MÉXICO Y SU IGLESIA EN 1962:

ENTRE LA REVOLUCIÓN CUBANA Y EL CONCILIO

 

Texto presentado en el coloquio Concilio Vaticano II. 50 años de su inauguración.

Universidad Pontificia de México, Ciudad de México, 25 de septiembre de 2012

 

1.     Invitación a atender.

    La distancia temporal de cincuenta años permite ya tener sobre 1962 la mirada histórica y la contextualización conveniente. Al fijar la atención en ese año y en el anterior, 1961, fuente de acontecimientos y decisiones trascendentes, contamos con la ventaja del “futuro del pasado”, es decir, con lo que el sucesivo paso del tiempo ha aportado y podemos recoger reflexivamente y que los protagonistas de entonces no podían prever. Este futuro del pasado es el que nos ha convocado aquí y en muchos lugares del mundo para realizar una revisión humana que pueda ser no sólo ejercicio intelectual sino vital.

  Contamos además con estudios históricos “revisionistas” de calidad acerca de la etapa del siglo XX conocida como “la guerra fría”, buena parte de ellos fruto del trabajo de académicos de universidades estadounidenses sobre archivos públicos y privados recientemente puestos al alcance de los historiadores. En concreto me han resultado de utilidad el estudio de Vladislav M. Zubok, A failed Empire. The Soviet Union in the Cold War from Stalin to Gorvachev[1] y George F. Kennan. An American life de John Lewis Gaddis.[2] El primer libro citado enriquece la visión sobre el tema por su inmersión en los archivos soviéticos que descubre los efectos de la disciplina de posguerra en los habitantes de la URSS, la estrategia propagandística del régimen hacia el mundo, el peso del conocimiento de los secretos atómicos y los límites y debilidades de un sistema que se hizo demasiado pesado. El segundo es especialmente rico en datos sobre la construcción de la política internacional de Estados Unidos descubriendo el papel de “uno de los más prominentes y controvertidos estrategas” de ella, George Kennan, personaje casi desconocido sobre todo en Latinoamérica.

  La distancia, como he apuntado, es suficiente para el balance histórico, pero no demasiada, en este caso, para que tengamos que disponer únicamente de documentos y memoria escrita sino también podemos acudir a vivencias más o menos intensas de quienes hace cincuenta años éramos adolescentes perspicaces –como es mi caso—o jóvenes o personas al comienzo de su edad adulta. La experiencia vivida, desde luego, arriesga la frialdad y la llamada “distancia científica”, pero da calidez testimonial a la tarea de investigación y es –me parece--aporte válido y valioso sobre todo cuando lo que se evalúa es una etapa particularmente densa de la historia de Occidente que afectó a los habitantes del mundo como individuos y como colectividades de modo particular y un acontecimiento de la magnitud de un Concilio Ecuménico, raro en la historia de la Iglesia, pues en los últimos quinientos años sólo ha habido tres.

 

  2.- De mi memoria.

  Entre septiembre de 1961 y junio de 1962 cursé el tercer año en la “Secundaria Federal número 1 Tipo B” en Tepic, Nayarit. Aunque ya el ambiente no reflejaba el espíritu de la “educación socialista”, vigente en 1937, año de su fundación, el himno escolar que alguna vez se cantaba hacía referencia a que “su alma proletaria triunfará.” La politización era bastante alta y, desde luego, reproducía las afiliaciones afectivas del mundo exterior presididas por los grandes actores: la URSS y Estados Unidos de América. Si bien la personalidad de Nikita Kruschev no era atrayente, lo eran los avances en la conquista del espacio exterior y la publicidad que recibía el apoyo a la descolonización en el naciente “Tercer Mundo” así como la formación de cuadros técnicos y directivos para las nuevas naciones. La personalidad de John F. Kennedy, por el contrario, sí atraía, como atraían los avances en el bienestar y el progreso, la comodidad y la movilidad que se veían como la exportación mejor del “american way of life.” Un programa que había bajado hasta los centros urbanos y las zonas rurales, dirigido, según la carta emitida en la reunión de la Organización de Estados Americanos de Punta del Este, Uruguay en 1961, a “mejorar la vida de todos los habitantes del continente”, e impulsado por Kennedy con vertientes en las áreas de la educación, la salud, la búsqueda de la democracia dentro de “la autodeterminación de los pueblos” y el mejoramiento de la balanza de pagos con la ayuda de la iniciativa privada, llevaba, desde luego, el fuerte peso del alejamiento desde Estados Unidos de la amistad con Cuba cuyo representante en Punta del Este, Ernesto “Che” Guevara no firmó esa carta. Para el Profesor de Stanford William J. Kemnitzer, la Alianza era “un esfuerzo unificado para combatir las ideologías totalitarias.”[3]

  En Tepic y en sus alrededores fueron los miembros de la Acción Católica, activados por el obispo auxiliar, Monseñor Manuel Piña Torres, quienes tuvieron a su cargo, entre otros elementos, la distribución de despensas. A nivel nacional la tesorera fue Doña Sofía del Valle, militante católica de talla internacional que gozaba de la confianza de los altos niveles de gobierno en México y en Estados Unidos y que sin duda fue propuesta por el arzobispo de México, Monseñor Miguel Darío Miranda. El presidente Eisenhower le había otorgado en 1950 la medalla “Women of America united for freedom” y tanto su cercanía con personalidades femeninas mexicanas de gran impulso como Doña Amalia González Caballero de Castillo Ledón, la primera mexicana con rango de Embajadora y Doña Adela Formoso de Obregón Santacilia, fundadora de la Universidad Femenina de México como su presencia activa en reuniones tanto de la Liga Internacional de Mujeres Católicas, convocadas por el Papa Pío XII como de la UNESCO, le dieron sin dificultad un lugar central en esta iniciativa.[4]

  Fueron años de flexiones históricas y cruce de caminos. Quizá uno de los mejores retratos de estos fenómenos es el que presentó, Graham Greene, al borde del inicio de la revolución cubana en octubre de 1958, en su novela de humor reflexivo: Our man in Havana (Nuestro hombre en La Habana),[5] transformada en película protagonizada por Alec Guinness, Burl Ives, Maureen O’Hara y Ernie Kovacs antes de finalizar 1959 ya con Fidel Castro en la capital de Cuba. En ella el espía inglés, antecesor de James Bond aunque sin antecedentes profesionales, es al mismo tiempo hombre preocupado ante un posible ataque nuclear soviético, la confrontación Este-Oeste, la suerte de su hija que se educa en un colegio católico pero el torturador Capitán Segura se interesa por ella y su trabajo de vendedor de aspiradoras.[6]

  En la secundaria abundaban las discusiones que tenían como líneas de fondo la polarización Este-Oeste y quienes comenzábamos a aventurarnos en los comentarios políticos propios de los adultos en estos años pretelevisivos, incursionábamos en la literatura periodística en circulación y en la escucha de la radio de onda corta donde se oían tanto los mensajes de “Radio Habana Cuba” como de la “Voz de América.” Los semanarios de los que se obtenían datos para discutir eran “Jueves de Excélsior”, “Siempre”, “Señal”, “Política”, “Selecciones del Reader’s Digest”, “Life en español” y ocasionalmente “Sucesos para todos” y “Visión”, revista dirigida por Alberto Lleras Camargo, presidente de Colombia. Cuando en la época que hoy vivimos veo el predominio casi absoluto de la televisión para la formación de la cultura de masas y su bastante efectiva tarea de homogeneización, me sorprendo del elevado tiraje y de la amplitud del espectro ideológico de los medios impresos hace cincuenta años, naturalmente plural.[7] Lugar especial tenían el “Boletín de la Embajada de la URSS”, publicación a colores en muy buen papel y una revista internacional llamada “El estudiante”, editada en Holanda y que sólo después supe que tenía como objetivo publicitar a la Universidad Soviética de la Amistad de los Pueblos, mejor conocida como Universidad Patricio Lumumba fundada en Moscú el 5 de febrero de 1960. Las suscripciones a estas últimas eran motivo de preocupación para la Secretaría de Gobernación y sus agentes solían revisar de vez en cuando las listas respectivas en las administraciones de Correos.

  Es indudable, al observar cincuenta años después los insumos hemerográficos de entonces, que la clase media mexicana alfabetizada que se había formado durante los años de estabilidad política y gestación del desarrollo estabilizador (de 1952 a 1960) se encontraba dentro de ese espectro de cultura masiva. En particular, el gran tiraje de “Selecciones del Reader’s Digest” (412,000 ejemplares mensuales) y el de “Life en español” (88,000 quincenales) refleja la influencia difusiva de la cultura popular estadounidense y de las posturas de sus gobiernos dentro de la “guerra fría.”[8] Una publicación que a su salida provocó reacciones de todo tipo fue la de los sociólogos Ariel Dorfman (chileno) y Armand Mattelart, Para leer el Pato Donald. Comunicación de masas y colonialismo,[9] en la que se hacía un interesante análisis sobre la literatura “infantil” de Walt Disney para consumo del público latinoamericano. Cuando en 1973 leí este libro, no me costó trabajo recordar algunas lecturas que había hecho al salir de mi niñez: el ratón Mickey trasformado en investigador de la Interpol en diversas aventuras en países subdesarrolados y sobre todo una saga donde Rico Mac Pato (Uncle Scrooge), Donald y sus sobrinos son sometidos a persecución por un submarino de “Brutopía”, para obtener una rara sustancia: el “bombastium”. Indudablemente se trataba de episodios de la “guerra fría”.[10]

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  En medio de esta encrucijada de la historia me encontré al terminar la secundaria en junio de 1962. En un discurso de despedida que me solicitó el Profesor Alfredo Delgadillo, director de la Escuela cité una frase de Kennedy que se había hecho famosa: “No pregunten qué puede hacer su patria por ustedes sino qué es lo que pueden hacer ustedes por su patria.” Cuando me enteré de su visita a México a fines de ese mes, me apresuré a pedirle permiso (y dinero) a mi padre para dirigirme a la ciudad de México: ahí estuve primero en la banqueta del Paseo de la Reforma del “Hotel Reforma” y después cerca de las rejas del atrio de la basílica de Guadalupe. Mi tía Imelda me regaló en esos días un libro llamado Cómo piensa y actúa el presidente Kennedy[11] que todavía conservo y fue uno de los primeros que formaron parte de mi biblioteca.

 

  3.- Una revista católica mexicana atenta al mundo.

  El anterior telón de fondo, que quizá podría omitirse pero no quise hacerlo, nos introduce al ámbito entre doméstico e internacional de ese año de encrucijada.

  Esta investigación, sin embargo, tendrá por objeto únicamente los números del semanario “Señal” correspondientes a los años 1961 y 1962.[12]

  “Señal” era una publicación a un tiempo de clara identidad católica y realizada por periodistas profesionales, la mayoría de ellos egresados de la escuela “Carlos Septién García”,[13] cuyo primer número apareció el 18 de julio de 1954, tanto sus reportajes como sus entrevistas y artículos de fondo son de una calidad que no palidece e incluso brilla con luz propia, delante de los demás medios del tiempo. Su lema era: “la revista digna de entrar en su hogar.” La dirigía José N. Chávez quien lo había sido de la escuela y Vicente Leñero, quien a partir de 1963 se orientó más hacia la novela y la dramaturgia era el jefe de redacción.

  La amplitud de los temas tratados en la revista da idea, por una parte, del cosmopolitismo de los editores avalado sin duda por el de Monseñor Miranda y por otra, la amplitud de los destinatarios, pues así como podían las noticias, entrevistas y comentarios de índole político interesar a los varones adultos y junto con las notas eclesiales también a obispos y sacerdotes, una buena parte de la revista se orientaba al núcleo familiar con énfasis en el bienestar de ésta y no faltaban las buenas reseñas sobre teatro, cine y espectáculos en general tanto de producciones mexicanas como internacionales.[14] En el ámbito internacional se le da bastante espacio, significativo de sensibilidad aguda, a cuestiones del “Tercer mundo”: la problemática de la descolonización en África y Asia y la corriente de los “no alineados”, poco tenida en cuenta en otras revistas mexicanas. El color propio de la Acción Católica quedó impreso en sus páginas, pero se nota el avance sobre la escena de algunos movimientos católicos más modernos, como el “Movimiento para un mundo mejor” fundado por el Padre Ricardo Lombardi, jesuita y el Movimiento Familiar Cristiano, de origen español, encabezado en México sobre todo por los esposos Álvarez Icaza. En materia política se dibuja una línea prudentemente crítica del gobierno, encabezado a nivel federal a partir de diciembre de 1958 por el Licenciado Adolfo López Mateos como presidente de la República, régimen calificado sin mucha reflexión primeramente de “extrema izquierda”, después de “atinada izquierda” y finalmente “de izquierda dentro de la constitución”. Como es claro, “Señal” no tenía nada de “revista de sacristía” sino que representaba la consonancia de católicos pensantes con preocupaciones más amplias.

 

  4.- La revolución cubana, revolución comunista.

  En 1961 era ya clara la situación de que la revolución cubana tenía carácter “comunista”.

Para la política exterior mexicana esta revelación representaba un problema de equilibrio, pues, por una parte, México había dejado clara su posición desde la conferencia de la Organización de Estados Americanos celebrada en 1954 en Caracas cuando John Foster Dulles, secretario de Estado estadounidense pretendió, ante el pretendido peligro de que Guatemala gobernada por Jacobo Arbenz era la “cabeza de playa del comunismo en América Latina” que se aprobara un documento sobre “la intervención del comunismo en el hemisferio”. En esa ocasión el representante mexicano Roberto Córdoba, con la asesoría de diplomáticos de larga carrera como Luis Padilla Nervo (jefe de la delegación) y José Gorostiza, se opuso a expresiones ambiguas como las citadas y dijo: “[…] Nos parece muy difícil emitir cualquier juicio razonable sobre la intervención de una ideología o de una organización política internacional, o de ambas cosas, en las repúblicas americanas, sin entrar inevitablemente al examen de situaciones locales que en derecho deben corresponder y deben seguir correspondiendo a la sola jurisdicción y a la exclusiva soberanía de cada Estado.”[15] Insistió la delegación mexicana en que tenían que reconocerse en concreto las actividades de intervención que podrían definirse como “[…] las actividades dirigidas, asistidas o instigadas por gobiernos, organizaciones o individuos extranjeros que tiendan a subvertir por la violencia las instituciones de las repúblicas americanas”[16] y los mexicanos trataron infructuosamente de que se aprobara una “Declaración de Caracas” que dejara claro el principio de “no intervención”: “[…] Toda nación tiene el derecho inalienable de dedicarse a la forma de gobierno y el sistema económico de su elección. En el continente americano es inadmisible que un Estado trate de imponer a otro su forma de gobierno, sus instituciones o su estilo de vida. El régimen político y la organización económica y social de los pueblos pertenecen esencialmente a la jurisdicción interna del Estado.”[17]

  Bajo esos principios había de juzgarse desde México la situación cubana en el ámbito internacional en sus pasos de 1959 a 1961. Y aunque esa fue la postura de fondo, en la práctica no faltó el pragmatismo, sobre todo en materia de política interna, la cual transitó de la simpatía abierta manifestada por el presidente López Mateos en 1960 a causa de la similitud con la revolución mexicana a la cautela. Escribió Olga Pellicer: “[…las] declaraciones de amistad hacia la revolución cubana obedecían más a necesidades de política interna…su objetivo principal parece que fue acentuar el estilo liberal y de izquierda que dio la tónica al gobierno lopezmateista durante los primeros años de su administración…la simpatía y el sentimiento de identidad entre la experiencia mexicana y la cubana comenzaron a desvanecerse a lo largo de 1961 para desaparecer por completo en enero de 1962. En la reunión de Punta del Este, celebrada en febrero de ese año, los acontecimientos de Cuba ya fueron presentados por los diplomáticos mexicanos como algo ajeno a las aspiraciones y valores de los países latinoamericanos.”[18]

 

    5.- El riesgo del avance comunista.

   La percepción del riesgo comunista y del avance sobre la geografía y sus estrategias de expansión no constituyeron para la Iglesia católica solamente un asunto político sino que trajeron consigo una percepción de mayor profundidad: la de una confrontación, además de pragmática e ideológica, de índole filosófica y teológica, ligada a la identidad cristiana y católica. Un decreto del Santo Oficio confirmado por el Papa Pío XII el 30 de junio de 1949 respondió negativamente a la pregunta acerca de la incompatibilidad de ser católico e “inscribirse al partido comunista o prestarle apoyo” pues “[…] el comunismo…es materialista y anticristiano y los jefes comunistas incluso si a veces de palabra profesan no combatir la religión, en realidad, sin embargo, tanto en la doctrina como en la acción, se muestran hostiles a Dios, a la verdadera religión y a la Iglesia de Cristo.” A la interrogante: “Si los fieles que profesan la doctrina materialista y anticristiana de los comunistas y sobre todo los que la defienden y propagan, por el hecho mismo, como apóstatas de la fe católica, incurren en excomunión reservada de un modo especial a la Sede Apostólica,” se respondió: “Sí.”[19]

  Por consiguiente, la ruta que llevó en México a la proclamación de la consigna: “¡Cristianismo sí; comunismo no!” y la campaña sostenida en esa línea por la revista “Señal” no respondieron sólo a la coyuntura de la posición política del gobierno mexicano, sino a una dinámica de congruencia interna. Sin embargo, lo expresado por Olga Pellicer es también una realidad histórica: “[…] en el movimiento religioso de México en 1961 se percibe la decisión de la Iglesia de ir más allá de la conocida retórica anticomunista, para lanzar una campaña de índole política cuyas dimensiones no se veían en México desde los años treinta.”[20]

  Un antecedente lo dio una carta pastoral de contenido claramente anticomunista emitida por Monseñor Octaviano Márquez Toriz, arzobispo de Puebla, en junio de 1960 con motivo de choques estudiantiles acaecidos en esa ciudad y que fueron calificados de “vandalismo rojo”. En ella se señalaba: “[…] Se engañan aquellos que creen que se trata de problemas puramente locales o de reducidos grupos de personas o que atañen sólo a ciertos aspectos económicos o estudiantiles de la vida local. Tenemos argumentos para afirmar que muchas de las cosas que están sucediendo en nuestra patria están profundamente ligadas a conjuras internacionales, a todo un plan mundial de destrucción de nuestra civilización cristiana.”[21]

  El primer número de “Señal” de 1961 destacó el hecho siguiente: “[…] Monseñor Pérez Serantes, arzobispo de Santiago de Cuba lanza en una vigorosa pastoral un grito de alarma contra el viraje hacia el comunismo del régimen de Fidel Castro: ‘No puede ya decirse que el enemigo esté a las puertas…está dentro, hablando fuerte, como que está en su propio predio.”[22] Y poco después se dio la noticia de que “[…] la tiranía castrista acaba de clausurar la revista católica ‘La quincena’, único órgano libre de opinión pública que quedaba.”[23]

  Se le dio amplio espacio a una emisión radiofónica que tuvo origen en Río de Janeiro, en la que el cardenal Jaime de Barros Cámara, arzobispo de la ciudad denunció “[…] la orden secreta dada por el Partido Comunista Chino…enfocada a abatir de raíz a la Iglesia como ‘aliada del imperialismo.’” Según el prelado, la consigna china es de infiltrarse en las organizaciones católicas sobre todo las de mujeres y de modo especial en las escuelas para “acaparar, mediante el espionaje y la iniciativa, la dirección ideológica de los estudiantes.” En una página completa se consignan los “ocho puntos” de la campaña sobre América Latina.[24]

  Como complemento a la preocupación por la educación católica, “Señal” expuso la amenaza expuesta abiertamente por el presidente cubano Osvaldo Dorticós de nacionalizar la educación católica. Ésta abarcaba “339 instituciones…con un total de 70,000 alumnos:” “Al paso que aprieta el cerco contra la educación católica, Fidel Castro ha dicho que piensa mandar mil niños cubanos a la Unión Soviética…anunció además que en el futuro sólo podrán enseñar los maestros preparados en tres grandes escuelas normales que abrirá en la Sierra Maestra…La asfixia de la educación católica corre pareja con el entrenamiento de tres mil maestros marxistas y el envío de centenares de jóvenes a Rusia y a otras ‘democracias populares.’ Hoy los rusos y checoeslovacos que deambulan por La Habana como ‘técnicos’ y hablan bien el español, son los niños que hace 25 años enviaron a Rusia los rojos de España.”[25]

  Después de la difusión de esos elementos noticiosos, “Señal” abrió el frente por medio de dos artículos de fondo: el primero, del Padre Lombardi titulado “Iberoamérica, empresa urgente de la Iglesia” en el que se advertía que, ante la penetración de la ideología comunista había que responder “multiplicando los grupos de penetración cristiana”[26] y el que constituyó propiamente el lanzamiento de la campaña en México: “¡Cristianismo sí! ¡Comunismo no!” del Padre Pedro Velázquez, Director del Secretariado Social Mexicano.[27]

  El artículo de Don Pedro es en verdad “de fondo.”

  Plantea en primer lugar cómo “la guerra de nervios publicitaria” del comunismo “a muchos deja perplejos [y] a otros desalentados:” “La táctica de esgrimir causas justas como ‘la emancipación económica de los pueblos y la paz del mundo’, hace que encuentre tantos adeptos…[pero] en la doctrina comunista las posibilidades tácticas le permiten tomar cualquier posición contradictoria y abandonarla con la mayor desenvoltura…lo que no cambia es la estrategia, la lógica interna del sistema, lógica brutal y criminal, que le permite llamar criminales y ladrones a los ‘imperialistas’, aunque él esté chorreando sangre de víctimas inocentes y tenga la rapiña en sus manos.” [28]

  Establece enseguida el terreno de la “lucha”, invisible detrás de las nubes publicitarias de ambos lados de ella: se trata de dos versiones del capitalismo materialista: “el práctico del capitalismo privado y el ideológico del supercapitalismo de Estado. Capitalismo y comunismo.”

  Analiza las trasformaciones del primero que, “sin cambiar de naturaleza, ha cambiado de forma:” “No se puede negar…que ha asegurado el desarrollo técnico occidental…[pero] conserva su incapacidad para orientar, para ‘objetivizar’ las inversiones en función de la importancia de la urgencia de las necesidades. Los cálculos económicos en que se embarca sobre previsiones aleatorias lo conducen a enormes despilfarros de investigaciones e instalaciones. Su necesidad de vender lo lleva a falsear la escala de las necesidades y los valores. Le interesa solamente la necesidad rentable, por absurda que sea. El hombre, en definitiva, no le interesa sino como vendedor de trabajo, como comprador de productos o como una ocasión de ejercer su poder.”

  Ve en el avance del capitalismo y sobre todo en su “inhumanismo radical”, el crecimiento de una reacción, radicada en el “materialismo ideológico y práctico del comunismo:” “El socialismo apareció como una reacción prohumana contra el capitalismo en cuanto sistema inhumano. El socialismo revolucionario fue absorbido por el comunismo.”

  Sin embargo, no le parece que exista un paralelismo exacto que pudiese justificar el anticapitalismo sin matices de la propaganda comunista: “Por las leyes sociales, el capitalismo ha debido tomar en cuenta las necesidades y los derechos de los trabajadores; por un principio de planificación ha debido racionalizar sus implantaciones de establecimientos y orientar de manera más objetiva sus inversiones; por la concurrencia más ordenada y la intervención del Estado ha debido disminuir sus márgenes de beneficio. Nuevas disposiciones podrían obligarlo a comportarse como si fuera inteligentemente humano y a integrarse en una economía orientada a la satisfacción ordenada de las necesidades más legítimas de la humanidad.”

  Advierte que la doctrina comunista “ha sabido ligar la ideología filosófica y la ideología económica” pero de una manera superficial, con “una explicación del mundo y de la historia demasiado simplista para parecer luminosa y demasiado compleja para decirse científica.” No obstante, “si el llamado Occidente continúa en sus errores y en su ingenuidad frente a la estrategia y las tácticas del comunismo, su crecimiento será más rápido todavía.”

  Llega al fondo del planteamiento al afirmar: “el error y la maldad del comunismo es su materialismo dialéctico, su filosofía negadora de Dios y del verdadero valor humano. ‘Intrínsecamente perverso’ llama Pío XI al comunismo…[29] La verdad pierde todo carácter absoluto. La inteligencia está fundamentalmente pervertida. La represión brutal asume un carácter universal. La alienación del hombre en el comunismo es la más espantosa que han visto los siglos. Si el hombre carece de espíritu inmortal, su voluntad es fruto de reacciones cerebrales que pueden provocarse en el sentido que quiera la facción, utilizando todos los medios técnicos modernos. El hombre es una cosa en manos de una dictadura implacable.”

  El autor de esas líneas aclara ciertas diferencias fundamentales: “Si condenamos el comunismo, de ninguna manera condenamos el movimiento obrero. En el plano doctrinal y en el histórico, no se identifica con el comunismo…es el esfuerzo de los trabajadores por ascender hacia una participación constructiva en la vida administrativa, política y cultural de la sociedad; esfuerzo anterior a Marx y más bien exigencia inderogable del cristianismo, que requiere el perfeccionamiento de toda persona humana y de todo grupo social. El anticomunismo de los católicos no puede ser una defensa de privilegios o de injusticias, sino la voluntad eficaz de comprender y favorecer el progreso moral y social de todos los hombres, pero sobre todo, rechazo de una teoría que ‘dogmáticamente’ niega a Dios y trata de explicar la religión como si los cristianos fuéramos una punta de imbéciles y ellos, los comunistas, los únicos monopolistas de la inteligencia humana.”

  La tarea de los cristianos—continúa—está en la búsqueda de una nueva civilización: “Los cristianos, que tanto tiempo hemos dejado que este mundo se edifique sin nosotros, tenemos la misión de anunciar a las generaciones venideras el mensaje de Jesucristo en Quien todo debe finalmente recapitularse y en Quien, desgraciadamente, tan pobremente hemos recapitulado la creación y la expansión humana.”

  Invita al “advenimiento de un orden nuevo” más conforme a la dignidad humana y lo dibuja lejos de un mundo clericalizado o medieval: “El mundo nuevo no será una cristiandad en el sentido teocrático y medieval de la palabra. El laicado ha llegado a la mayoría de edad y no tiene necesidad de ser suplido por el clero en las funciones que le son propias…los cristianos auténticos, profundamente imbuidos del ideal evangélico, tienen un papel más activo y más importante que nunca.”

  Traza un plan de acción concentrado en esta frase: “Tenemos la tarea de realizar una sociedad humana para todos. Que se caracterice por el respeto activo a toda persona humana y por la instauración eficaz del bien común.” Y tras el enunciado, desglosa los términos: “’ Respeto activo’ significa que no hay que contentarse con no perjudicar…sino [que] se le ayude al hombre a ser más hombre, a elevarse libremente. ‘Toda persona humana’ significa que no hay que detenerse por las barreras de nivel de vida, de la capa social, de la raza, sino que hay que preocuparse de lo que lo hace hombre: la educación y la cultura. ‘Instauración del bien común’ quiere decir que en todas las acciones la consigna es servir a la comunidad…que se trabaje por crear o mejorar el equipo colectivo y las instituciones jurídicas de tal suerte que resulte…una más grande solidaridad constructiva, generadora de seguridad y de paz. ‘Eficaz’ añade la urgencia…de hacerse capaz de servir a la colectividad y para los responsables económicos, políticos y culturales, el imperativo de coordinar con inteligencia y competencia los esfuerzos personales y de los grupos, a fin de armonizarlos.”

  Concluye invitando a no ser “solidarios de los errores de ningún imperialismo” y a caer en la cuenta de que “el único dilema, verdadero aun en el plano social es: ‘¡Cristianismo, sí! ¡Comunismo, no!”

  Es imposible leer esas frases sin palpar la madurez y equilibrio del Padre Velázquez, paladín de la doctrina social de la Iglesia tanto en sus aspectos teóricos como prácticos y comprender la altura de sus miras, no captadas por muchos en ese momento. La recia estructura del artículo lo pone a la par con los estudiosos católicos de la ideología soviética, por ejemplo, con el jesuita Gustav Wetter, quien introdujo con seriedad los estudios sobre marxismoleninismo en la facultad de filosofía de la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma.[30]

 

  6.- Militancia católica anticomunista.

  No cabe duda que el recio pensamiento del Padre Velázquez le dio a la postura de los católicos mexicanos frente al comunismo que se veía llegar desde Cuba una solidez singular.

 En abril se realizaron entrevistas con diversas personalidades mexicanas con la temática general: “¿Va México hacia el comunismo?”[31] Las respuestas fueron variadas pero más o menos en la misma línea.

  El Licenciado José González Torres, en ese momento presidente nacional del PAN. Él, sin decirlo explícitamente pareció afirmarlo, pues señaló como elementos de la estructuración comunista el “acaparamiento del proceso económico, el acaparamiento de la educación y la negación de la democracia como forma de vida política” e indicó: “en México se dan los acaparamientos y negaciones mencionadas.”[32] Interrogado más adelante el Ingeniero José Álvarez Icaza, éste afirmó de forma escueta: “De nuestra unidad dependerá la defensa, pues existen planes anticatólicos de los comunistas.”[33] Don Clemente Serna Martínez, empresario, presidente de la cadena Radio Programas de México reflexionó: “No es suficiente mantener una posición anticomunista y es negativo mantener una posición antigobiernista cuando éste realiza obras tendientes a mejorar las condiciones sociales.”[34] Y el periodista Manuel Buendía dijo con seguridad: “México no va al comunismo. No irá nunca: pero es claro que el comunismo está tratando de venir. No seremos jamás un país comunista porque se oponen a ello las fuerzas espirituales que conforman a la nación mexicana.”[35]

  El número correspondiente al 23 de abril llenó la portada con grandes letras que decían: “¡Cuba sí, Rusia no!”[36] A partir de ese número hasta el del 29 de octubre en las portadas se leía un cintillo con la frase: ¡Cristianismo sí, comunismo no! Ésta ocupó la portada del 30 de abril: “Definitiva posición mexicana: ¡Cristianismo sí! ¡Comunismo no!” en caracteres negros y rojos.[37]

  Se acercaba el septuagésimo aniversario de la publicación de la encíclica social del Papa León XIII Rerum Novarum en 1891. El 15 de mayo tuvo lugar en la explanada de la basílica de Guadalupe una magna concentración católica con más de 50,000 participantes en la que los oradores tomaron la palabra para advertir del riesgo del comunismo. Escribió sobre ella Vicente Leñero: “[…] En la fachada, una enorme imagen de la virgen de Guadalupe; abajo, frente a la puerta, un estrado y un micrófono. Mantas, cartelones por todas partes en los que se condenaba al comunismo, en los que se repetía el lema definitivo: Cristianismo sí, Comunismo no. Se repartían volantes, se entonaban himnos, se gritaba, había exaltación, entusiasmo.”[38] La invitación se había hecho por distintos medios, la revista “Señal” la presentó así: “Mexicano: ¿Te has enterado de lo que pasa en Chihuahua, Morelia, Puebla, Zamora, Guadalajara, etc.? Lucha por tu patria y tus ideas. México es un pueblo religioso, lo somos todos: trabajadores del campo y la ciudad, estudiantes y empresarios, artesanos y técnicos, profesionistas y amas de casa. ¡Cristianismo sí! ¡Comunismo no! Asiste el lunes 15 de mayo a las 19 horas al atrio de la Basílica de Guadalupe…”[39] En el número del día 22 se publicó una emotiva fotografía de una familia campesina bajo la lluvia con los siguientes titulares: “En el Tepeyac—centro de México—el pueblo se mantuvo firme la noche del 15 de mayo, bajo la lluvia.- En el centro de su Fe –amurallada de lealtad guadalupana—el pueblo mexicano se mantendrá siempre firme, frente a cualquier tempestad.”[40] El domingo 4 de junio se tuvieron también en Monterrey, Puebla y otras ciudades del interior, manifestaciones semejantes: “[…] La que se llevó a cabo en Puebla fue considerada por revistas conservadoras y de izquierda como ‘una manifestación sin precedentes en los últimos años.’”[41] En el número de “Señal” del 11 de ese mes se publicaron dos fotografías aéreas de las manifestaciones en Puebla y en León bajo el título: “México en pie.”[42]

  El 13 de junio, el arzobispo primado de México, Don Miguel Darío Miranda dio a conocer un mensaje “sobre el avance del comunismo en nuestra patria.”[43] Se trata de un documento que integra varios elementos de diversa procedencia: las noticias internacionales y nacionales percibidas por la sensibilidad católica, en especial los disturbios estudiantiles, el momento mexicano de la militancia de los católicos y los cambios  en la postura pública del gobierno del presidente López Mateos, finamente captados.

  Inicia el arzobispo su exhortación aludiendo a “acontecimientos recientes que han tenido repercusión nacional” y amplió el horizonte pues –dice--: “[…] desde hace varios años hemos tenido a la vista hechos perfectamente comprobados, síntomas ciertos de la infiltración del Comunismo en nuestro territorio y en diversos sectores de nuestra vida social.”[44] Por consiguiente, “[…] Nadie puede ya ignorar ni sentirse indiferente ante el peligro que nos amenaza. Deber nuestro es, por tanto, unir todos nuestros esfuerzos para impedir que sobrevengan a México los males irreparables que otros pueblos padecen hoy y cuyas consecuencias son cada día más funestas.”

  Exaltó enseguida la situación singular del país en el mundo por su historia y sus valores: “[…] Si México en el decurso de su historia…se ha desarrollado hasta llegar en nuestros días a ocupar un puesto justo, honroso y relevante en el consorcio de las naciones, esto es debido, después de Dios, a los esfuerzos de todos y no tan solo de un grupo. El progreso que ha logrado en el orden cultural, artístico, social y económico, no pudo ser posible sin una base de concordia que ha hecho resurgir la confianza interior y exterior en nuestra propia vida nacional; concordia que no puede explicarse suficientemente sin reconocer que es fruto principalmente de los valores espirituales que constituyen el más valioso patrimonio de nuestro pueblo. Son los principios cristianos la fuente de nuestra civilización y el alma de nuestra nacionalidad.”

  Miró, más adelante, a la defensa de la identidad propia ante los intentos de “establecer aquí el régimen de opresión y esclavitud con el que domina por desgracia a tantos pueblos” y subrayó la posición reciente del presidente López Mateos: “[…] Muy alentador por cierto, y motivo de fundada esperanza es saber que la Suprema Autoridad civil de nuestra patria ha dado en estos días público testimonio de la conciencia y de la apreciación del gravísimo mal que amaga a la nación y que además, orienta clara y acertadamente a todos los mexicanos a conjurar el peligro invitándonos…a remediar en su propia raíz aquellos males y deficiencias que entre nosotros son los motivos más propicios a la expansión del comunismo.”[45]

  Defendió más adelante el papel de la Iglesia como “factor importante en la vida y defensa de la patria”: “Ella por su naturaleza y por su misión, que la coloca por encima y fuera de toda política de partido, está precisamente destinada a predicar, difundir y preservar los principios cristianos.” Y señaló que la lealtad a esos principios, además de pedir el respeto y la colaboración con la autoridad en lo que atañe al bien comunitario, se traduce concretamente en: “[…] remediar con eficacia los daños que han causado la injusta distribución de la riqueza, el olvido o el desconocimiento de la dignidad humana en el ámbito del trabajo, el desentendimiento de la educación cristiana de la niñez y de la juventud, el relajamiento de los vínculos familiares que ha dejado a la niñez abandonada, desnutrida y expuesta, juntamente con la juventud, a todas las formas de perversión.”

  Al final del documento invitó a poner desde la fe confianza en la oración: “[que] todos los que tenemos la dicha de creer en Él, imploremos confiadamente Su auxilio, especialmente en estos tiempos en que tanto lo necesitamos.”

Al filo de estos acontecimientos y tomas de posición, se descorre la cortina que pone en primer plano, con luminosidad cegadora, el Concilio Ecuménico Vaticano II que habría de celebrarse un año más tarde. El 11 de junio dio a conocer “Señal” en un encarte especial un artículo de Jean-Paul Dubois-Dumée, director adjunto de “La Vie Catholique Illustré” y de “Informations Catholiques Internationales” así como presidente del Centre National de Presse Catholique en Francia, con un título provocativo: “¿Estamos todos ‘en estado de Concilio’?’”[46]

 

  7.- La Iglesia en México, ¿en “estado de Concilio”?

  No temo equivocarme al decir que los católicos mexicanos en edad adulta en esas fechas no se encontraban “en estado de Concilio”. El mismo episcopado, convocado para tomar parte en las sesiones que se avecinaban había respondido a los cuestionarios enviados con formalidad y más de algún apunte de deseo de renovación, pero no mostraba entusiasmo. Quizá la situación peculiar de la Iglesia en el contexto sociopolítico mexicano y la impresión de que las problemáticas teológicas eran ocupación de universidades y tal vez de ambientes europeos de pensamiento se encontraban activas en su ánimo.

  José Miguel Romero de Solís, como fruto de la consulta de las actas oficiales del Concilio, que reúnen materiales a partir de 1959, hizo un interesante resumen de las preocupaciones mostradas por los obispos mexicanos en las consultas previas a su celebración.[47] Sigo esas páginas.

  En primer lugar, el episcopado reitera una solicitud que se había hecho al Papa Pío XII en 1955 a fin de que se declarara dogma de fe la maternidad espiritual de la Virgen María.

En relación con el ejercicio del ministerio episcopal se sugiere que, a fin de completar la teología del episcopado del Vaticano I, quede clara la potestad plena en relación con la grey encomendada, a fin de que no parezca simples delegados del Papa en un territorio. Les preocupa también la formación permanente de los sacerdotes y la formación en los seminarios, sugiriendo que dentro de ésta se hagan algunas interrupciones para que los candidatos se conozcan mejor a sí mismos y las circunstancias de la sociedad a la que van a servir. Les parece que deben desaparecer los beneficios eclesiásticos y facilitar la movilidad de los párrocos. En cuanto a los religiosos, sobre todo sacerdotes, se hizo ver la problemática de la “exención”, entendida muchas veces como separación de las prioridades diocesanas. Por lo que toca a los laicos, se notó cierta timidez en cuanto a la aceptación de nuevos movimientos fuera del esquema tradicional de la Acción Católica, aunque también, dada la escasez de sacerdotes, se pidió la posibilidad de concederles ministerios. Hay muy poca preocupación por el ecumenismo y más bien se insiste en una acción antiprotestante. “Algunos doce obispos piden la condenación del comunismo y uno más la condenación simultánea del capitalismo.” Piden la reforma del Código de Derecho Canónico, una legislación más adecuada en materias económicas y cambios en los procedimientos del Santo Oficio. Se solicita también el uso de la lengua vernácula en la Misa y los sacramentos y la reforma del Misal y el Breviario romanos. Alguno habló del aumento en la edad de recepción de la confirmación y de una catequesis adecuada. “Los problemas morales que más abruman al episcopado son el control natal y la moral sexual dentro y fuera del matrimonio. Otros temas apenas son apuntados. Se tiene conciencia de la ignorancia religiosa…y de la necesidad de evangelizar, pero hay poca insistencia en el tema: se habla genéricamente de un texto único de catecismo y de fomentar la instrucción religiosa.”

  En este ambiente, pues, se dio a conocer el texto interrogativo de Dubois-Dumée, dirigido en especial a los fieles laicos.

  Expresó al comienzo: “[…] Será el más grande acontecimiento religioso de la época moderna…un acontecimiento que a todos nos concierne, pero para el cual nadie, o casi nadie se prepara seriamente. ¿En qué —dirán los lectores—nos concierne este acontecimiento? Son los obispos los que van a reunirse…Los que así razonan no han comprendido nada de la Iglesia. De antemano se resignan a no ser más que miembros muertos de ella. Olvidan que los obispos…son también testigos de la fe de su Iglesia y por consiguiente, de la fe de nosotros los fieles.”

  Y asomándose a la historia, propuso estas consideraciones: “[…] Tan perdida se encontraba la tradición [de los Concilios] que muchos creían a esta institución…definitivamente olvidada, sobre todo después de la definición de la infalibilidad pontificia por el Concilio de 1870…las modernas obras de teología apenas tratan [del tema] y conozco periodistas que no se atrevían a escribir que una tal asamblea pudiera ser útil…Y sin embargo, la decisión más importante que todas las condenaciones del Santo Oficio y todos los congresos eucarísticos ha sido tomada…por un Pontífice que la prensa había presentado un poco desdeñosamente como ‘Papa de transición.’ El 28 de enero [de 1959]…lanzó, con su voz invariable y su aire afable, la gran noticia del Concilio. El mismo Papa dirá que eso fue como ‘la flor espontánea de una primavera inesperada.’”

  El Doctor Dubois-Dumée consideró el Concilio que se anuncia como “una especie de gran examen de conciencia de la Iglesia sobre sí misma, de una revisión de vida y si no de una reforma (el término es ambiguo), al menos de una ‘actualización’ (aggiornamento, como dicen los italianos).” Subrayó que la reunión habrá de confrontar “los errores modernos [y] en particular el comunismo…Muchos obispos han insistido sobre este punto” y citó con amplitud la mente de Juan XXIII, impregnada de realismo y caridad: “Con la gracia de Dios celebraremos el Concilio y procuramos prepararlo teniendo a la vista lo que es más necesario reformar y reavivar en el seno de la familia católica, conforme al deseo de Nuestro Señor. Luego…presentaremos a la Iglesia en todo su esplendor y diremos a nuestros hermanos separados: Mirad, hermanos, esto es la Iglesia de Cristo. Nos hemos esforzado en serle fieles…Venid; este es el camino del encuentro, del retorno; venid a tomar o retomar vuestro lugar que, para muchos de vosotros, es el de vuestros padres.”

  Y concluyó invitando a la reflexión: “[…] ¿Qué valdría esta ‘revisión de vida’ si no participamos en ella? ¿Es suficiente nuestro trabajo apostólico en el lugar en que estamos?...¿Tenemos conciencia de la creciente indiferencia religiosa, en gran parte debida al desarraigo geográfico y psicológico, debido también, quizás, a nuestro propio sopor? Es mucho más fácil criticar a tal obispo, a tal movimiento…La ‘actualización’ debemos hacerla nosotros mismos.”

  El mismo día que en el atrio de la basílica de Guadalupe tuvo lugar la magna concentración para conmemorar el aniversario de la Rerum Novarum, el Papa Juan XXIII emitió su encíclica programática Mater el magistra, “sobre el reciente desarrollo de la cuestión social.” Ese documento, como se ha reconocido, marcó un parteaguas en la documentación pontificia. Además de resumir el magisterio social de setenta años, indicó criterios útiles para su aplicación incluso fuera del ámbito eclesial. Señaló derroteros sus líneas acerca de la intervención de los poderes públicos en el campo económico, la socialización, la remuneración justa del trabajo y la presencia activa de los trabajadores en las empresas, así como  la necesidad de adaptación entre el desarrollo económico y el progreso social tanto en el nivel de las naciones como en el internacional. Un punto de gran interés en esa encíclica es la advertencia ante la depresión del sector agrícola y la valoración de la dignidad de los agricultores. Ellos “[…] deben poseer una conciencia clara y profunda de la nobleza de su profesión. Trabajan, en efecto, en el templo majestuoso de la Creación y realizan su labor, generalmente, entre árboles y animales cuya vida, inagotable en su capacidad expresiva e inflexible en sus leyes, es rica en recuerdos del Dios creador y providente.”[48]

  La importancia de este gran documento llevó a que se organizara en México a principios de agosto una presentación en el medio que se consideró más apropiado: la Universidad Nacional Autónoma de México. Estuvieron presentes y actuantes el Padre Pedro Velázquez y Vicente Lombardo Toledano. Este último, si bien no dejó de mostrar ciertos prejuicios, entendibles por su vieja trayectoria, manifestó su interés en que se profundizara en los abundantes temas que proponía la encíclica.[49]

 

  8.- ¿Revolución mexicana o revolución cubana?

  Las noticias sobre Cuba y sobre el Concilio escasearon en los meses siguientes. Se perfilaba, sin embargo, un campo de discusión a propósito de la iniciativa del gobierno mexicano de implantar un libro de texto único –gratuito y obligatorio--para la instrucción primaria tanto en los planteles públicos como en los particulares. El régimen lopezmateista parecía consolidarse, el de Castro alinearse con claridad al bloque socialista y en la OEA había que definirse.

  El 1 de diciembre de 1961 se festejaron en la explanada del “zócalo” de la ciudad de México los tres años del inicio de la presidencia del Licenciado López Mateos: “[…] fueron llevadas, de dentro y fuera de la capital, un total de 200 mil ó 300 mil personas (los diarios no se pusieron de acuerdo en las cifras). Calificó a la manifestación como muestra ‘expresiva de la solidaridad del pueblo hacia sus instituciones y de adhesión a la política que nos hemos trazado…” Hizo hincapié en los “principios y objetivos de la revolución” como “el mejor baluarte para impedir retrocesos o desvíos” y advirtió: “…todo movimiento tendiente a confundir al pueblo, así se encubra con piel de oveja de los rebaños negros o de los rebaños rojos, está destinada al fracaso. El pueblo sabe bien dónde está la Revolución y que quienes quieren explotarla para egoístas fines políticos, se encontrarán con su enérgico repudio.’”[50]

  El comentario de los editores de “Señal” es palmario: “Con estas palabras celebró el presidente los tres primeros años de su régimen. 200 mil ó 300 mil personas --¿rebaños de qué color?—lo aplaudieron.”[51]

  Por esos días también fueron hechas públicas “definitivas declaraciones” de Fidel Castro acerca del “camino por el que pretende llevar a Cuba: “[…] el mundo está en marcha hacia el comunismo…Se declaró marxistaleninista ‘hasta el día en que muera…’[52] Señaló que el programa de su partido –único en Cuba—será marxistaleninista ‘pero no estará abierto a todos, sino quedará restringido a los revolucionarios probados.”

  El comentario editorial fue: “Las declaraciones…no fueron consideradas como algo nuevo, pero sí se dijo que eliminaban ya cualquier clase de duda sobre el régimen que impera en Cuba. Declaraciones que habrían de ser determinantes en la reunión del Consejo de la OEA.”[53]

  Acerca del voto en contra de México a la proposición colombiana de condenar el régimen castrista ya he hecho comentarios páginas atrás. Para los editores de “Señal”, sin embargo, no dejó de ser preocupante esta acción: […] fue aprobada por votación de 14 contra 2 la proposición de que las naciones del Continente estudien –nada más estudien—una acción colectiva con respecto al régimen de Castro…México dijo que no se desentendía del hecho de que las declaraciones del primer ministro Castro ‘casi en vísperas de esta reunión han introducido elementos de índole político en el estudio de este problema’ Sin embargo, nuestro país agregó que pese a todo votó contra la proposición colombiana por su tradicional apego a las normas jurídicas.”[54]

 

  9.- Llegó 1962.

  De esa manera llegó el año de 1962. La portada del número de enero de la revista “Selecciones” presentaba una serie de relojes antiguos de bolsillo del Museo de Gildhall en Londres. Al lado de artículos sobre cuestiones del hogar como: “Otra victoria contra el catarro”, “Qué espera la mujer del marido” o “Accidentes que pueden evitarse”, se introducen algunos que tocan temas de la “guerra fría”: “Aliados secretos de Occidente” en el que se condensa el artículo de Marguerite Higgnis, del “Herald Tribune” acerca de cómo “Alemania Oriental, polvorín de insatisfacción y revuelta…es prueba patente de la debilidad del Imperio soviético. Allí puede encontrar el Occidente una de sus más poderosas armas: el odio de millones de seres a sus amos comunistas.[55]” Un artículo de Robert Strother denominado “Bases subterráneas para proyectiles atómicos”, expone la “cadena fantástica de fortalezas bajo tierra, la obra de ingeniería más grande de la historia [que] se está construyendo en los Estados Unidos para la defensa del mundo libre,”[56] advertencia no muy velada a la proliferación de proyectiles teledirigidos soviéticos. Además, se incluyó un artículo condensado de “Time” titulado “Informe sobre Vietnam”. En éste, presentado con el enunciado: “Ya es algo tarde, pero tal vez no demasiado tarde, para salvar al Asia sudoriental, se habla de la infiltración comunista desde el Norte, al Vietnam del Sur: “Todas las noches, furtivas bandas de guerrilleros comunistas, vestidos con el negro atavío de los campesinos o llevando desteñidos uniformes caquis, se deslizan en silencio a lo largo de los senderos selváticos de Vietnam del Sur, para proseguir su criminal misión…”[57] Estos temas, pues, estaban en la mesa de los lectores mexicanos principalmente de la clase media.

 

  El asunto del voto mexicano en la OEA no dejó de causar revuelo.

  “Señal”, en unas páginas especiales explicó “Qué es la OEA”. Partiendo de la idea de Bolívar y del Congreso de Panamá, pasando por la Conferencia Continental de Washington en 1899 y la Unión Panamericana, dio a conocer a causa de que “en estos días se ha estado hablando sin cesar de [ella] pero muchas personas no saben exactamente qué es.”[58]

  Un texto firmado por Horacio Guajardo comentó el discurso que el Secretario de Relaciones Exteriores mexicano, Don Manuel Tello, pronunció en la VIII Conferencia de Cancilleres de la OEA en Punta del Este, Uruguay. Éste, de acuerdo al autor, “despejó incógnitas y señaló posiciones.” Comenzó el Embajador Tello: […] Nuestro organismo regional no está compuesto ni de satélites ni de autómatas sino de pueblos libres que, en el ejercicio de la más pura democracia, exponen honestamente su opinión…existe una incompatibilidad radical entre la pertenencia a la Organización…y una profesión política marxistaleninista, como lo sería también una profesión monárquica absoluta. Con la misma energía con que defendemos el derecho de autodeterminación de los pueblos –del pueblo cubano por consiguiente, sostenemos que es inconciliable la calidad de miembro…con la adopción de un régimen de gobierno cuyas características no son las de las democracias representativas.”

  Más adelante explicó el canciller las características del régimen constitucional mexicano subrayando que “el Estado mexicano no ha pretendido jamás invadir aquello que en la milenaria tradición de la cultura occidental se considera el dominio reservado del hombre como tal, es decir, la intimidad intelectual, estética, religiosa y familiar de este maravilloso y supremo centro de autodeterminación que es la persona humana…Por infieles que hayan sido…algunos de nuestros gobiernos a los principios y normas de la democracia representativa, jamás había declarado alguno de ellos sustentar una filosofía política distinta.”

  Guajardo sacó sus conclusiones: “[…] La dictadura castrista (marxistaleninista) o las dictaduras como las de Stroessner –o aquéllas de Perón, Rojas Pinilla, Pérez Jiménez, Trujillo—no se identifican con la democracia. Tampoco las infidelidades restantes…”[59]

  De alto interés son las declaraciones del Padre Rafael Vázquez Corona, Asistente Eclesiástico de la Acción Católica Mexicana sobre las palabras del canciller Tello.

  Le parece importante que haya mencionado el tema de la “filosofía política distinta”, “[…] que fue por primera vez proclamada en nuestro continente en las declaraciones hechas por el doctor Fidel Castro el 14 de diciembre de 1961: Con todo equilibrio el señor Tello presenta…la función del Estado como gestor del bien común…Sus frases son muy valiosas y exactas: ‘México es un país que al mismo tiempo que persigue la justicia social sustenta el más profundo respeto a la dignidad de la persona humana.’”

  “Por último –señaló Vázquez Corona—tomando las palabras del señor presidente de la República, nuestro Secretario…deja claramente sentado que la postura de México, el cual defiende con energía la independencia de los pueblos, no puede ser de ‘neutralidad’ ya que la neutralidad significaría indiferencia culpable y complicidad con los crímenes y opresiones imperialistas y despóticos, que el comunismo pretende implantar en América Latina.”[60]

 

  10.- El libro de texto único y obligatorio. ¿O gratuito?

  De Cuba llegó el rumor y más tarde la noticia confirmada de la adopción de un libro de texto único para la enseñanza. Y aunque en México la idea de distribuir gratuitamente los textos escolares de primaria no era reciente, pues ya en 1944 Don Jaime Torres Bodet había advertido sobre el costo y la calidad de los libros que acompañaban la educación de los niños, fue el presidente López Mateos quien el 12 de febrero de 1959 fundó la Comisión Nacional de Libros de Texto Gratuito. La interpretación oficial, desde luego, insistió e insiste en la gratuidad: “[…] la visión de que el libro…además de un derecho social, fuera un vehículo que facultara el diálogo y la equidad en la escuela…Las críticas iniciales a tan magno proyecto no se hicieron esperar, ya que la Comisión, aun siendo un organismo público, otorgó desde el principio libros en forma gratuita a instituciones privadas; el presidente simplemente respondía: ‘todos son niños y todos son parte de nuestro pueblo.’ Los primeros libros eran un tema crucial, por lo que su diseño debía ser minucioso, a fin de no contener expresiones que suscitaran rencores, odios, prejuicios o controversias. Esta titánica tarea fue encomendada a Martín Luis Guzmán, un militar, periodista y literato de gran envergadura, ganador del Premio Nacional de Literatura en 1958.”[61]

  Sin embargo, la percepción por parte de amplios sectores mexicanos y la casi simultaneidad con las acciones del régimen cubano, se inclinó más hacia el aspecto de monopolio ideológico y fue éste el que destacó en las protestas que llegaron a tener dimensiones muy altas. Monseñor Miranda dejó escrita su experiencia: “[…] Uno de los conflictos más difíciles de enfrentar…fue motivado por los libros de texto. El problema empezó cuando, en 1961, el presidente López Mateos, a iniciativa del Secretario de Educación, Doctor Jaime Torres Bodet, emitió un decreto para distribuir “gratuitamente” los libros de texto al gran número de niños de escasos recursos. Al analizar el decreto vimos que, si bien con ello se beneficiaba a un gran sector de la población escolar infantil, había, sin embargo, un elemento que no podíamos aceptar, ya que el texto gratuito se imponía como texto obligatorio y consecuentemente único, lo que venía a reforzar el monopolio educativo del gobierno y a empobrecer el horizonte del conocimiento y de la cultura. Las reacciones no se hicieron esperar y es digno de ser notado que se originaron primeramente en la sociedad, especialmente de parte de la Unión Nacional de Padres de Familia.”[62]

  Hubo protestas en distintos lugares del país, pero la más significativa, precedida por conversaciones con el gobernador de Nuevo León Emilio Livas Villarreal y su Secretario de Educación Profesor Timoteo L. Hernández, fue la que tuvo lugar en Monterrey el viernes 2 de febrero de 1962.

  Un emotivo reportaje, firmado por Gabriela S. Duarte, llenó tres páginas de “Señal” con la reseña del acontecimiento y fotografías del mismo, cortesía del diario regiomontano “El Norte.”[63]

  “[…] Es difícil describir lo que sucedió…pero quizá la historia futura recuerde esa fecha como la alborada de la gesta cívica que emprende el pueblo mexicano para la reconquista de sus derechos…algo tan natural, que todas las naciones civilizadas de la tierra –exceptuando los países totalitarios—los consideran uno de los inalienables derechos humanos: el de los padres a educar a sus hijos según su propio criterio y no de acuerdo a un sistema impuesto por el Estado.

  “[…] El ambiente de Monterrey parecía electrizado…Las adhesiones de simpatía al movimiento eran cada día más generales. El entusiasmo popular crecía como una avalancha…Casi en su totalidad la industria, la banca y el comercio anunciaron el cierre de sus establecimientos para dar a sus empleados la oportunidad de asistir a la manifestación. Este cierre voluntario y espontáneo…costó varios millones de pesos…pero, ¿qué importaba el dinero a quien defendía valores espirituales?

  “[…] los agitadores comunistas…comenzaron a lanzar amenazas telefónicas contra los miembros de la comisión organizadora…El Licenciado Luis Santos de la Garza, Gerente del Banco Comercial, se presentó en un programa de televisión para hacer responsable al gobernador si algo le sucedía a su familia, pues ya estaba cansado de recibir amenazas…[64] Los incógnitos agitadores pasaron a los hechos y se introdujeron violentamente en tres escuelas oficiales a amenazar con secuestro a algunos alumnos si los padres de ellos o los maestros acudían a la manifestación…La atmósfera regiomontana se caldeaba por momentos…aunque el Licenciado Livas había dado su autorización y declarado en rueda de prensa que se otorgarían todas las garantías…se aplicaron todos los reglamentos de tránsito para impedir que entraran a la ciudad camiones de redilas cargados de campesinos de las rancherías cercanas…se prohibió aumentar el número de camiones de pasajeros con ruta a la Alameda Mariano Escobedo –punto de reunión—ocasionando que racimos de gente se aglomeraran inútilmente en las esquinas lejanas.”

  La reportera siguió paso a paso los antecedentes y la realización de la manifestación. Entrevistó a personas del pueblo, observó que el gobernador estuvo presenciando el paso de la gente y que “[…] trataba de aparecer sereno pero se veía pálido, tenso, nervioso” y dio razón de las palabras de los oradores, quienes subrayaron tanto el derecho a la educación libre como los deberes del Estado y el riesgo del comunismo. El gobernador tomó la palabra asegurando “[…] que no existe en el nuevo sistema educativo que se trata de implantar ninguna interferencia ideológica. Invitó a los padres de familia a formar una comisión para que discuta y señale lo que considere lesivo en dicho método. Enfatizó, sin embargo, que hay leyes que deben cumplirse y que la reforma educativa no va contra esas leyes.” Al final habló Luis Santos de la Garza dirigiéndose al gobernador Livas: “[…] Tiene usted una oportunidad que nunca antes ha tenido ningún gobernante en México: la de gobernar a un pueblo de ciudadanos libres, no de borregos…” Y concluyó el reportaje: “La lluvia había cesado hacía pocos minutos. El sol, limpio, brillante y cálido, salió con ganas de ver los rostros firmes, entusiastas, decididos, de un pueblo tan grandioso, tan extraordinario como el de Monterrey cuando defiende sus derechos.”

  Como es patente, la oposición al libro de texto tenía como fundamento principal el monopolio educativo de base; no obstante, también se hicieron críticas puntuales acerca de los contenidos, principalmente en cuanto a la versión “oficial” de la historia de México y sobre el “naturalismo” en cuanto al ser humano, su personalidad y la sexualidad. La crítica a la versión oficial de la historia no procedió únicamente de los ambientes católicos; la Doctora Josefina Zoraida Vázquez, por ejemplo, realizó observaciones concretas sobre ciertos rasgos de los datos históricos incluidos en los textos.[65]

  El colofón de estos asuntos lo narró Don Miguel Darío Miranda: “[…] Dentro de esta organización [la Unión Nacional de Padres de Familia], como suele suceder en los grandes grupos, había diferentes posturas y estrategias: algunos, tomando en cuenta los aspectos positivos del decreto, estaban dispuestos a negociar con las autoridades para atenuar los reconocidos inconvenientes de la iniciativa. Pero la mayor parte de la organización optó por una oposición firme y a veces agresiva…Los señores obispos juzgamos que no era conveniente dejarse arrastrar a un enfrentamiento abierto con el gobierno, lo que podría traer graves consecuencias. Estuvimos de acuerdo en promover la defensa de los derechos de los padres de familia, especialmente el derecho a la libertad de enseñanza, pero juzgamos que habría que hacerlo por caminos de entendimiento. Algunos hermanos obispos decidieron publicar una carta pastoral, con el significativo título de Exhortación pastoral sobre la paz escolar en México.

  “Por mi parte, y por mi situación como arzobispo de la capital, me pareció prudente evitar toda polémica verbal y más bien opté por buscar un diálogo discreto con las instancias encargadas de la composición de los libros de texto. Esta determinación la tomé después de largas consultas con los dirigentes de la Confederación Nacional de Escuelas Particulares y del Secretariado Arquidiocesano de Educación. Escuché en especial a personas de reconocida experiencia como el Padre Joaquín Cordero [jesuita], el Hermano marista José González Villaseñor y el Licenciado Jorge Martínez Gómez del Campo…invitamos a las congregaciones religiosas especializadas en la enseñanza que aceptaran participar en el concurso convocado por la Comisión de Libros de Texto para la redacción de los dichos textos. La participación de los maestros católicos que aceptaron el reto y trabajaron en equipo con los pedagogos de la Secretaría, fue notable por su calidad y así se logró ir mejorando en aspectos fundamentales la orientación y el contenido de los libros…”[66]

  A pesar de todo, la paciencia del presidente López Mateos no fue demasiada y al menos verbalmente, atacó a quienes se habían opuesto a la imposición del texto. En el informe anual, expuesto el día 1 de septiembre de 1962 dijo: “[…] Se mantuvo invariable la postura tradicional de respeto a la libertar de creencias, pero continuó recomendándose la observancia estricta de las disposiciones legales relativas a cultos religiosos y disciplina externa, pues sólo con [su] cabal cumplimiento puede prevalecer el clima de tranquilidad pública por el que el pueblo luchó y se organizó jurídica y políticamente hasta darse la constitución en vigor.”

  Y también, directamente al tema educativo: “[…] En el caso de los libros de texto, como en el de los programas de estudio renovados con hondo sentido mexicanista y de mayor eficacia práctica, ciertos elementos han intentado desorientar a los mexicanos. Cuando el gobierno se empeña más que nunca en cumplir los mandatos de nuestros grandes movimientos de independencia, autodeterminación y justicia social, sorprende que haya quienes invoquen lo que llaman dolosamente libertad de enseñanza para luchar contra la enseñanza. Frente a tal actitud, que contrasta con la voluntad de concordia y progreso cívico de la inmensa mayoría del pueblo, hemos de repetir que por encima de cualquier sectarismo, se yergue la constitución de la República.

  “La paz de la escuela es la paz de México. No la enturbien quienes, con pretexto de sus creencias pero con impulso real de sus pasiones, pretenden ignorar o desconocer que la libertad de creer no sólo es una garantía vigente en nuestras leyes sino, lo que es evidente, una condición de nuestra vida social.

  “Para que los mexicanos sigamos siendo como queremos ser y como hemos sido, es preciso que todos comportemos unos pensamientos básicos sobre nuestro país, nuestra historia y nuestros anhelos. Los textos escolares gratuitos, elaborados por autores insospechables de sectarismo, tienden a esa finalidad.”[67]

 

  11.- John F. Kennedy visita México.

  La noticia que ocupó gran espacio en la segunda quincena de junio de 1962 fue la visita que realizaría a México el presidente de Estados Unidos, John F. Kennedy y su esposa Jacqueline. La emoción popular se desbordó sobre todo a su paso por las calles de la capital del país y en el atrio de la basílica de Guadalupe.

  Esta emoción puede palparse en las líneas de reportaje firmado por Domingo Álvarez Escobar[68]: “Las cosas dieron principio cuando el gigantesco Boeing de cuatro turbohélices matrícula 86972 con la bandera de las barras y las estrellas en el timón trasero cruzó por el cielo, al oriente de la plataforma, exactamente a las 10.50 horas del viernes 30 de junio.” De ahí, al centro de la ciudad de México y después a la casa presidencial de Los Pinos: “[…] Al arribar al zócalo, las campanas de catedral fueron echadas al vuelo mientras que la multitud prorrumpió en aclamaciones desde la explanada y las banquetas…dieron una de las más entusiastas bienvenidas de que se tenga memoria en la historia de la ciudad…En El Caballito los mariachis estaban tocando La Feria de las Flores. En el monumento a Cuauhtémoc otro conjunto tocaba “Guadalajara”. En Chapultepec, en la calzada principal del bosque estaban los charros y las chinas poblanas…El acto principal del último día…fue su visita a la basílica del Tepeyac para asistir a la misa dominical celebrada por el arzobispo primado de México…Esta visita escozió a las esferas oficiales…Durante varios días las declaraciones se deslizaron por la delgada superficie de una ridícula cuerda floja en la que danzaron las palabras y las ideas en prodigio de malabarismos para tratar de explicar lo inexplicable y absurdo: la ausencia del gobierno en el acto, el más significativo de todos para el pueblo, en su inmensa mayoría católico.”

  Más allá de la emoción hubo largas charlas, privadas algunas y acompañadas de funcionarios y diplomáticos otras. No trascendieron los temas, aunque bien pudieron reconocerse en la declaración conjunta de quince puntos que se dio a conocer al final de la visita. Domingo Álvarez escribió a propósito de la “amplia discusión política” que tuvieron los presidentes: “[…] Algún reportero preguntó si…había sido tratado [el problema] de Cuba. Se le dijo que había libertad para interpretar qué tan ‘amplia’ había sido esa discusión.”

  En ella quedaron claros los principios de “no intervención” y de “autodeterminación de los pueblos” dentro del marco que indica “oponerse a las instituciones totalitarias y a las actividades que sean incompatibles con los principios democráticos.” Del mismo modo se afirmó que el acuerdo de Punta del Este de agosto de 1961 propone una asociación “en un vasto esfuerzo sin precedente para aumentar el bienestar de todos los habitantes del hemisferio.” También quedó escrito: “El presidente Kennedy reconoce que la meta fundamental de la Revolución Mexicana es la misma que la de la Alianza para el Progreso: justicia social y progreso económico dentro de un marco de libertad tanto individual como política.”

  Se explicitaron algunos temas de diálogo como los relativos a la ONU, el desarme, la economía mixta, a los productos mexicanos de exportación, a la salinidad del Río Colorado y al viejo litigio sobre “El Chamizal” entre El Paso y Ciudad Juárez. Expresaron que “tuvieron la oportunidad de congratularse de la forma en que vienen colaborando sus gobiernos para erradicar el tráfico ilícito de estupefacientes y convinieron en que redoblarán su empeño y su colaboración para poner fin a esta criminal actividad.”

  Por último, “terminaron sus conversaciones subrayando su propósito de que cualesquiera que sean las diferencias que ocasionalmente puedan surgir…los dos gobiernos deben resolverlas dentro de un espíritu de acendrada amistad, ya que están fundamentalmente unidos en el mantenimiento de la libertad y la dignidad del hombre, valores por los que lucharon los antepasados revolucionarios de ambos países.”[69]

 

  12.- Más sobre infiltración comunista.

  La preocupación por los cambios radicales que se vivían en Cuba y por la “infiltración” comunista en México continuó de manera intensa.

  El 17 de junio se reprodujo en una página completa una carta enviada desde Ometepec, Guerrero en donde Felipe Vidales Luna le reportó al Licenciado Ignacio García Téllez, “siempre querido maestro y camarada”[70] acerca de sus tareas de “agitación”: “[…] Con el camarada Luis A. Gil hemos estado organizando las células convenientes. Él se entrevistó en un poblado que se llama Huajintepec con la camarada Macrina Rabadán,[71] quien le dio toda clase de instrucciones…La delegación del Politécnico de antropólogos llegó sin novedad y…los distribuí…por todos los municipios de este distrito y ya llevan a usted un estudio somero de la región…[y] sobre todo un plano de la región que los indolentes costeños ni siquiera han soñado con hacer. El domingo 4 [de febrero] estuvimos a punto de tomar la protesta de la primera célula visible, pero por nexos familiares de una camarada, un medicucho de este lugar, fanático y mocho quien por esconder los cobros exagerados que hace se confiesa y comulga cada viernes primero de mes…fuimos descubiertos y unas santuchas junto con el cura del lugar, un fanático de nombre Félix Bello, se valieron de la ignorancia del pueblo e hicieron una manifestación que no tuvo ningún éxito pues las masas no les respondieron ya que están de corazón con nosotros. Tengo conocidos a los de esta región y son puro ruido y puro grito pero nada de acción…por lo cual deberá venir una segunda excursión ya que siguiendo los lineamientos de nuestro maestro Marx y del gran Lenin, las escaramuzas es hasta conveniente por táctica perderlas para ganar adeptos más a fondo, pues he seguido convenciendo gente y he sembrado [la] división y desorientación que darán entrada a la convicción de que el Partido Popular Socialista triunfará para siempre en el mundo entero, pues los yanquis capitalistas tendrán que ser aplastados como gusanos…”

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  A fines de julio se dio a conocer la opinión del obispo auxiliar de La Habana, exiliado en Los Teques, Venezuela, Eduardo Boza Masvidal.[72] Él reconoció que se trata de una lucha espiritual y que “no solamente tenemos que unirnos para luchar contra algo sino para luchar por algo.” Consideró que “en Cuba y en otros muchos países latinoamericanos el laicismo de Estado no es laicismo sino ateísmo práctico. Si combatimos al comunismo porque es ateo, tenemos que empezar por no ser ateos y aprender del comunismo a darle toda la importancia que se merece al problema de la formación de la mente de nuestra juventud…El camino del Evangelio, que insiste tanto en el respeto del individuo, en la dignidad de la persona humana y de los derechos recibidos de Dios como en que ese individuo es miembro de la comunidad y tiene deberes hacia todos sus hermanos, a los que ha de amar como a sí mismo y de los que ha de sentirse solidario.

  Los obispos mexicanos, reunidos en Asamblea en el mes de abril, hicieron públicas unas “declaraciones sobre los problemas de la Iglesia en la actualidad.”[73]

   Después de un preámbulo general, se refirió el episcopado al comunismo: “[…] Ya es bien sabido cómo por el mundo entero el comunismo va extendiendo su acción demoledora. México, por desgracia, no está exento de la infiltración de este mal, sino que también aquí va encontrando acogida, desde luego entre quienes se han distinguido por su odio a la religión así como entre quienes, por espíritu de novedad  o buscando sólo su propio interés, se suman a las corrientes novedosas y finalmente entre quienes, seducidos por el espejismo de falaces promesas, caen en sus redes, se convierten en sus propagadores y luego sucumben víctimas de su propio engaño…

  “La doctrina del comunismo…es abierta y totalmente incompatible con la doctrina cristiana; así lo reconocen y proclaman sus mismos fautores; de ahí que la Iglesia, por la voz de los Romanos Pontífices no cesa ni se cansará de denunciarla como contraria a la verdad y, por consiguiente, como funesta para la humanidad.”

  Anotan la posición de México en la reunión de la OEA y proponen lo que consideran el mejor antídoto ante el impacto de las doctrinas comunistas: “[…] Una renovación…de la vida privada y pública según los principios del Evangelio y una vida sincera y verdaderamente de acuerdo con la doctrina de Jesucristo, constituyen el medio primordial e insustituible de la defensa de México contra las amenazas del comunismo. Y sugieren “la unión, la instrucción religiosa, la justicia social y la oración”: “[…] Es necesario que sigamos fomentando las obras de genuina caridad y beneficencia cristiana –que en muchos casos serán de justicia social—en favor de nuestros hermanos más necesitados: los pobres, enfermos, huérfanos, ancianos desvalidos e indígenas, que urge incorporar a la civilización cristiana…No es menos necesario para el bien de nuestra Patria que la familia, célula primaria de la sociedad, sea respetada y favorecida en orden al cumplimiento de su misión y que los padres de familia cumplan fielmente con el sagrado deber de educar cristianamente a sus hijos…”[74]

 

  13.- La crisis de los proyectiles soviéticos en Cuba.

  En agosto de 1962 comenzaba a sentirse en el ánimo de quienes estaban pendientes de la marcha del mundo que sobrevenía una crisis internacional a propósito de las actividades de la Unión Soviética en Cuba. Horacio Guajardo escribió: “[…] Al cerrar esta edición de ‘Señal’, la presencia soviética complica a grado increíble la situación [de la proscripción de armas nucleares]. No era un secreto que en la isla del Caribe están, desde que se traicionó la revolución del pueblo en favor del imperialismo comunista, miles de ‘técnicos’ rojos dedicados a armar un represivo y belicoso aparato militar. Pero ahora ese ‘secreto a voces’ se ha quitado el velo y la propia URSS reconoce esa invasión mercenaria y la proclama…”[75]

  En septiembre y sobre todo en octubre, simultáneamente a la apertura del Concilio, se desarrolló la crisis “de los proyectiles soviéticos” en Cuba.

  Actualmente podemos ya, gracias a las investigaciones hechas en documentos desclasificados tanto de Occidente como de la URSS, tener una visión de conjunto de esos meses menos influenciada por la propaganda de hace cincuenta años: “[…] Estudios recientes rastrean la crisis hasta la personalidad impulsiva del líder soviético [Khruschev] y su creciente y desesperada búsqueda de una panacea, un gesto dramático para rescatar sus políticas fallidas tanto internas como internacionales. William Taubmann concluye que los proyectiles cubanos fueron la ‘medicina de Khruschev para curar todo que no curó nada.’ Sólo recientemente los estudiosos han reconocido lo importante que era para Khruschev proteger Cuba contra una posible y creíble agresión estadounidense…El asunto de la seguridad de Cuba estaba ligado a la creciente problematización de la autoridad de Khruschev en el mundo comunista y en casa.”[76]

  También el conocimiento de las negociaciones (una especie de trueque) entre el desmantelamiento de las bases cubanas y las que la OTAN pensaba instalar en Turquía, da nuevo enfoque al desenvolvimiento, solución y balance de la crisis, desmantelando los elementos propagandísticos: “[…] En una…reunión en la noche del 27 de octubre, Robert Kennedy y Anatoly Dobrynin estuvieron de acuerdo en que los soviéticos podrían retirar los proyectiles de Cuba a cambio de dos concesiones de Estados Unidos: una declaración pública de no invadir Cuba y una secreta de retirar los proyectiles de Turquía. Kennedy explicó que cualquier publicidad sobre un acuerdo haría ruido en casa y con los aliados de la OTAN y como resultado dañaría la posición política de su hermano. El acuerdo parecía aceptable y una buena opción para los soviéticos…Fidel Castro solicitó al líder soviético un ataque nuclear preventivo en caso de que fuera inminente una invasión de Cuba o un ataque a las bases soviéticas…[Khruschev ante ello declaró:] ‘sólo una persona que no tiene idea de lo que significa una guerra nuclear o que está cegado, como Castro, por la pasión revolucionaria, puede hablar de esa manera.’ Khruschev concluyó con esta tesis para salvar la cara: los proyectiles en Cuba era ‘esencialmente de poca importancia militar’ para la URSS y ‘cumplieron su principal propósito.’”[77]

  Toda esta filigrana diplomática, como es evidente, no se conocía hace cincuenta años.

  El Licenciado Carlos Alvear Acevedo presentó a los lectores de “Señal”, obviamente en torno a la crisis cubana y su probable apertura a la guerra, preguntas y respuestas coordinadas bajo el título: “¿Cuándo hay derecho a la guerra?”[78]

  Siguiendo la doctrina tradicional de la “guerra justa”, sostenida por Santo Tomás de Aquino y Francisco Suárez, pone las condiciones conocidas: “[…] que sea emprendida para reparar un derecho violado y ciertamente infringido. Que se hayan agotado todos los recursos y medios pacíficos para alcanzar la reparación. Que se espere alcanzar un bien superior a los males que la guerra va a producir. Que haya una esperanza razonable de que se va a triunfar y que haya recta intención por quien haga la guerra.” Enseguida hace varias consideraciones sobre negociaciones, moderación, derecho internacional y respeto a derechos humanos y, al bajar a las situaciones del continente americano trae a colación el Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca firmado en Río de Janeiro en 1947 y saca la siguiente conclusión: “[…] Consiguientemente, quien recurre a la amenaza –como sucede con la instalación de bases de cohetes teledirigidos, aptos para llegar a Washington, México, Bogotá o Caracas, que en Cuba se hallan en manos de soldados rusos, aunque es factible que se retiren bajo la presión norteamericana—viola el derecho internacional americano y crea una situación de riesgo que obliga a tomar medidas rigurosas.”

  Al lado de esas líneas se encuentra la opinión, entre otras, del jesuita George H. Dunne, de la Escuela de Relaciones Internacionales de la Universidad de Georgetown: “[…] Ningún propósito puede justificar moralmente una guerra atómica, en la que la destrucción de los objetivos militares acarrea el arrasamiento en masa de ciudades y habitantes. Espero—añadió—que el presidente [Kennedy] no significó esa amenaza al dirigir su advertencia a la Unión Soviética.”[79]

  Ahí también quedó impresa una reflexión no firmada cuando se supo del retiro de los cohetes soviéticos: “[…] Ha quedado incontrovertiblemente claro…que Fidel Castro está convertido en un pelele de Rusia y el territorio cubano en una colonia soviética…Otra cosa ha quedado perfectamente clara: cuando, por primera vez se ha adoptado una actitud verdaderamente firme frente a los comunistas, éstos han ‘echado máquina atrás’…Esto y lo de quitar las bases soviéticas…es una humillación sin precedentes para los amos mundiales del comunismo, humillación a la que han tenido que someterse ante la actitud decidida de Kennedy…Si [el comunismo] ha sufrido un magnífico golpe, también

es verdad que ha ganado un gran punto: ha perdido a Cuba como base de cohetes, pero la ha conservado como base de propaganda y de subversión…que están enfocadas fundamentalmente sobre Latinoamérica…

  “México en especial tiene que definirse y afirmarse--¡pero ya!—en su posición de país libre que no acepta intromisiones…La realidad presente es que el comunismo tiene aquí bases mucho más peligrosas que aquéllas (para no citar más que una y de las peores: la infiltración roja en las Escuelas Normales). De una vez por todas –y éste es el momento—hay que desmantelar todas las bases del comunismo en México.”[80]

 

  14.- Primeras luces sobre el Concilio.

  A pesar de la amplitud de cobertura de los temas del comunismo y de Cuba, conforme se acercaba la fecha de la apertura del Concilio Ecuménico y a lo largo de su primera etapa --del 11 de octubre al 8 de diciembre—las noticias alrededor de ese acontecimiento aumentaron. Al leer a medio siglo los artículos sobre el “acontecimiento religioso más grande de nuestra época” se nota por una parte, el entusiasmo y la esperanza delante de algo inusitado y no vivido por nadie, pues  la memoria del Vaticano I, remontándose a 1869, no formaba parte ya de la experiencia. Por otra, como que la primera etapa fue de búsquedas y titubeos, una especie de ensayo, bajo la mirada de Juan XXIII de lo que sería la parte fuerte del Concilio, ya con Paulo VI en la cátedra de San Pedro. Quien acompañó los días conciliares con su joven y esperanzado espíritu sacerdotal y su agudeza y pericia periodística, José Luis Martín Descalzo, apuntó el 6 de octubre, a cinco días de lo que calificó “Life en español” como: “la luz del Concilio [que] iluminó Roma”: “[…] hay algo cierto: todo cuanto nos reste en nuestra vida de católicos girará en torno al Concilio. Nuestra generación no tendrá otra tarea que la de realizarlo. Los santos que esta segunda mitad de nuestro siglo dará, lo serán gracias a este Concilio.”[81] Y así es sin duda. No obstante, la visión liberal, por ejemplo, de la revista estadounidense “The New Yorker”, retrató en esos días sólo una especie de conjura interna en el Vaticano, encabezada por Juan XXIII para detener un intento de los curiales romanos “[…] de tener el control absoluto de la vida intelectual de la Iglesia.”[82]

  Un resumen de la preparación para la primera etapa conciliar y al mismo tiempo de la historia de los concilios se presentó a los lectores bajo el título: “Jamás ningún concilio ha sido tan ecuménico en su preparación como el Vaticano II”.[83] Ahí se expresó: “[…] La representación universal de los miembros y de los consultores de las Comisiones Preparatorias anticipa la ecumenicidad de la futura asamblea conciliar. Hasta ahora los Concilios Ecuménicos han sido universales porque representaban una Iglesia universal, pero no porque eran el reflejo de una Iglesia establecida física y geográficamente sobre la tierra…El Concilio Vaticano II, en cambio, podrá definirse con razón, ‘el Concilio de la catolicidad’. Juan XXIII con la constitución apostólica ‘Humanae salutis’ ha convocado a más de 2,500 miembros de la jerarquía eclesiástica…”

  Por medio de suplementos, “Señal” siguió la marcha de la sesión conciliar.

  El 11 de octubre publicó un artículo de fondo escrito con emoción y competencia a un tiempo, de la autoría del Padre Heberto Verduzco Hernández de la diócesis de Zamora, uno de los sacerdotes más cultos de México en el siglo XX.[84]

  Al comenzar citó al Papa Juan XXIII cuando convocó a la magna asamblea: “[…] ‘Sentimos que el tiempo está en sazón para dar a la Iglesia católica y a toda la familia humana el regalo de un nuevo Concilio.’ Así pues, “‘los hijos de Dios son citados a la casa paterna…’” Siguió a propósito de los preparativos, de las tareas de las comisiones en la elaboración de proyectos y materiales de trabajo: “[…] hacia mediados de 1960 habían sido recibidos en Roma casi 2,000 memoranda.” Y acerca del método a seguir: “[…] En las sesiones de trabajo se discutirá libremente el contenido de los temas y planes de la agenda conciliar. Parece obvio que se tratará de sesiones especializadas, limitadas por razón de sus tópicos y por tanto serán numerosas y simultáneas. Esto con el objeto que los miembros del Concilio puedan reunirse con los expertos y estudiar con mayor detenimiento aquellos temas que para ellos sean de mayor interés…indudablemente se propondrán en ellas valiosos puntos de vista inspirados en la reflexión teológica y en el estudio directo del dato revelado, en conexión con los problemas concretos y las experiencias apostólicas en los distintos ambientes y circunstancias actuales.”

  Llegó al meollo de la exposición dando a conocer el sentido y las perspectivas de la reunión ecuménica: “[…] Los concilios son un instrumento y una función vital de la Iglesia. [Ésta] como todo organismo viviente no puede sustraerse a la necesidad biológica de crecimiento y adaptación al ambiente. Su suelo y su atmósfera son la humanidad y el tiempo…su ambiente, por voluntad expresa de su divino fundador es lo social y lo histórico…[esto] no se debe a la última moda intelectual, sino a la propia índole…La adaptación de la Iglesia no consiste en una respuesta de tipo vegetal a los estímulos ambientales, sino que implica los más altos niveles de la vitalidad creativa, la cual se realiza por la comunicación de la propia forma –perfecciones, valores—al medio ambiente, en este caso para cristianizarlo, o sea, transformarlo y servirlo.”

  Pasó revista a las asambleas ecuménicas a lo largo de los siglos, las realizadas en el ámbito “del temperamento mediterráneo-oriental” y las posteriores, “desplazadas hacia Occidente”, no sólo como geografía sino como cultura. La que está a punto de celebrarse girará en torno a la doctrina eclesiológica que requiere aún elaboración y complementación más allá de Trento y el Vaticano I: “[…] Eso significaría un ‘redescubrimiento’ de la Iglesia, comenta en cardenal Bea…[y] se ofrecería una más estimulante perspectiva de la posición y función de los seglares en la Iglesia, posición que Pío XII no dudó en calificar de ‘pasiva’…Por tanto, dejada atrás la irrelevante noción de que los seglares no son clérigos ni monjes, se espera una explanación de su situación jurídica así como de las condiciones y campo de su apostolado. Cuando estos importantes y poco conocidos aspectos hayan sido explanados, entonces, expresa el cardenal Bea, ‘la Iglesia aparecerá a nuestros hermanos separados con mayor claridad y muchos prejuicios y malentendidos podrán desaparecer…La Iglesia se da cuenta de que el desafío planteado por el materialismo actual en las sutiles formas del progreso evolutivo social y técnico indefinido, no va dirigido contra la jerarquía o el primado o el culto, sino más bien a otros sector de la Iglesia que es también Iglesia, el laicado. Es el laicado el que se encuentra ahora, como Cristo en el monte de la tentación, a merced de la sugestión diabólica: ‘Te daré todo esto si me adoras.’ (Mateo 4, 9)…

  “La Iglesia ha montado un estupendo taller de donde despegará hacia su nueva aventura cósmica: la conquista y ‘restauración’ del universo para Cristo.”

  Los conceptos de Verduzco cumplen cincuenta años, pero su frescura esperanzada debería darnos nuevos ánimos para continuar la interminable tarea encomendada a la comunidad cristiana en medio del mundo: “Es el laicado el que se encuentra a merced de la sugestión diabólica.” “La Iglesia ha montado un estupendo taller…” Por tanto, no el hombre a la medida de Prometeo sino modelado “por el más bello de los hombres.”

  Todavía como líneas introductorias, “Señal” invitó a reflexionar acerca de los “errores modernos”[85] por medio de un artículo de calidad extraordinaria a causa de la síntesis que realiza entre conceptos profundos de arraigo teológico y el repaso de las dificultades de fondo por las que pasa la humanidad para el encuentro de su vocación más auténtica en este mundo. El artículo no lleva nombre de autor en, pero me atrevo a pensar que lo escribió en Padre Verduzco, sobre todo por los ecos de los magníficos estudios de Chirstopher Dawson sobre historia de la cultura, que él tradujo y anotó con gran maestría, que se escuchan detrás de las líneas.[86] Anotando que “[…] nadie puede decir todavía lo que será el Concilio de Juan XXIII. El número y la variedad de las comisiones preparatorias dan a entender que el Papa pretende menos condenar errores particulares que permitir a la Iglesia poder afrontar victoriosamente los problemas que se plantean a los hombres y a las sociedades del siglo XX…Como una reacción contra el liberalismo del siglo XVIII y XIX, el marxismo y los totalitarismos de nuestra época aparecen como nuevas religiones en las que el hombre ha tomado el lugar de Dios…En semejante visión del mundo, el ateísmo clásico mismo queda superado. Ya no se piensa en discutir las pruebas de la existencia de Dios: Dios, se dice, existe; pero se está haciendo, un Dios en estado de evolución, un Dios que será finalmente la humanidad misma, consciente al fin de su poder y su grandeza. El indiferentismo religioso se ha superado; todas las religiones son buenas, pero cada una en su lugar y en su tiempo…El mundo moderno vive bajo el signo del hombre nuevo, pero no es éste del que habla San Pablo. La técnica y la ciencia han suplantado la religión. Cristo, levantado en la cruz, que reconcilia a los judíos y a los gentiles, no es más que un recuerdo conmovedor, sin arraigo real en las masas que miran adelante.”

   Ese panorama auténticamente retador presenta a los ojos de quienes van a formar parte del Concilio, una ruta de profundidad: “[…] Cuando se reflexiona sobre la historia de la Iglesia, se echa de ver que el siglo veinte vuelve a encontrar los problemas que afloraron en el cristianismo naciente. Una vez cristianizado el mundo antiguo, los Concilios hubieron de arreglar cuestiones particulares, y el mundo de Occidente se organizó bajo el signo de la victoria de Cristo. Pero en las postrimerías de la Edad Media, este feliz equilibrio se deshizo; las respuestas a las nuevas cuestiones nunca fueron satisfactorias, ya que el mal se fue haciendo cada vez más profundo. Este problema de conjunto, planteado oscuramente al otro día de la revolución francesa, no apareció en toda su amplitud sino en nuestros tiempos, en la posguerra del segundo conflicto mundial…Podrá sin duda el Concilio corregir los errores particulares de nuestro tiempo y las desviaciones particulares sobre tal o cual punto del dogma y de la moral, o errores opuestos como el progresismo y el integrismo, la idolatría del trabajo, del dinero o la idolatría del nacionalismo; en fin, la idolatría del hombre bajo todas sus formas, siendo el comunismo ateo la más radical. Pero esta condenación no será otra cosa que el envés de una afirmación renovada en forma solemne: el hombre ha sido creado por Dios a su imagen y semejanza. Cristo, imagen perfecta de Dios, está en el centro de nuestra historia humana y en el centro de la historia universal reconciliando el cielo con la tierra, realizando la unidad entre los pueblos, entre las razas y entre las clases sociales, porque Él es el alfa y la omega, el principio, el medio y el fin…”

  Después de leer esos párrafos no puedo menos que adelantar el reloj y traer a esta página líneas de los documentos conciliares que me han no sólo orientado sino entusiasmado: “Gaudium et spes, luctus et angor hominum hujus temporis…,” “Los gozos y las esperanzas, las tristezas y las angustias de los hombres de nuestro tiempo…”[87] “Nonnisi in mysterium Verbi incarnati mysterium hominis vere clarescit”, “El misterio del hombre sólo se esclarece en el misterio del Verbo encarnado.”[88]

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  Dio principio el Concilio y poco a poco se disiparon los rumores de la más variada índole y se fue construyendo, a base de arduo trabajo, su itinerario, en parte previsible, pero no en todo: había un enorme panorama por explorar y lanzar a la vida.

  Un tema entró al foro casi de inmediato: la liturgia, y dentro de ella el de la participación de los fieles y la lengua a utilizar en las celebraciones. De un boletín distribuido en la Oficina de Prensa se transcribieron estas posiciones pendulares: “[…] Hay razones que apoyan el uso del latín, ya que su adopción tiene a la vez el valor de la tradición y la fuerza de la unificación…tiene una precisión lógica tal y una fraseología legal tan concreta, que se ajusta especialmente a las necesidades de la teología y el dogma…tiene considerable valores psicológicos y ascéticos ya que contribuye a que uno hable en forma lógica y racional y evite abandonarse a los sentimentalismos y las evasivas románticas. Quien lo usa acaba por adquirir disciplina en su expresión y en su vida misma…Por otra parte, hay razones que recomiendan el uso del idioma vernáculo en las funciones litúrgicas…la lengua materna logra que la comunidad de los fieles entienda mejor el rito litúrgico y por ende, participe activamente en él…el empleo de la lengua vernácula confirma la universalidad del cristianismo, su capacidad de amoldarse sin detrimento de sus verdades inmutables, a los valores y tradiciones de cada pueblo en todas las épocas, en el presente y en el futuro.”[89]

  Otro tema, orientado ya no hacia adentro de la Iglesia sino hacia afuera, fue el del ecumenismo y la deseada unión de los cristianos. En un texto de la autoría del cardenal jesuita Agustín Bea se presentaron los proyectos de la Comisión respectiva: “[…] uno sobre la libertad religiosa, que es una urgente necesidad de la actual sociedad pluralista y que ha sido solicitada muchas veces por los cristianos no católicos; otro sobre la ecumenicidad católica, sobre las oraciones para la unión, sobre el problema candente para muchas regiones de los matrimonios mixtos…la Comisión para las Iglesias orientales se ocupó de distintos aspectos de la doctrina sobre la unidad de la Iglesia y de otros aspectos litúrgicos y disciplinarios…Pero esto no es todo…se produjeron sobre todo contactos, en los cuales se encaró de manera inmediata y activa la grande e importante tarea que el Santo Padre había definido con la palabra ‘acercamiento’…”[90]

  La preocupación por los avances del comunismo en “los pueblos menos desarrollados” no dejó de presentarse en los márgenes de la celebración de la reunión ecuménica: “[…] Recientemente un obispo del Congo –región de Leopoldville—se lamentaba de que muchos de sus fieles recibían una doctrina ideológica procedente del otro lado de la Cortina de Hierro, mientras que a él le faltaban recursos para enviarlos a Europa con el fin de que se formaran como buenos dirigentes cristianos…[la encíclica “Fidei donum” de Pío XII[91] decía: “[…] ‘Los africanos, que recorren desde hace algunas décadas las etapas de una evolución que el Occidente está ya realizando hace muchos siglos, se ven fácilmente perturbados y seducidos por las enseñanzas científicas y técnicas que se les dispensan, así como también por las influencias materialistas que padecen.’ Lo mismo puede decirse sobre la existencia de un laicismo militante y frecuentemente agresivo en ciertas regiones hace tiempo colonizadas o impregnadas de espíritu occidental. [Y] hay algo que contribuye a intensificar la invasión de estas corrientes hostiles y maléficas; no es otra cosa que las condiciones materiales y espirituales de estos países donde reinan frecuentemente la miseria, el hambre, la ignorancia, las enfermedades…”

  El autor propone, a partir del estudio de los principios de la encíclica “Mater et magistra” establecer lugares de formación integral así como secretariados y centros de apoyo social y otras iniciativas que nazcan de las necesidades sentidas de las comunidades: “[…] se trata de una verdadera reconversión del mundo misionero o al menos de un encuadramiento intensificado dentro de un orden nuevo…”[92]

  Conforme avanzaban los trabajos de la reunión romana se veía cada vez con mayor claridad, que los tres meses propuestos para su realización serían insuficientes, pues no era fácil llegar a la maduración de los temas ni a un quehacer auténticamente colegiado. Las sesiones mostraron que lo que se trataba ahí era de tal trascendencia que requería pericia y calma.

  Los boletines que emitía la Oficina de Prensa reflejaban el ambiente de discusión.

  El estudio sobre las fuentes de la revelación dio a conocer cómo con el paso del tiempo, las escuelas teológicas habían cambiado –tal vez por razones de enseñanza o de apologética—la forma de pensar del Concilio de Trento, “[…éste] habló de una ‘fuente única’, aunque posteriormente los teólogos católicos comenzaron a hablar de ‘dos fuentes de la revelación’, defendiendo así la tradición frente a los protestantes que fundamentan  la fe solamente en la Biblia.” Y a propósito del impulso ecuménico, se señaló “[…] que el Concilio debe señalar pautas de progreso y no de retroceso…y que antes de ser un impedimento, ayude a esta causa cristiana.”[93]

  Una curiosa nota firmada por el Padre Cipriano Calderón dice: “[…] cinco periodistas rusos…están en Roma siguiendo de cerca las tareas del Concilio. Son gente simpática y abierta…El primer día que se presentaron en nuestro despacho nos regalaron a los sacerdotes una reproducción fotográfica en miniatura del astronauta ruso Gagarin…Uno de estos periodistas es el corresponsal de la agencia ‘Tass’ en Roma, Anatoli Krassikov. Tienen carnet de la Oficina…menos el enviado de ‘Ciencia y religión’, la conocida revista rusa de carácter ateo…le ha sido negado el carnet por representar a una revista que ataca abiertamente a la religión. Pero tiene entrada libre en la oficina y se le dan las mismas facilidades informativas que a los demás.”[94]

  Al lado de esas noticias, se publicó una reflexión bajo el título de: “La renovación de la Iglesia ha de empezar por nosotros.” En ella se propone que, antes de pensar en renovaciones externas, la tarea ha de ir al interior de las personas, a una reforma de las costumbres. Ésta “[…] debe comenzar por una reforma de criterio, un enderezamiento sobrenatural de la inteligencia…A [ésta] debe acompañar la reforma de las costumbres…

  “De esta forma volvemos a los fundamentos de la doctrina y de la vida cristiana, a la vida teologal, al bautismo y los sacramentos…Para un cristiano la reforma individual y la reforma de las instituciones deben ir a la par, pero deben cumplirse únicamente en la Iglesia, con la Iglesia y para conservar la faz de la Iglesia en su eterna juventud.”

  El paso de los días fue rápido y pronto llegó a su fin la primera sesión conciliar. Poco antes se aprobaron dos documentos: uno dedicado a la tarea de la unidad con “nuestros hermanos separados orientales” y otro sobre los medios de comunicación social. El primero fue realista en cuanto a las dificultades históricas, culturales y aun teológicas de una comprensión completa, pero indicó la necesidad de trabajar de modo arduo y, sobre todo, de multiplicar los tiempos para orar por la unidad, como lo deseó el Señor: “[…] Hoy—dice el boletín de prensa—todos los creyentes deben defender con toda energía a la fe y a la religión frente a las fuerzas del ateísmo. Y esa defensa será más efectiva si se logra unificar a quienes profesan la fe cristiana.”[95]

  El segundo, al leerlo al paso de tanto tiempo, nos resulta incompleto. No obstante, es importante reconocer que los cambios en el radio de acción de los medios masivos ha ido acompañado del avance de la tecnología y de las aplicaciones de la electrónica. En 1962 todo esto se encontraba en una etapa francamente incipiente. Era, pues, imposible que se previeran los planteamientos éticos que estos avances pondrían delante, sobre todo en cuanto a las posibilidades de manipulación de la opinión pública y de homogeneización de la cultura masiva. No obstante, las Jornadas Mundiales de la Comunicación, establecidas por el Papa Paulo VI y que año con año se han celebrado, han puesto ante la reflexión de los cristianos y de todos los interesados, actualizaciones del tema, fundamental para cualquiera que desee tener una posición menos pasiva en el mundo.

 

  15.- La marcha del Concilio.

  El 8 de diciembre, festividad litúrgica de la Inmaculada Concepción de la Virgen María, las campanas de San Pedro sonaron a júbilo. Júbilo que, en la plaza, en la basílica y en todos los rincones del mundo se mezcló con cierta tristeza y nostalgia.

  Concluía la primera sesión del Concilio. Etapa más de asentamiento y toma de conciencia que de documentación a presentar. Al contrario del primer día, ahora se sentía que el trabajo apenas comenzaba. Habría que programar agendas para mucho tiempo más. Un Concilio no era obra de un día…ni de dos meses.

  La tristeza y la nostalgia se dirigía también a una persona: Juan XXIII, anciano y enfermo. ¿Estaría presente para presidir y acompañar la segunda sesión conciliar? En caso negativo, ¿el nuevo Papa no tendría la tentación de frenar el paso a causa de la inmensidad de la tarea? Las preguntas planteadas no tenían fácil respuesta, sobre todo en el plano meramente humano, el Concilio, sin embargo, era tarea del Espíritu, del mismo que sobre las cabezas de los apóstoles y de María se posó el día de Pentecostés en la vieja Jerusalén.

  José Luis Martín Descalzo, con su estilo a la vez castizo y moderno, escribió sobre ese 8 de diciembre: “[…] El Papa Roncalli está decidido a no dejar dormirse a la Iglesia, a conseguir que el Concilio sea no sólo un paso adelante sino, como él suele decir, un ‘salto’ adelante. Esta mañana hemos vuelto a tener pruebas de ell  “Llenaba el corazón de alegría oír…cómo el Papa, el anciano, decía que había querido ‘infundirnos entusiasmo’. Pero, ¿de dónde saca fuerzas y alegría para tanto este hombre? En verdad que ‘el cielo está abierto sobre nuestra cabezas y desde allí se derrama sobre nosotros el fulgor de la Corte celestial para infundirnos sobrehumana certeza, espíritu sobrenatural de fe y alegría y paz profunda…

  “A la salida de la basílica, cuando los dos mil obispos salieron de San Pedro y se perdieron entre las cincuenta mil personas que en la plaza esperaban la bendición del Padre, ‘el cielo estaba abierto sobre nuestras cabezas’ y todos comprendíamos hasta qué punto hemos vivido en estos dos meses esos cuatro frutos que hoy podríamos vender por las calles de Roma: certeza sobrehumana, fe, alegría y paz.

  “Un sol abierto, primaveral, parece haber venido a rubricar, sobre los techos romanos, esta alegría de todos.”[96]

  El fin de la primera sesión fue noticia importante en México, si bien la ilusión estaba suplantada por la expectativa.

  En señal de aceptación generosa de los trabajos conciliares –“multitudinaria adhesión popular al Concilio”-- se tuvieron en distintos lugares del país, manifestaciones con ese motivo.

  El 9 de diciembre en la explanada de la basílica de Guadalupe tuvo lugar la “jornada de afirmación cristiana” en la que se reunieron más de 180,000 personas, principalmente obreros. En ella hubo varios oradores quienes, junto a afirmaciones más bien generales sobre el Concilio, insistieron en el rechazo de los mexicanos a “dejarse engañar por ideología extrañas” y a “actuar con la conciencia de nuestra dignidad de hijos de Dios.”[97] La manifestación en la basílica del Tepeyac no fue la única. “Señal” publicó la lista alfabética de 39 ciudades del interior del país en las que se organizaron actos similares. En número destacaron las de Monterrey (150,000 participantes), Guadalajara (125,000) Chihuahua y San Luis Potosí (50,000 en cada una). Algunas fueron pequeñas pero significativas, como en Tizayuca, Hidalgo (200) y Atlixco, Puebla (300). En Irapuato, Mexicali, Salvatierra, Tepic y Ocotlán, Jalisco, fueron 5,000 los participantes y en varios sitios quedaron superados los 1,000 convocados a la afirmación cristiana.[98]

 

  16.- Año de convulsión y de Providencia.

  Las páginas anteriores nos han permitido un asomo a esos años vibrantes de 1961 y 1962 para el mundo, la Iglesia y nuestra patria. Años de flexión histórica, pues tal parece que lo que fue antes de esas fechas y lo que ha sido después pertenecen a dos mundos distintos. De hecho no es que sea así ni que la “evolución” o la “fatalidad” hayan irracionalmente lanzado a la humanidad por los rumbos que ha andado. La vitalidad de los pueblos, el dinamismo del pensamiento y la reflexión, el uso y el abuso de la libertad, las pasiones a veces desbordadas y las generosidades abiertas hasta el martirio, las personalidades definidas que se yerguen sobre las masas y la silenciosa pero real Providencia divina, actúan de conjunto –“sinfónicamente”--en el ritmo de la historia.

  Los puntos aquí consignados son algunos apenas de los que la riqueza del tiempo presenta, de los que vienen todavía de la memoria viva y de los que están sedimentados en los archivos, las hemerotecas y bibliotecas y esperan el ojo agudo del investigador.

  He seguido fundamentalmente la revista católica mexicana “Señal”, con apuntes aquí y allá de fuentes contextuales, muchas de ellas situadas ya dentro del ámbito claramente historiográfico.

  Se ve clara la gran tarea de completar lo aquí dicho a base, por ejemplo, de convergencia o  divergencia de fuentes. ¿Qué nos dirán, por ejemplo, la revista “Política”,  “Siempre!”, “Life en español”, “Informaciones católicas internacionales? Tareas abiertas a historiadores jóvenes y material abundante para tesis de maestría y doctorado.

  Por lo pronto, sin tratar de dejar conclusiones o valoraciones tajantes, me parece que de este ensayo de escritura han salido a flote algunos datos de interés:

  1.- La “infiltración comunista” en América Latina y en México no fue un “señuelo del capitalismo” ni un espejismo de integristas católicos. Si bien no fue tampoco una conjura cuasidiabólica para acabar con la identidad católica y mexicana, fue una realidad que ahora podemos calificar de histórica. Podemos afirmar también que la campaña “cristianismo sí, comunismo no” tuvo efectos reales sobre la marcha del país. De muchos materiales que he tenido a la mano, el que me ha parecido más nítido, sincero e iluminador acerca de los planes comunistas es el relato autobiográfico, testimonial y a veces desparpajado en su estilo de Alejandro Gascón Mercado, “Por las veredas del tiempo.”[99] No sólo hace en él una reseña cronológica de ideas y acciones de la mano sobre todo de Lombardo Toledano, sino de la admiración de muchos mexicanos, bastante de los cuales viajaron a la Unión Soviética, a los países socialistas europeos y posteriormente a Cuba, al régimen “del proletariado.” Incluso me llamó la atención la admiración, hecha a un lado en la misma URSS durante los años de Khruschev, a José Stalin, lo que refleja la ortodoxia de los comunistas mexicanos, poco fieles a la personalidad y doctrina de León Trotsky. Para Gascón, los planes del Partido Comunista y más tarde del Popular Socialista eran los mejores y los más adaptados para México. Todavía al final de sus días escribió en congruencia con sus convicciones: […] Le busquen por un lado o por otro, el único sistema con el cual los mexicanos podríamos resolver nuestras grandes carencias e injusticias, es establecer el régimen socialista, para sentar las bases en el futuro, de la sociedad comunista.”[100]

  2.- Para México la última fase del presidencialismo fuerte y de la ideología nacionalista revolucionaria fueron los años de la presidencia del Licenciado Adolfo López Mateos (1958-1964). Todos los hilos del poder estuvieron en sus manos. El ambiente cultural del país era ya –aunque no se decía—plural sin estar polarizado y ciertas noticias, como las relativas al libro de texto obligatorio o a las bases soviéticas en Cuba, movilizaron la opinión y produjeron manifestaciones multitudinarias. Los diálogos en corto con el presidente Kennedy moderaron lo que parecía radicalismo “de izquierda” y abrieron caminos para una transformación económica que, aunque a la larga ha parecido por lo menos ambigua, en el tiempo de su implantación logró que el “desarrollo estabilizador” fuera un dique para los problemas sociales que, aunque aparecieron, no lograron estallar. Su diálogo discreto con algunos obispos mexicanos, sobre todo con Monseñor Miranda y Monseñor Méndez Arceo, así como el menos conocido con el Padre Rafael Checa, baluarte espiritual en el estado de México, lograron evitar un enfrentamiento que, además de desgastante, habría tal vez resultado inútil.

  Es tiempo, me parece, de intentar, con fuentes oficiales y privadas, tanto una biografía de López Mateos como una incursión reflexiva en esos años a la luz de la vida de México y de los reacomodos internacionales tanto en política como en economía, posteriores a esa etapa.

  3.- La Iglesia en México, tan preocupada por el reto que presentaba el comunismo tanto en su versión soviética como sobre todo en la cubana, no se adelantó al Concilio en cuanto a la percepción de los retos culturales y los teológicos que hervían ya en ambientes más alertas. Las preocupaciones antecedentes de los obispos mexicanos que fueron Padres conciliares parecían ancladas en años pasados. Puede decirse que la llegado del Concilio fue una sorpresa: agradable aire fresco para algunos; síntomas de peligroso progresismo para otros. Para todos, sin embargo, fue el despertar de un letargo.

  La convivencia, la escucha mutua y no pocas consonancias y participaciones en las jornadas conciliares llegaron a marcar algunas pistas de reflexión y de acción al episcopado que marcaron la vida de la Iglesia a partir de entonces. Creo que la creación de la Unión Mutua de Ayuda Episcopal (UMAE) realizada precisamente durante la marcha del Concilio señaló en concreto la posibilidad y la utilidad de la colegialidad episcopal no sólo a partir de su repercusión pastoral sino sobre todo de la profundización en la eclesiología que, sin ser “nueva”, sino más bien un nuevo florecimiento de la viveza bíblica y patrística, superó esquemas jurídicos y abrió horizontes más amplios también en el área de la relación con el “mundo.” Alguien que vivió con intensidad estas situaciones, el Padre José de Jesús García escribió: “[…] La contribución de la Iglesia mexicana al Concilio, al menos en proporción a su participación formal, puede considerarse modesta, por no decir pobre. La repercusión de éste en la Iglesia mexicana es mucho más significativa y decisiva. Aunque de muchas iglesias nacionales se pudiera emitir un juicio semejante, sólo para ilustrar mejor tal aserción, añadiría que el enclaustramiento y la marginación de la Iglesia mexicana, resultado de las especiales condiciones jurídicopolíticas que la han rodeado, explicaría su escasa presencia y participación en foros y esferas internacionales. El respiro de tolerancia de que disfruta a partir de 1940, la absorbe en tareas reorganizativas intraeclesiales sin permitir o propiciar cuestionamientos y búsquedas más creativas y adecuadas a las nuevas situaciones del mundo entero.”[101]

  Con posterioridad llegarían a México y a su Iglesia los aires de un nuevo ateísmo, mucho más sutil que el sistemático, nuevas idolatrías y nuevos cultos y sobre todo el salitre corruptor del secularismo invasor. La atención a los signos de los tiempos que puso en vigor el Concilio ha ayudado, a pesar de temores, resistencias y timideces, a vivir un posconcilio de color de primavera.

  4.- Las personalidades de Juan XXIII y de Paulo VI marcaron con sus diferencias y semejanzas, el papel insustituible del ministerio petrino en la Iglesia, de su dimensión de catolicidad y de unidad en la diversidad.

  Sobre el primero Wilton Wynn, que fue por mucho tiempo corresponsal de la revista “Time” expresó desde su experiencia de cercanía: “[…] El anciano Papa era el ideal de cada uno, quizá, en parte, porque evitaba como regla tomar posiciones firmes en los asuntos y así permitía a otros presuponer que él apoyaba sus causas favoritas. Siempre puso énfasis en la relación humana, no en la teoría, en el corazón más bien que en la cabeza; en la intuición más bien que en el intelecto…Entre sus oyentes favoritos estaban los de las familias italianas provenientes de su región nativa…con los cuales hablaba en el dialecto local…Divagaría de una a otra trivialidad, llegando rara vez a algunas conclusiones, pero nunca sin dejar de fascinar a sus huéspedes total y absolutamente.

  “Hasta cierto punto Juan XXIII trató con el resto del mundo de la misma manera. En lugar de tomar categóricamente una posición y promoverla con vigor…creaba de ordinario una situación en la cual las cosas caerían por su propio peso. Típico de esta táctica fue su convocatoria del Concilio Vaticano II, el logro más grande de su reinado.”[102]

  Sobre el segundo, su gran amigo dialogante, Jean Guitton, en sus maravillosos Diálogos con Paulo VI, recibió este testimonio a propósito del “misterio del Concilio”: “[…] Veo ahora que el Concilio fue un tiempo de visita divina, un tiempo de gracia. Sobre todo una fecha solemne, un momento fuerte en el tiempo de la Iglesia. Como cuando en el reloj suena la hora, el Concilio fue precedido y seguido de silencio. Hemos entrado en el silencio del después, en el que escuchamos el eco de la hora que ha sonado.”[103]

  A medio siglo de distancia temporal, el Concilio, más que ser evocación nostálgica del pasado, es tarea que aún tiene mucho camino no sólo por recorrer, sino por iniciarse. Su valor para la historia contemporánea del mundo y de la Iglesia es grande y proyectivo. Su densidad religiosa y teológica es una veta que tiene aún mucho por explorar.

  Saliendo al paso de algunas críticas que sobrevendrían, entre quienes consideraron al Concilio como “mundano” o sociológico, Paulo VI dijo al cerrar la cuarta sesión, el 7 de diciembre de 1965: “[…] Se dirá que el Concilio, más que de las verdades divina se ha ocupado principalmente de la Iglesia, de su naturaleza, de su composición, de su vocación ecuménica, de su actitud apostólica y misionera. Esta secular sociedad religiosa que es la Iglesia ha tratado de realizar un acto reflejo sobre sí misma, para conocerse mejor, para definirse mejor, y disponer, consiguientemente, sus sentimientos y sus preceptos. Es verdad. Pero esta introspección no tenía por fin a sí misma, no ha sido acto de puro saber humano ni sólo cultura terrena; la Iglesia se ha recogido en su íntima conciencia espiritual, no para complacerse en eruditos análisis de psicología religiosa o de historia de su experiencia o para dedicarse a reafirmar sus derechos y a formular sus leyes, sino para hallar en sí misma, viviente y operante en el Espíritu Santo, la palabra de Cristo y sondear más a fondo el misterio, o sea el designio y la presencia de Dios por encima y dentro de sí y reavivar en sí la fe, que es el secreto de su seguridad y de su sabiduría, y reavivar el amor que le obliga a cantar sin descanso las alabanzas de Dios: Cantare amantis est. ‘Es propio del amante cantar,’ dice San Agustín.”[104]

  Ojalá nuestra conmemoración vaya por esta ruta.

 

Jala, Nayarit, 23 de septiembre de 2012.

Ciudad de México, 25 de septiembre de 2012.


 

[1] University of North Carolina Press, Chapel Hill 2009.

[2] The Penguin Press, New York 2011

[3] El discurso programático lo pronunció el presidente John F. Kennedy en la Casa Blanca el 13  de marzo de 1961. Su texto en: Como piensa y actúa el presidente Kennedy, Novaro, México 1962, pp. 100-109. Son importantes también otros dos discursos: el pronunciado ante la Asamblea General de las Naciones Unidas el 25 de septiembre de 1961 (pp. 233-249) y el de la Casa Blanca el 12 de marzo de 1962 en el primer aniversario de la Alianza para el Progreso (pp. 338-347). Sobre el tema es básico el artículo: John F. Kennedy y América Latina, en: portalplaneta sedna (Argentina). (Consulta: 8 de septiembre de 2012). Un artículo contemporáneo al programa y anterior al asesinato de Kennedy, cuyos sucesores redujeron el apoyo: William J. Kemnitzer (Stanford University), México y la Alianza para el progreso, Foro Internacional (El Colegio de México), IV/1 (1963), pp. 41-59.

[4] Sobre ella escribí: Sofía del Valle. Una mexicana universal, JCFM/ Instituto Nacional de las Mujeres, México 2009.

[5] Ed. original: William Heinemann Ltd., London 1958. Edición reciente (con introducción de Christopher Hitchkens), Penguin Books (USA) New York 2007.

[6] Recientemente se han agregado a la historiografía sobre Cuba precastrista y las vísperas de la revolución, tres estudios de muy buna calidad: Tom Gjelten, Bacardí and the Long Fight for Cuba. The Biography of a Cause, Viking, New York 2008. T.J. English, Havana Nocturne. How the Mob owned Cuba, Harper, New York 2008. John Paul Rathbone, The Sugar King of Havana. The rise and fall of Julio Lobo, Cuba’s last tycoon, Penguin, New York 2010.

[7] Tirajes de periódicos y revistas de circulación en México en 1961: “La Prensa, 185,361. El Universal, 139,291. Excélsior, 139,291. Novedades, 120,000. Hoy, 30,000. Impacto, 37,000. Jueves de Excélsior, 28,861. Mañana, 27,920. Política, 25,000. Revista de revistas, 10,000. Siempre!, 70,000. Sucesos, 70,000. Life en español, 88,000. Selecciones, 412,000. Visión, 46,000. (Pablo González Casanova, La democracia en México, Era, México 1965. Cita en: Olga Pellicer de Brody, Revolución cubana e izquierda mexicana, en: Lecturas de política mexicana, El Colegio de México, México 1977, p. 205.)

[8] Estos años están reseñados en: Olga Pellicer de Brody/ José Luis Reyna, Historia de la revolución mexicana, tomo 22: El afianzamiento de la estabilidad política, El Colegio de México, México (1ª reimpr.)1981 y Olga Pellicer de Brody/ Esteban L. Mancilla, Historia de la revolución mexicana, tomo 23: El entendimiento con los Estados Unidos y la gestación del desarrollo estabilizador, El Colegio de México, México 1978. (Sobre el tiraje de las revistas aludidas, véase la nota anterior.)

[9] Siglo XXI, Buenos Aires/ México 1972 (Prólogo de Héctor Schmucler). Tengo a la mano la 37ª edición (Buenos Aires/ México 2003). Algunos comentarios sobre este libro ya clásico se encuentran en la página electrónica: elortiba.org/pensar16.html. (Consulta: 11 de septiembre de 2012).

[10] Sobre Donald dicen Dorfman y Mattelart: “[…] El oficio es como un consumo y nunca una producción. Donald no necesita laborar, pero siempre está obsesionado con su búsqueda. No es raro, por tanto, que el tipo de trabajo que anhela, tenga las siguientes características: fácil, sin esfuerzo mental o físico, pasatiempos en espera de una fortuna (o un mapa) que caiga de otra parte. En una palabra, ganarse el salario sin traspirar.” (Pp. 102s). Y acerca de “Mickey detective”:”[…] Para Mickey, la inteligencia sirve para develar un misterio, para devolverle su simplicidad a un mundo que hombres malos han complicado para poder robar a gusto…Mickey es un agente pacificador no oficial y no recibe otra compensación que la de su propia virtud. Es la ley, la justicia, la paz, que se aparta del mundo del egoísmo y la competencia, que reparte bienes a mano tendida. El altruismo de Mickey sirve para prestigiar lo que él representa y aislarlo del sistema competitivo, de cuyos beneficios él no participa: los guardianes del orden, el poder público, los servidores sociales, no están manchados por los inevitables defectos de un mundo mercantil. Se puede confiar en Mickey como un juez imparcial y agente, que está por encima ‘de los odios partidarios’.” (P. 117).

[11] Novaro, México 1962.

[12] La consulta de la revista la realicé en la sección hemerográfica de la biblioteca de la Universidad Pontificia de México el 30 de agosto de 2012. El origen de esta colección es la biblioteca del Seminario Nacional Mexicano de Montezuma, Nuevo México, E.U.A. Algunos de los ejemplares llevan el sello de la revista “Montezuma” y otros del “Secretariado interno de Acción Católica”.

[13] Fundada el 30 de mayo de 1949 por Luis Beltrán y Mendoza y ligada a la Acción Católica Mexicana hasta 1966. Su primer director fue Fernando Díez de Urdanivia y posteriormente lo fueron  Carlos Septién García, José N. Chávez González, Carlos Alvear Acevedo de 1959 a 1963 y de este año a 1984, Alejandro Avilés. Su filosofía respecto a la concepción del periodismo es que éste es “la técnica de decir la verdad” y “el parlamento diario de los pueblos.” (Datos tomados de la página electrónica de la Escuela. Consulta: 14 de septiembre de 2012).

[14] Una visión de conjunto de la vida del Cardenal Miranda integrada sobre todo por sus propias Memorias: Francisco María Aguilera González, Cardenal Miguel Darío Miranda. El hombre, el cristiano, el obispo, Conferencia del Episcopado Mexicano/ IMDOSOC, México 2005.

[15] Secretaría de Relaciones Exteriores, México en la X Conferencia Internacional Americana, México 1958, p. 24. (Citado en: Olga Pellicer de Brody, Historia de la revolución mexicana, tomo 23, p. 99). (Para la elaboración de estos párrafos he seguido ese libro de Pellicer, su texto Revolución cubana e izquierda mexicana, capítulo de su libro México y la revolución cubana, El Colegio de México, México 1973, en: El Colegio de México-Centro de Estudios Internacionales, Lecturas de política mexicana, 1977, pp. 195-227.) Son también importantes: Mario Ojeda, Alcances y límites de la política exterior de México, El Colegio de México, México 1976 y Pellicer, La seguridad nacional en México, Cuadernos políticos 27 (abril-junio 1979), pp. 27-34. (Este último una especie de actualización de la temática teniendo en cuenta la estrategia de seguridad nacional y el caso de Nicaragua. Sobre la teoría de la seguridad nacional es fundamental lo asentado en el documento conclusivo de la III Conferencia General del Episcopado Latinoamericano en Puebla en 1979 dentro del tema del “discernimiento sobre las ideologías…y los sistemas que en ellas se inspiran”: nn. 535-557.

[16] Pellicer, Historia, p. 99.

[17] Id., p. 100.

[18] Id., p. 112

[19] Publicado oficialmente en Acta Apostolicae Sedis 41 (1949), p. 334. Texto latino y español en: Denzinger/ Hünermann, El magisterio de la Iglesia, Herder, Barcelona 2000, n. 3865.

[20] Revolución cubana e izquierda mexicana, p. 212.

[21] Cita en: Id., pp. 213.

[22] N. 330, 1 de enero de 1961, p. 8.

[23] N. 332, 15 de enero de 1961, p. 3.

[24] Id., pp. 8s. Ahí mismo se reproduce una nota emitida en Washington: “Los comunistas planean la formación en Estados Unidos de un ‘frente juvenil’ secretamente dirigido por ellos, afirma en su informe de fin de año el director de la Oficina Federal de Investigación [FBI] J. Edgar Hoover. Dice también que la nueva organización va a ser proyectada en Chicago a principios de 1961…Hoover denuncia la actividad subversiva de los comunistas norteamericanos y añade que se han estrechado sus lazos con la Unión Soviética y el comunismo cubano.” En el n. 355 del 2 de julio se reprodujo una fotografía que presenta el perfil de un avión de Cubana de Aviación y desde la rampa de descarga de equipajes unos bultos como los de traslado de correspondencia que, vistos de cerca, llevan la leyenda: “Republique Populaire Chine”. Se ven igualmente dos miembros de la tripulación y un empleado del aeropuerto. Al pie de la foto se lee: “¿Qué tienen que hacer en México estos inocentes bultitos de la China comunista, traídos o llevados por la Compañía Cubana de Aviación?”

[25] N. 337, 9 de febrero (¿), p. 10. El último punto, acerca de los niños llevados a Rusia y llegados a Cuba como técnicos no es comprobable. Olga Pellicer citó un artículo acerca de las relaciones entre la Iglesia y el Estado cubano en esos días: Claude Julien, Estado e Iglesia en Cuba, Revista Política, 1 de junio de 1961.

[26] N. 338, 16 de febrero, p. IV.

[27] Id. (¿), pp. 8s.

[28] Son míos los subrayados en tácticas y estrategias, diferenciables según la ideología marxista.

[29] La doctrina acerca del socialismo y su incompatibilidad con el cristianismo se desarrolla en la encíclica Quadragesimo anno, sobre el orden social, del 15 de mayo de 1931. Ahí se afirma: “[…] el socialismo, ya se considere como doctrina, ya como hecho histórico, ya como ‘acción’ si realmente sigue siendo socialismo…es incompatible con los dogmas de la Iglesia católica, pues concibe la misma sociedad como totalmente ajena a la verdad cristiana.” (Publicado oficialmente en: Acta Apostolicae Sedis 93 (1931), pp. 190-216. El texto citado: Denzinger/ Hünermann, n. 3743.)

[30] En 1962 se publicó en Alemania su monumental Sowjetideologie Heute (Fischer Bücherei, Frankfurt an Main/ Hamburg) publicado en español como La ideología soviética (Herder, Barcelona). Son obras suyas fundamentales también: El materialismo dialéctico. Su historia y su sistema en la Unión Soviética, Taurus, Madrid 1963, Hombre y mundo en la filosofía comunista, Sur, Buenos Aires 1966 y Filosofía y ciencia en la Unión Soviética, Guadarrama, Madrid 1968.

[31] Esta pregunta ocupó la portada del número 343 del 9 de abril.

[32] N. 343, 9 de abril, p. 8.

[33] N. 344, 16 de abril, p. 9.

[34] Id., pp. 10s.

[35] N. 346, 30 de abril, p. 11.

[36] N. 345.

[37] N. 346.

[38] Señal, n. 350, 22 de mayo, p. 9. (Véase también: Pellicer, p. 213).

[39] N. 347, 7 de mayo, p. 1.

[40] Id., p. 1.

[41] Pellicer, pp. 213s. La autora refiere: “Información sobre las actividades de la Iglesia en Política, 1 y 15 de junio de 1961.” (p. 213, nota 37).

[42] N. 352, p. 1.

[43] Publicado en Señal, n. 354, 25 de junio, p. 3: “Trascendental documento.”

[44] En sus Memorias dejó este comentario: “Cuando tomamos posición contra la doctrina del comunismo, lo hicimos fundadamente convencidos de que era una amenaza real para México y para América Latina. Cuando en 1959 Fidel Castro tomó el poder en Cuba, no ocultó su proyecto de extender la revolución a los países de América Latina. Así se explica que en la cuarta reunión ordinaria del CELAM celebrada en Fómeque, Colombia del 8 al 15 de noviembre de 1959, siendo yo presidente…hicimos una declaración asentando que ‘el comunismo se presenta como promotor del bienestar social, se aprovecha de la miseria y de las injusticias sociales existentes en varios sectores del pueblo de Latinoamérica para traerlos a su causa sirviéndose de las dificultades económicosociales.’ A su vez, el episcopado mexicano, presidido entonces por el cardenal José Garibi Rivera, emitió una exhortación en octubre de 1960, advirtiendo sobre el peligro que el comunismo representaba para la religión y para la patria.” (Aguilera, Cardenal Miguel Darío Miranda, p. 421).

[45] Escribió Olga Pellicer: “[…] A finales de abril de 1961 era posible advertir que mientras se defendía a Cuba en las Naciones Unidas, en la vida interna de México, tanto el gobierno como amplios sectores de la población, se empeñaban en una política conservadora. Los signos más evidentes de esta tendencia fueron la represión, en ocasiones violenta, de las manifestaciones procubanas, la campaña religiosa que, con éxito impresionante recorrió el país bajo el signo de ‘Cristianismo sí, Comunismo no’ y la actividad de grupos encabezados por las personalidades más conservadoras de la familia revolucionaria.” (Revolución cubana, p. 211). La referencia de Monseñor Miranda a la “Suprema autoridad civil” es sin duda, el discurso que pronunció el 6 de junio con motivo de la celebración del día de la libertad de prensa: “Alejándose de la ‘extrema izquierda’ a que había aludido un año antes, el presidente López Mateos adoptó entonces una franca política de centro al declarar: ‘Mi gobierno reprimirá cualquier exceso o demagogia de la izquierda o de la derecha que, saliéndose del marco constitucional, pretenda desarticular la vida nacional.’ Sus palabras parecían dirigidas por igual a los sectores procubanos y a los dirigentes clericales. Sin embargo, estos últimos, así como los miembros de la iniciativa privada, se apresuraron a elogiar el discurso presidencial.” (Id., p. 215).

[46] Documentos de Señal.- 5, n. 352, 11 de junio de 1961.

[47] El aguijón del Espíritu. Historia contemporánea de la Iglesia en México (1892-1992), IMDOSOC/ El Colegio de Michoacán/ Archivo Municipal de Colima/ Universidad de Colima, México (2) 2006, pp. 470-478. (La hora del Concilio). Las actas oficiales del Concilio: Acta et documenta Concilii Vaticani II, varios tomos, Ciudad del Vaticano 1960…

[48] N. 144. Cito siguiendo el texto publicado en: Ocho grandes mensajes, BAC, Madrid (9) MCMLXXVI.

[49] Señal, n. 361, 13 de agosto de 1961. El Padre Velázquez fue el alma del Secretariado Social Mexicano desde 1948 hasta su fallecimiento el 10 de diciembre de 1968. Hace falta una biografía suya. Algunos datos escuetos: Conferencia del Episcopado Mexicano-Comisión de Pastoral Social, 90 años de pastoral social en México, II, México 1988, pp. 157-164. Lombardo Toledano era en ese año, además de presidente del Partido Popular Socialista (reorganización del Partido Popular en 1960), presidente de la Confederación de Trabajadores de América Latina. De 1923 a 1932 había sido miembro del Comité Central de la CROM y de 1936 a 1940, secretario general de la CTM, cargo en el que fue suplido por Fidel Velázquez. (Datos tomados básicamente del Diccionario Porrúa. Historia, geografía y biografía de México (5) 1995, pp.2024s.) Sobre él: Robert P. Millon, Vicente Lombardo Toledano, a Mexican marxist, University of North Carolina Press, Chapel Hill 1966 y Enrique Krauze, Caudillos culturales en la revolución mexicana, Siglo XXI, México (10) 2000, sobre todo las pp. 300-340. Una valoración partidista y admirativa pero con rasgos abiertos sobre su trayectoria: Alejandro Gascón Mercado, Por las veredas del tiempo, Universidad Autónoma de Nayarit, Tepic, 2000.

[50] Sobre el contexto de este discurso, véase la nota n. 44, 2ª parte.

[51] N. 378, 10 de diciembre de 1961, p.4.

[52] No obstante, trascendió que en el diálogo privado que sostuvo con el Papa Benedicto XVI en La Habana el 28 de marzo de 2012, Castro habló de que quería morir “como había nacido; como católico.” Sobre esta entrevista, véase mi escrito: Peregrino de la fe. S.S. Benedicto XVI en México y en Cuba, IMDOSOC, México 2012, p. 45: “Trascendió de ese encuentro y evidentemente que no puede comprobarse, que Fidel le dijo al Pontífice que ‘quería morir en la Iglesia católica en la que sus padres lo educaron’ y que Su Santidad le respondió, como abriéndole el camino: ‘—Usted no está excomulgado.’”

[53] N. 378, p. 4.

[54] Id., p. 5.

[55] Pp. 36-38. Hasta 1961 “Selecciones” para América Latina tuvo sus oficinas e imprenta en el barrio de Vedado en La Habana. Este número manifiesta como editora a Reader’s Digest México y fue impreso en Estados Unidos.

[56] Pp. 56-62. (Con una ilustración y un diagrama).

[57] Pp. 113-132. (Con un mapa).

[58] N. 385, 4 de febrero de 1962, pp. 8s.

[59] Un discurso que obliga, Id., p. 5.

[60] Claridad, equilibrio y decisión en el excelente discurso de Tello, Id., p. 9.

[61] Historia. Página electrónica de la Comisión Nacional de Libros de Texto Gratuitos. (Consulta: 18 de septiembre de 2012).

[62] Aguilera, Cardenal Miguel Darío Miranda, p. 423.

[63] Monterrey en pie. En una grandiosa manifestación de 300,000 personas, el pueblo proclamó encendidamente el derecho de los padres de familia a educar a sus hijos según su propio criterio.” N. 386, 11 de febrero de 1962, pp. 7-9.

[64] En una entrevista trasmitida por El Porvenir TV el 23 de octubre de 2010, señaló la época de sus años de militancia política como de “esclavitud cívica y política del país.”

[65] De esta historiadora es fundamental: Nacionalismo y educación en México, El Colegio de México, México 1970. Un artículo breve que toca el tema a lo largo de la historia independiente de México: Rebeca de Gortari Rabiela, Educación y la formación de la conciencia nacional, en: Cecilia Noriega Elio (ed.) El nacionalismo en México, El Colegio de Michoacán, Zamora 1992, pp. 719-741.

[66] Aguilera, Cardenal Miguel Darío Miranda, pp. 423s. En el número 400 de “Señal” (27 de mayo de 1962, p. 3) se presentan unas notas de Ruperto Mendoza sobre algunos párrafos a propósito del movimiento de independencia de: “Mi libro de cuarto año, Historia y civismo”: “[…] se nota una marcada tendencia a desprestigiar a la Iglesia católica ante las indefensas mentes de los niños.”

[67] Citas en “Señal”, n. 415, 13 de septiembre de 1962, p. 4.

[68] La visita de los Kennedy, n. 406, 8 de julio, pp. 9-12 (con fotografías).

[69] Id., p. 8.

[70] Señal n. 403, 17 de junio de 1962, p.3. García Téllez (1897-1985) fue un político que participó en muchos acontecimientos nacionales. Fue rector de la UNAM de 1929 a 1932, secretario de Educación de 1934 a 1935 e iniciador del proyecto del Instituto Politécnico Nacional. En ese último año asumió la secretaría general del PNR y fue más tarde procurador general de la República y secretario particular del presidente Lázaro Cárdenas. Fue presidente de la comisión para formular la ley de seguridad social y secretario del trabajo con el presidente Ávila Camacho y primer director del IMSS. Fue colaborador cercano del General Cárdenas y cuando éste falleció en 1970 se encargó de la “Asociación Cívica Lázaro Cárdenas.” (Datos tomados del Diccionario Porrúa, p. 1411). Cito esta carta (publicada, como se indica, “por ‘El Heraldo del Balsas’ de marzo y reproducida el 20 de mayo por ‘Catedral’ de Chilapa, Guerrero), pues la redacción me parece excesivamente explícita y por ello mismo dudosa. Sin embargo, bien podían haberse dado estas situaciones dentro del grupo de técnicos de la “Comisión del Río Balsas” encomendada a Cárdenas por el presidente López Mateos. Esta comisión, creada el 11 de noviembre de 1960  tenía por objeto: “[…] estudiar, planear, diseñar, construir y atender el funcionamiento de todas las obras para el control de los ríos y defensa, riego, generación de energía eléctrica, abastecimiento de agua a centros de población, ingeniería sanitaria, comunicaciones y transportes comprendiendo caminos, ferrocarriles, telégrafos, teléfonos, puertos, etc.” (Diccionario Porrúa, p. 866).

[71] Militante comunista española que se radicó en México conocida por su anticatolicismo furibundo. Estuvo activa en medios obreros, como en la fábrica de Río Blanco en el estado de Veracruz. Al crearse por iniciativa presidencial los “diputados de partido” en 1962, ella resultó una de ellos, presentada por el Partido Popular Socialista, transformación del Partido Popular lombardista en 1960 que adoptó “la doctrina del materialismo dialéctico como instrumento de orientación ideológica y base de su línea estratégica.” (Diccionario Porrúa, p. 2648).

[72] Señal n. 408, 26 de julio de 1962, pp. 10s. Boza Masvidal (1915-2003) nació en Camagüey, fue estudiante brillante en la Universidad de La Habana. Capellán de los “Scouts” y rector de la Universidad Santo Tomás de Villanueva, clausurada el 2 de mayo de 1961. Acusado de “actividades contrarrevolucionarias” fue expulsado del país junto con 135 sacerdotes a bordo del vapor “Covadonga” de Trasatlántica Española el 15 de septiembre de ese año. Vivió en Los Teques, Venezuela. En 1988 visitó Cuba y en la Universidad de La Habana se le recibió con honores. (Datos de la página electrónica bvs.sld.cu. Consulta: 20 de septiembre de 2012).

[73] Texto en: Señal n. 410, pp. 9-12.

[74] Documento firmado por todos los arzobispos y obispos de México, rubricado “en la basílica de Nuestra Madre Santísima de Guadalupe, a 26 de abril de 1962.

[75] N. 430, 30 de agosto, p. 7.

[76] Vladislav M. Zubok, A failed Empire, p. 143. (The Cuban hurricane). En inglés, traducción mía. Las fuentes son documentos oficiales soviéticos editados por A. Fursenko, Praesidium TsK KPSS 1954-1964, ROSSPEN, Moskwa 2003. [Documento del Soviet Supremo 1954-1964]. (En ruso).

[77] Id., pp. 148.149. La fuente son las minutas de la conversación sostenida en Moscú el 30 de octubre de 1962 entre las delegaciones del Partido Comunista de Checoslovaquia y el de la Unión Soviética conservadas en el archivo del Comité Central del Partido en Praga (Kuba, caja 93). (Traducidas del checo al inglés para el libro de Zubok).

[78] N. 423, 8 de noviembre de 1962, pp. 9s. Este texto se encuentra dentro de un encabezado general: Cuestiones suscitadas en torno a la crisis cubana.

[79] Id., p. 10.

[80] ¡Manos fuera de casa!, id., p. 11.

[81] Un periodista en el Concilio. I etapa, Propaganda Popular Católica, Madrid (8) 1966, p. 21.

[82] Xavier Rynne, Letter from Vatican City, October 20, 1982.

[83] Escrito por Juan Bosca, “Señal” n. 412, 23 de agosto de 1962, pp. 7-9.

[84] A propósito del II Concilio Vaticano, Documentos de Señal, n. 18. Suplemento al n. 419, 11 de octubre de 1962, pp. I-IV.

[85] El Concilio Vaticano II y los errores modernos, Documentos de Señal, n. 19. Suplemento al n. 420, 18 de octubre de 1962.

[86] Christopher Dawson, Historia de la cultura cristiana, (Compilación, traducción e introducción de Heberto Verduzco Hernández), Fondo de Cultura Económica, México 1997.

[87] Gaudium et spes, n. 1.

[88] Id., n. 22.

[89] Un gran tema del Concilio: la liturgia, Documento de Señal, n. 23. Suplemento al n. 424 del 15 de noviembre de 1962.

[90] El significado del Concilio con respecto a la unión de los cristianos, Id., ib.

[91] Sobre las misiones especialmente en África, firmada el domingo de Pascua, 21 de abril de 1957.

[92] Id., ib.

[93] Variedad de opiniones sobre “las fuentes de la revelación”. El Concilio discute el movimiento ecuménico. Documento de Señal. Suplemento al n. 427, 6 de diciembre de 1962.

[94] Hay cinco periodistas rusos, ib.

[95] El Concilio aprobó el proyecto sobre la unidad con nuestros hermanos separados orientales. Documentos de Señal, n. 27. Suplemento al n. 428, 13 de diciembre de 1962.

[96] Un periodista en el Concilio, I, pp. 340. 343s

[97] Más de un millón de mexicanos rindieron testimonio de afirmación cristiana. Documento de Señal n. 28. Suplemento al n. 429, 20 de diciembre de 1962.

[98] N. 429, 20 de diciembre de 1962, p. 3.

[99] Universidad Autónoma de Nayarit, Tepic 2000.

[100] P. 655.

[101] La Iglesia desde el Concilio Vaticano II y Medellín. La Iglesia mexicana desde 1962, en: Historia general de la Iglesia en América Latina, V: México, CEHILA/ Sígueme/ Paulinas, México 1984, pp. 371s. Acerca de la UMAE, pp. 372-374.

[102] Los guardianes de las llaves, Universidad Iberoamericana/ Jus, México 1993, pp. 60s.

[103] Dialogues avec Paul VI, Fayard, Paris 1967, p. 258. (Dialogue sur le mystère du Concile). (En francés. Traducción mía.)

[104] El valor religioso del Concilio. Alocución durante la sesión pública con que se clausuró el Concilio Vaticano II. (Cito según: Concilio Vaticano II. Constituciones. Decretos. Declaraciones. Legislación posconciliar, BAC, Madrid (3) MCMLXVI, p. 1023.