

  Será, desde luego, la bendición del Espíritu la que realmente complete las acciones humanas que ponemos con anhelo y esperanza compartidos.

  No dudo que el crecimiento de la UMP es y será un crecimiento sólido para bien de México y de la comunidad que comparte con alegría sus ideales.