Autoridades Mexicanas

 

En el diagrama de configuración de la experiencia desde el punto de vista educativo,[1] aparece un elemento semejante al que acabamos de analizar, bajo la denominación autoridades educativas mexicanas y si el elemento autoridades educativas norteamericana en algunos casos se separa en dos, el elemento de las autoridades educativas mexicanas siempre implicó a diversas autoridades con diversas funciones unas más cercanas y otras más lejanas del núcleo estrictamente educativo. 

Partiendo del diagrama de la configuración de la experiencia desde el punto de vista político,[2] se puede percibir que el elemento autoridades educativas mexicanas se transforma en cuatro instancias: el Instituto Latinoamericano de la Comunicación, Educativa, ILCE; la Unidad de Televisión Educativa, UTE; la Unidad de Telesecundaria, UTS y, como elemento aparte, la Dirección General del ILCE.

 Si aparecen así en el diagrama de la configuración desde el punto de vista político quiere decir que, desde el punto de vista político es significativo hacer esas distinciones. Pero, si estamos en el análisis desde el punto de vista educativo, habrá que ver si esas distinciones son necesarias aquí también y tal como aparecen ahí.

 Que es necesario hacer distinciones a partir del elemento genérico autoridades educativas mexicanas es indudable ya que en el desarrollo de la experiencia fueron varias las autoridades que intervinieron en el proceso y de diferentes maneras. 

La intervención de la Unidad de Televisión Educativa, después convertida en Dirección General de Televisión Educativa, ha quedado clara desde la presentación de la experiencia y más claro aún al hablar de los materiales audiovisuales de Telesecundaria. Su papel, desde el punto de vista educativo estuvo relacionado con la copia de materiales audiovisuales para algunas de las primeras experiencias (Sweetwater, California y Gadsden, Nuevo México), la reproducción de materiales audiovisuales promocionales y el préstamos de los master de Telesecundaria para producir, en el ILCE, los submasters necesarios para el ulterior multicopiado. Para futuras experiencias, se dijo también que puede tener un rol importante con su proyecto del video bajo demanda a través de internet y con la producción en DVD de la programación de la Telesecundaria para el Consejo Nacional de Fomento Educativo.

 Su función, aunque sin duda implica decisiones políticas de colaborar en un proyecto que no es propio arriesgando parte de sus acervos y realizando acciones para ese proyecto ajeno con cargo a sus finanzas, tiene connotaciones educativas importantes ya que contribuyó al proceso de promoción y difusión e hizo aportes importantes para el desarrollo de las experiencias pioneras. A medida que avanzó la experiencia y el ILCE asumió un rol más importante desde el punto de vista de la provisión de materiales audiovisuales de promoción y de los programas de Telesecundaria, su función en la experiencia, prácticamente desapareció.

 En ese sentido, fue sin duda mayor la relevancia del papel desempeñado por la Unidad de Telesecundaria. En primer lugar era, de hecho, la administradora del modelo y los materiales centrales de la experiencia. Tal vez de ahí el que, en algún momento, haya pretendido asumir la experiencia en su conjunto desde una oficina de asuntos internacionales. Sin embargo, puesto que al iniciarse la experiencia dependía, al menos de hecho, de la Coordinación General, sus acciones estuvieron, de alguna manera, subordinadas a las directrices de ésta. Ejerció, durante los primeros años (antes de la salida del Director General que fue seguida por un período de transición más o menos prolongada) un rol importante en las acciones de promoción y difusión a través, precisamente de su Director General. Se encargó de la operación de los cursos de capacitación para los maestros que habrían de participar en la experiencia, de proveer la mayoría de los materiales impresos que se requirieron asumiendo los costos de los recursos materiales y humanos invertidos, así como, en unión con la Unidad de Televisión Educativa, de los riesgos de posibilitar la producción de los submasters de sus programas audiovisuales.

 Se puede decir que aunque esas acciones suponen una decisión política desde el más alto nivel, desde el punto de vista educativo, la función de la Unidad de Telesecundaria fue, muy probablemente, la más importante para el desarrollo de la experiencia al grado que sin sus acciones no se hubiera podido lograr y en la medida que sus cambios internos, a partir de la salida del Director General hasta su reducción a un área de la Dirección General de Métodos y Materiales pasando por su transformación en Coordinación General de Telesecundaria (período en que buscó, como se acaba de decir, asumir la experiencia en su conjunto), la afectaron en mayor o menor medida muy especialmente en los aspectos de la capacitación. Las funciones que no desempeñó y que parecen haberle correspondido irían en la línea de la alineación y la reorganización de los materiales de acuerdo a los estándares norteamericanos y en la línea de la asesoría y acompañamiento en el diseño y desarrollo de los proyectos educativos.

 Para la instrumentación de experiencias semejantes en el futuro, se puede decir que es indispensable que exista una instancia, cualquiera que ella sea, que desempeñe las funciones que en ésta desempeñó y podría haber desempeñado la Unidad de Telesecundaria ya que está en estrecha relación con el núcleo de la experiencia misma a través de la capacitación, de los materiales y de la elaboración, operación y evaluación de proyectos. Es más, se podría decir que la instancia o el área que asumiera estas funciones sería la más fundamental.

 En cuanto al ILCE, si bien pareció necesario desde el punto de vista político distinguir entre la Dirección General y el ILCE y hasta en el ILCE 2, desde el punto de vista educativo no parece necesaria esta distinción, por lo que, de una buena vez de puede contestar la interrogante inicial diciendo que las distinciones hechas en el diagrama de la experiencia desde la perspectiva política en el elemento de las autoridades educativas mexicanas son necesarias aquí, pero no exactamente de la misma manera. 

La función del ILCE en el desarrollo de la experiencia fue particularmente relevante desde el punto de vista de la producción, reproducción y distribución de materiales, así como en el campo de la promoción implicando varias instancias internas del Instituto, especialmente el área editorial y la de distribución en ocasiones suponiendo inversiones importantes como en el pago de los espacios de exhibición en los eventos de educación bilingüe y migrante, la producción de los tantas veces mencionados submasters, del disco compacto con los materiales impresos digitalizados de los cursos de verano, el multicopiado de los audiovisuales de la Telesecundaria de Verano, la donación de videotecas para autoridades norteamericanas y representaciones mexicanas en el vecino país. Incluso, como se señaló en su momento, el ILCE asumió los gastos de los asistentes a los eventos migrantes y bilingües cuando se complicaron las cosas, desde el punto de vista financiero, en la Coordinación General. Otra función desempeñada por el ILCE fue la de elaborar, revisar y, en su momento signar los convenios de cooperación. Se puede decir, pues, que la función del ILCE en el desarrollo de la experiencia fue muy importante desde el punto de vista legal, operativo y, tal vez más aún, desde el punto de vista financiero. Por supuesto que, nuevamente, estos apoyos sólo fueron posibles por una decisión política desde la Dirección General.

 También en este punto, se puede concluir que para experiencias semejantes, se requiere contar con alguna instancia que cuente con la capacidad de operación, la agilidad legal y la solvencia financiera que tuvo el ILCE en la experiencia que nos ocupa. 

La Coordinación General es el otro elemento que, aunque no forma parte, estrictamente, del elemento autoridades educativas mexicanas, ha de ser tomado en cuenta en este análisis ya que jugó un rol importante en su realización desde el punto de vista educativo.

 Como se puede apreciar en el diagrama del aspecto educativo[3], la Coordinación General está en relación con los capacitadores-asesores, con los promotores-difusores, con las autoridades norteamericanas y con las autoridades mexicanas y, en el diagrama político,[4] está en relación, prácticamente, con todas la instancias. Ahora, habrá que detallar, a partir de esos diagramas, nuestro análisis.

 En primer lugar, la Coordinación General fue la instancia que elaboró el programa en general a partir de un diagnóstico de la situación y proponiéndose ciertos objetivos y metas. En seguida, es la instancia que llevó a cabo las acciones de promoción y difusión con las autoridades más cercanas a los procesos educativos y las acciones de cabildeo con las autoridades de más alto nivel; la instancia, también, que gestionó y dio seguimiento a los cursos de capacitación, la dotación de materiales impresos y audiovisuales, la producción y multicopiado de otros materiales, los procesos de firma de convenios, muy especialmente a través de las relaciones con las autoridades de las distintas instancias implicadas antes mencionadas. En otro momento, la Coordinación General asumió la función de alineación, reorganización y reedición de materiales, papel que, pudiera parecerle ajeno como también tal vez lo pudiera ser el de llevar a cabo la promoción y difusión. Posiblemente, hubiera sido más adecuado que la coordinación general se limitara a los cabildeos con las autoridades mexicanas y norteamericanas y de gestión y que las funciones de alineación, reedición, promoción y difusión hubieran quedado en otras instancias o en algún área de la Coordinación General. Sin embargo, esas fueron las funciones que, de hecho desempeñó durante el desarrollo de la experiencia y es preciso señalarlas en este análisis.

 Este elemento de las autoridades educativas mexicanas ha mostrado, a partir del análisis realizado, una complejidad que sólo teniendo presente el diagrama del aspecto educativo no aparecía con claridad, sino sólo al complementarlo con el diagrama del aspecto político porque es quizá el elemento más ambivalente de todos en el sentido que implica decisiones políticas importantes estrechamente ligadas al proceso educativo.

 Ahora bien, a la luz del análisis, parece posible ir mas allá de la detección de las funciones que desempeñaron las diversas instancias educativas mexicanas en el desarrollo de la experiencia y buscar desentrañar cuáles son los componentes que se requirieron y que se podrían requerir para experiencias semejantes, independientemente de los componentes que entraron en juego en la experiencia analizada.

 En ese sentido, parecen detectarse tres componentes muy precisos: uno que tuvo que ver con el núcleo del proceso educativo, es decir, con los materiales, los proyectos educativos, la capacitación, la promoción y difusión, cuya responsabilidad recayó en la Unidad de Telesecundaria y, en menor medida, en la Coordinación General y en la Unidad de Televisión Educativa; otro que tuvo que ver con el cabildeo con las autoridades norteamericanas y con todas las gestiones relacionadas con la experiencia y que fue llevada a cabo por la Coordinación General y, en menor medida por la Unidad de Telesecundaria y el ILCE y la tercera que tuvo que ver con los procesos de producción y distribución y que recayó totalmente en el ILCE. 

Si quitamos a esta configuración las instancias concretas que intervinieron, queda un elemento tripartita con una parte que pudiera denominarse académica, otra que se pudiera llamar de relaciones, gestión y seguimiento y otra técnico operativa. De ahí que se pueda sostener, fundadamente, que en la experiencia de la Telesecundaria en los Estados Unidos estuvieron operando, no siempre de la manera más adecuada ni con funciones bien delimitadas, tres componentes que parecen requerirse para experiencias semejantes. Sobra decir que esos componentes no sólo pudieran sino que, probablemente, debieran ser áreas de una misma instancia lo que podría no sólo simplificar las acciones, que no sería poca cosa, sino también optimizar las acciones desplegadas sin todas las complicaciones que, de hecho, surgieron durante el desarrollo de la experiencia, de carácter interinstitucional, tal como se realizó.

 Sólo resta por analizar, de los trece elementos que configuran la experiencia desde el punto de vista educativo, el elemento de los convenios que ya se ha abordado indirectamente en varios momentos.


 

[1] Cfr. Anexo Análisis Educativo, Diagrama 1.

[2] Cfr. Anexo Análisis Educativo, Diagrama 2

[3] Cfr. Anexo Análisis Educativo, Diagrama 1.

[4] Cfr. Anexo Análisis Educativo, Diagrama 2.