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Uno de los fenómenos
más notables en la capital nayarita durante los últimos años y, más aún durante
los meses más recientes, es el de los cambios operados en sus vialidades. Ello,
no sólo por los cambios de sentido de la circulación y la prohibición de
estacionarse en determinadas calles, sino también por el aumento impresionante
del parque vehicular, el cual se une a la dificultad ―si no es que
imposibilidad― de ampliación de calles en el que ahora se denomina Centro
Histórico que desde hace 40 años o más no ha sido objeto de modificaciones de
fondo (salvo el cierre de las calles Amado Nervo, Lerdo y Veracruz en torno a la
Plaza Principal que pudo haber contribuido a agravar pero no a mejorar la
circulación en esa área de la ciudad).
En torno a este
fenómeno, pretendo hacer la reflexión de esta semana, comenzando con un punto de
vista sobre el aumento del parque vehicular y centrándola en el asunto de la
construcción de los nodos viales y el Plan Maestro de Vialidad 4 x 4.
Durante los diez
años que estuve viviendo fuera de esta ciudad capital, al visitarla dos o tres
veces por año, me llamaba poderosamente la atención su parque vehicular, el cual
―al menos desde mi percepción de visitante― parecía crecer sin hacerlo de una
manera exagerada y parecía conformado, fundamentalmente, por vehículos de
modelos no muy recientes y no muy costosos.
Esa percepción fue
cambiando, poco a poco, porque el aumento de vehículos se hacía cada vez mayor,
dificultando ―cada vez más― la circulación en ciertas áreas de la ciudad, en las
que suelen conocerse como las “horas pico” y en las que podrían considerarse
“temporadas pico”, como las vacaciones de Semana Santa y de Navidad. Asimismo,
empezaron a aparecer y multiplicarse los vehículos de modelo reciente y cierto
tipo de vehículos que, años atrás, hubiera sido impensable ver circular en Tepic
(Mercedes Benz, BMW, Audi, Hummers y similares). Por otro lado, aparecieron
nuevas empresas de Transporte Urbano y taxis de distintos colores y sabores.
Finalmente, llegaron más y más vehículos ―sobre todo camionetas― de las llamadas
“chocolate”. El porcentaje de alrededor de 1 vehículo automotor por cada 3
habitantes en la ciudad parece ser un dato duro significativo que bien puede
significar la imposibilidad de una solución eficiente, eficaz y definitiva del
problema vial.
Esos cambios parecen
haber sido posibles en la medida que el modelo de vida se fue modificando; que
se dio la apertura a la importación vehicular; que crecieron las facilidades de
crédito y, en los casos de los vehículos de lujo, en la medida que los flujos de
dinero ―legales e ilegales― no sólo llegaron a los bolsillos de las élites
nayaritas, sino que éstas les dieron ―entre otros― ese destino.
Ahora bien, en torno
al Plan Maestro de Vialidad 4 x 4, parece ser el primer esfuerzo integral
desplegado en muchos años con la finalidad de mejorar ―o al menos desempeorar―
el caos vial. No sé hasta qué punto el nodo en construcción y los que se
proyectan puedan contribuir a deshacer los nudos existentes y persistentes en
ciertas áreas y en ciertas horas. Todo parece indicar que algo se conseguirá,
aunque, como decía anteriormente, con las dimensiones del parque vehicular y con
el diseño urbano de nuestra ciudad capital, sobre todo en el Centro Histórico,
más vale no hacernos demasiadas ilusiones. Aunque se construyan dos tres, cuatro
o diez nodos, es casi seguro que seguirá habiendo problemas de vialidad en
ciertas áreas, a ciertas horas y en ciertas temporadas del año.
La afectación de
esos cambios de sentido de la circulación y de esas obras presentadas como de
acceso a la modernidad –en un entorno en que las ideas centrales son las de
posmodernidad y transmodernidad― en ciertos sectores de la sociedad nayarita,
son indudables. De ahí el levantamiento de ciertas voces de protesta,
especialmente de comerciantes que, poco a poco, se redujeron al silencio. Las
quejas de taxistas, choferes de servicio público, padres y madres de familia
parecen ir principalmente, en el sentido de las incomodidades que causan las
obras en construcción.
Creo que cabe
otorgar el beneficio de la duda a las autoridades comprometidas en este Plan.
Esperemos a cambio, que las obras sean útiles, que se construyan a ciencia y
conciencia y no sea necesario buscar, más tarde, medidas remediales como los de
la Caseta de El Pichón o como las tomadas en el Libramiento Carretero que si
requiere que la velocidad sea de 60 Kph para ofrecer seguridad, significa que no
se construyó de manera que pudiera ser una vía rápida y segura.
Que el panorama
urbano se va a modificar, es indudable… ¿Mejorará? ¡Con el tiempo tendremos la
respuesta!
Finalmente, una
palabra sobre el que tal vez sea, paradójicamente, el grupo más vulnerado con
estos cambios, la contraparte del parque vehicular: los peatones.
Los mexicanos en
general y los tepicenses en particular, nunca nos hemos caracterizado por ser
vialmente educados. Atravesamos donde y cuando queremos; caminamos por media
calle; nos metemos entre los vehículos que esperan que se ponga la luz verde y,
por supuesto, nunca utilizamos los puentes peatonales. (Las consecuencias, sobre
todo de esta última práctica, los tenemos ante la vista).
Sin embargo, los
peatones carecen, de facto, del reconocimiento del derecho elemental de
atravesar las calles con seguridad, sin arriesgar ―literalmente― la vida o
depender de la magnanimidad de los y las choferes que le conceden la oportunidad
de terminar de atravesar sin echarle encima el vehículo.
Hasta donde he
experimentado, el atravesar ciertos cruceros ―como el de México e Insurgentes
donde se construye ahora el primer Nodo― depende, exclusivamente de la sagacidad
y la pericia del peatón que tiene que diseñar en su interior un Plan Maestro
para lograr, en cuanto sea posible, su cometido.
Todo ello, a pesar
que en el Reglamento de Tránsito y Vialidad del Municipio de Tepic, Nayarit,
están contemplados esos derechos: “los peatones […] gozarán del derecho de paso
preferencial en todas las intersecciones y en las zonas con señalamientos para
este efecto, y en aquellas en que su tránsito y las de los vehículos estén
controlados por algún agente de tránsito, cuando exista un dispositivo vial.”
(Artículo 4º); “En los cruceros
o zonas marcadas para el paso de peatones, donde no haya semáforos ni agentes de
tránsito que regulen la circulación, los conductores harán alto para ceder el
paso a los peatones que se encuentren en el arroyo, en vías de doble
circulación, donde no haya refugio central para peatones, también deberán ceder
el paso a aquellos que se aproximen provenientes de la parte de la superficie de
rodamiento correspondiente al sentido opuesto”. (Artículo 8º). Pobres peatones,
porque una vez más hay mucho trecho entre el dicho y el hecho, entre la ley y
los hechos. Definitivamente, dal dire al fare, c’è di mezzo il mare! |